El acceso a la educación superior en México: otra mirada
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En el país en su conjunto, casi la mitad de los solicitantes no halló el lugar buscado
En memoria de Roberto Rodríguez Gómez-Guerra, colega y maestro al que echaremos mucho en falta
Si ampliamos el nivel en que analizamos los procesos sociales en el país, podremos dejar el centralismo añejo que, a veces, confunde a la Ciudad de México con la república, y a lo que sucede en la UNAM como equivalente a lo que ocurre entre la oferta de espacios para ingresar a la educación superior (ES) y la demanda en México.
Hace años es noticia “de ocho columnas” cuántos aspirantes a estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de México ingresan, y a cuánto asciende el número de los que no lo consiguen. En general, de cada 100 que lo solicitan, obtienen un espacio sólo 10 u 11.
¿Qué ocurre si consideramos a las 32 entidades federativas? Veamos: en el ciclo escolar 2024-2025, el anuario estadístico de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) reporta que en nuestra nación la matrícula total en licenciatura y posgrado fue de 5 millones 520 mil personas en números redondos, equivalente a 45 por ciento del grupo de edad que se toma como referencia, y en la que el 54 por ciento son mujeres.
En ese año escolar, los solicitantes de nuevo ingreso sumaron 2 millones 665 mil, afirma la fuente consultada, pero hay que tener cuidado: más que solicitantes, son solicitudes, dado que en no pocos casos se hace el intento de ingresar a varias instituciones. No podemos calcular su magnitud, de tal manera que, para este ejercicio inicial, trabajaré con esa cifra como cantidad aproximada de aspirantes. El nuevo ingreso reportado fue de un millón 476 mil, aunque los lugares ofrecidos por las Instituciones de Educación Superior (IES) de todo tipo (públicas y particulares) fue de un millón 933 mil.
Dos relaciones son importantes: comparando solicitantes con el nuevo ingreso, sólo el 55 por ciento obtuvo un lugar. Y la diferencia entre los espacios ofrecidos y el nuevo ingreso significa que 457 mil oportunidades quedaron vacías. En otras palabras, 45 por ciento de quienes buscaron ingresar a alguna IES de su preferencia no lo consiguieron, y 25 de cada 100 oportunidades quedaron vacantes.
Sin lo agudo del problema de desajuste entre oferta y demanda de la UNAM, no es menor que cerca de la mitad de los aspirantes no hayan conseguido ingresar a la institución y programa de estudios que buscaban, ni es trivial que cerca de medio millón de oportunidades no se ocuparan.
Sólo para avanzar un poco más en el estudio de este tema, acerquémonos a la diversidad. El conjunto de IES particulares (más de 3 mil) abrió 915 mil oportunidades, y las solicitudes de ingreso a ellas fueron de 835 mil: más oferta que demanda. Las Universidades Públicas Estatales (35) contaban con 362 mil espacios, y la demanda que tuvieron fue de 645 mil solicitudes: más demanda –283 mil– que oferta. Las Públicas Federales (7) abrieron 127 mil lugares, y aspiraron a entrar 540 mil jóvenes: nada más cabía el 24 por ciento. El Tecnológico Nacional de México (266 IES públicas lo componen) tenía un cupo de 189 mil “pupitres”, y recibió 192 mil solicitudes: más cerca del equilibrio.
A nivel nacional, y por agregados institucionales, vemos un panorama complejo. Cada entidad merece un estudio específico. Pero a manera de cierre puede señalarse que, en el país en su conjunto, casi la mitad de los solicitantes no halló el lugar buscado, y esto varía: las universidades autónomas estatales contaban con espacio para 56 por ciento de su demanda, y las instituciones federales casi una cuarta parte (24 por ciento).
La escala de observación hace al fenómeno, dicen los sabios. Llevan razón: hay que mirar con más amplitud –ver al país y a los diferentes tipos de IES– y también, con detalle, observar a cada entidad y sus opciones.