¿Dónde están los maestros?
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La enseñanza es un noble arte que, si lo trasladamos al ámbito de la política en el mundo, encontramos una carencia de maestros que guíen los destinos de los ciudadanos en las naciones.
Hace un par de días se celebró en nuestro país el Día del Maestro, la noble profesión, cuyo cometido para quienes se dedican a ella es cultivar a los demás.
Cada uno de nosotros tiene en su memoria el recuerdo de algún profesor que le dejó huella por sus enseñanzas, y es admirable cuando escuchamos o vemos que a algún docente se le reconocen sus 30, 40 o 50 años de labor, toda una vida dedicada a dejar un legado a sus discípulos.
Así, la enseñanza es un noble arte que, si lo trasladamos al ámbito de la política en el mundo, encontramos una carencia de maestros que guíen los destinos de los ciudadanos en las naciones.
Hoy, los supuestos educadores se ubican del lado de la tecnología, y se les considera a aquellos que construyen drones, cohetes y misiles parte de la industria bélica, diseñada para destruir y eliminar al prójimo.
Pero en otro lado, encontramos a aquellos gurús que conviene recordar; así se denomina a los maestros en materia religiosa, espiritual, intelectual o filosófica que, salvo algunas excepciones, orientan a sus discípulos –y al público en general– en el camino de la liberación o del despertar.
Esta enseñanza tiene hoy plena vigencia, dada la situación en el mundo que pelea por razones de raza, credo, color, clase e ideología política, alejándonos de los postulados de la fraternidad y unidad del orbe, práctica que, lejos de buscar un mundo mejor, impregna odio y egoísmo.
La historia siempre es una buena consejera del legado que tenemos de quienes nos enseñan. En tiempos de Alejandro Magno destacó uno de sus mentores o gurús, Aristóteles, uno de los filósofos más reconocidos durante milenios. Hoy ya no encontramos a ninguno de este tamaño, y esto no se explica de manera simple, solamente porque los tiempos ya cambiaron; no, el bien común, mediante la enseñanza y la acción, siempre es necesario.
Podemos decir que la carencia de maestros se traduce, por tanto, en la falta de estudiantes o de una audiencia a la cual darle formación. Así que, en la línea de trabajo individual de transformación, llegamos a una regla básica que nos recuerda la frase de la escritora Etty Hillesum: “No creo que podamos corregir nada en el mundo exterior que no hayamos corregido previamente en nosotros mismos”.
Ese cambio está a nuestro alcance y no debemos esperar a que alguien lo realice por nosotros; cada uno es responsable de ello, y por pequeña que sea nuestra aportación, significará un cambio positivo ante las injusticias de este mundo. Vale la pena reflexionar: somos culpables, unos más que otros.
Hay mucho de dónde partir. Cierro este texto con tres frases para generar tu reflexión. La primera, del académico alemán Otto Scharmer: “Vivimos en una época de fracaso institucional donde se crean colectivamente resultados que nadie desea (violencia, pobreza, cambio climático, epidemias)”.
La segunda, del profesor emérito de medicina de la Universidad de Massachusetts, Jon Kabat-Zinn, quien nos ilustra: “Esta época requiere el desarrollo de una nueva conciencia, de una forma nueva de liderazgo colectivo, de una capacidad que nos permita abordar los distintos desafíos de manera mucho más consciente, deliberada y estratégica”.
Y para terminar, una de tantas frases del activista libertario, Martin Luther King: “Debemos aprender a vivir como hermanos, si no moriremos todos juntos como idiotas”.
Abogado y activista, maestro en Ciencias Penales