El maestro: una figura que se ha devaluado
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El profesor, otrora un pilar reconocido y respetado de la comunidad, ha pasado a ser una figura cuyo valor se ha devaluado fuertemente. Todos hemos perdido con ello
“Mejor que mil días de estudio diligente es un día con un gran maestro”, plantea con tino un viejo proverbio japonés. El aforismo, al igual que muchos otros acuñados en todas las culturas, constituye un acto de reconocimiento al valor de la tarea realizada por los profesores sabios.
Frases como la anterior se han pronunciado en abundancia a lo largo de la historia y, en nuestro país, tuvieron un significado profundo hasta hace muy poco tiempo, cuando la figura del profesor constituía una referencia que imponía respeto y obligaba al reconocimiento.
Esa época, para desgracia colectiva, ha quedado en el pasado. Hoy, de espaldas a cualquier realidad deseable, el oficio de enseñar se ha convertido en una tarea con una importante carga de estrés debido a la transformación de la sociedad en una en la cual los valores clásicos –como el respeto y la responsabilidad– se han diluido fuertemente.
Lejos del reconocimiento –e incluso de la veneración– del pasado, los profesores mexicanos de nuestros días son objeto de múltiples actos de violencia –incluida la física– por parte de sus alumnos, así como de los padres de familia. El resultado de ello es un gremio en el cual una porción importante de quienes lo integran dicen padecer desgaste emocional.
Los datos contenidos en el reporte que publicamos en esta edición no dejan lugar a dudas: 40 por ciento de los docentes de Coahuila ha enfrentado algún tipo de violencia; 109 profesores recibieron atención psicológica durante 2025; alrededor de un tercio de las escuelas secundarias, adscritas a la Sección 38 del SNTE, operan con su dirección acéfala, pues nadie quiere asumir el cargo por temor a enfrentar a los padres de familia...
Además de las cifras anteriores, debe destacarse el hecho de que, en los últimos años, se han registrado al menos cuatro casos graves de agresiones físicas en contra de docentes en diferentes escuelas del estado. Tres de esos casos implicaron que las víctimas terminaran en el hospital.
¿Por qué ha cambiado a tal grado la realidad del docente en nuestro país? La respuesta a la pregunta no es sencilla, pues implica tener en cuenta múltiples factores relacionados con la evolución de nuestra sociedad: desde el número de hijos promedio por pareja hasta la práctica desaparición de los mecanismos de disciplina, orden y responsabilidad que caracterizaron largamente la crianza de los hijos en las familias mexicanas.
Por ello mismo, no es posible ofrecer una respuesta sencilla para contener y revertir la situación, que sólo amenaza con deteriorarse cada día más. Un punto de partida deseable parece, sin embargo, el expresar en voz alta que la situación actual nos resulte preocupante.
Porque si no consideramos que la devaluación de la figura del profesor, como elemento central del proceso educativo, constituye un problema que es preciso atender, entonces lo que ocurrirá es que la realidad actual seguirá empeorando hasta que el sistema educativo termine por colapsar. Se trata de una realidad que nadie puede desear.