El ambiguo legado de Jerome Powell
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Los datos sugieren que Powell iba a dejar a la Fed con una inflación que además de superar el objetivo por sexto año consecutivo también sería cada vez más estructural y persistente
Por Mohamed A. El-Erian, Project Syndicate.
NUEVA YORK- Puede que sea uno de los giros más espectaculares en la muy discutida historia de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Cuando el 15 de mayo Jerome Powell concluya sus dos períodos consecutivos al frente de la Fed, tal vez su legado reflejará una ironía sorprendente: lo habrá afianzado el hombre que más hizo por destruirlo.
La historia suele escribirse a la sombra del conflicto, y el liderazgo de Powell en la Fed no es excepción. El recuento más probable de su paso por la Fed no hablará de múltiples fracasos, sino de la resiliencia política. En vez de detenerse en una larga lista de traspiés (errores de formulación de política importantes, largos períodos de inflación por encima de la meta, falencias de comunicación y de cumplimiento normativo, fallos de supervisión y de otro tipo), los comentaristas e historiadores recordarán a Powell como el presidente del banco central que se convirtió en baluarte contra ataques inéditos a su independencia.
Armado con un contundente consenso histórico respecto de que la independencia del banco central es requisito del bienestar económico duradero, Powell hizo esfuerzos extraordinarios para proteger a la Fed contra abusos del poder ejecutivo. Durante su primer mandato (y más aún en el segundo), tuvo que recorrer un campo minado de presiones políticas. Además de invectivas públicas y un intento de humillación televisada, la muy variada campaña en su contra hasta incluyó una investigación del Departamento de Justicia.
El momento que definió la presidencia de Powell en la Fed fue cuando decidió “pasar al ataque”. En enero de 2026, abandonando la tradicional diplomacia discreta de la institución, publicó un video impactante con un mensaje tan estudiado como inequívoco. En un hecho inédito y antes incluso impensable, acusó sin rodeos al presidente de los Estados Unidos de querer ejercer una influencia indebida en la fijación de los tipos de interés.
De no ser por esta arriesgada defensa de la institución, es indudable que el historial de Powell habría merecido una evaluación más severa. En términos estrictamente económicos, su mandato estuvo signado por una serie de fallos significativos. Por ejemplo, las estadísticas estadounidenses ya mostraban un panorama inflacionario preocupante incluso antes de que el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán generara una perturbación exógena con la cual explicar las presiones sobre los precios.
Basta pensar en el informe de enero de 2026 sobre el índice de precios para gasto en consumo personal (PCE), el indicador de inflación preferido de la Fed. La inflación básica mensual (sin la volatilidad de precios de los alimentos y la energía) mostraba signos de ascenso, desmintiendo la idea de que el banco central ya estaba cerca de alcanzar la meta de inflación del 2 %. La inflación básica anual seguía anclada en torno al 3 %, muy por encima de la meta; la parte correspondiente a los bienes mostraba señales de alerta (indicio de nuevas distorsiones en el comercio internacional o las cadenas de suministro), y el sector de servicios seguía sin control. Luego las cifras de inflación mostraron un deterioro notable en marzo, cuando el PCE mensual se disparó al 0,7 %, al propagarse por la economía mundial las repercusiones de la guerra con Irán.
Los datos sugieren que Powell iba a dejar a la Fed con una inflación que además de superar el objetivo por sexto año consecutivo también sería cada vez más estructural y persistente. Incluso sin la reciente volatilidad geopolítica, la economía estadounidense iba en dirección a varios años de inflación por encima de la meta.
Pero además de la inflación que no baja, otros errores también echan sombras sobre la era de Powell. El primero fue un error de cálculo relacionado, cuando la Fed consideró que la inflación pospandemia era «transitoria», con lo que el crecimiento de los precios se disparó hasta el 9.1 % y dio un duro golpe a los presupuestos de los hogares estadounidenses, en particular los más pobres. El efecto todavía perdura en gran medida y alimenta una preocupante crisis de poder adquisitivo.
Luego están los fallos de supervisión bancaria, que permitieron la espectacular quiebra del Silicon Valley Bank (al que se sumaron poco después el Signature Bank y el First Republic) y la ampliación universal de facto del seguro federal de depósitos. La Fed de Powell también falló en comunicación; muchas veces el mismo Powell generó volatilidad en los mercados enviando señales confusas o contradictorias en las periódicas ruedas de prensa.
Finalmente hay que hablar de las señales de tensión interna o falta de conformidad con los valores de la institución, por las renuncias de varios miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) acusados de irregularidades financieras. Y del hecho de que la Fed no haya logrado definir un nuevo marco de política orientativo. La reforma de 2025 al marco de política monetaria sigue incompleta, tras un intento anterior (2020) que estaba condenado al fracaso desde el inicio, por centrarse en problemas de la década anterior. En un plano más general, la Fed de Powell se ha mostrado una y otra vez incapaz de trascender los acotados límites de sus modelos rígidos para incorporar una comprensión más holística de los cambios estructurales globales.
Sin embargo, es probable que todo esto quede relegado a segundo plano en los libros de historia, gracias a la firme defensa que hizo Powell de la independencia de la Fed. Es un rasgo definitorio de su legado, que será reforzado por su decisión final de oponerse a la tradición y seguir en la Fed como gobernador al concluir su mandato como presidente. Al explicar esta medida en su última rueda de prensa, Powell manifestó preocupación por la posibilidad de que la Fed siga bajo ataque, con un poder ejecutivo lanzado a maniobras legales “sin precedentes en nuestros 113 años de historia». En última instancia, “las cosas que pasaron estos últimos tres meses”, sostuvo, “no me dejan alternativa”.
Pero su decisión está siendo muy divisiva. Para algunos es un acto heroico: un compromiso con aportar “firmeza” a la junta de gobernadores y asegurar que las defensas institucionales de la Fed sigan intactas. Otros lo ven como una estrategia de interés propio con la que Powell busca tener control sobre su exposición legal y sobre la narrativa general. Algunos lo consideran una falta de respeto a su sucesor y a sus colegas en el FOMC, y otros temen que la medida provoque más ataques contra una institución ya debilitada.
Quedándose en la institución al terminar su presidencia, Powell podrá mantener el foco puesto en su papel de «defensor de la Fed». Pero eso también implica que podrá pasar a segundo plano críticas sustanciales a las políticas de la Fed, que en otras circunstancias habrían definido un legado ambiguo. Y eso se lo tiene que agradecer a su principal crítico. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Traducción: Esteban Flamini.
Mohamed A. El-Erian, ex rector del Queens’ College en la Universidad de Cambridge, es profesor de práctica en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, donde también es senior global fellow del Instituto Lauder. Es asesor económico principal en Allianz, presidente de Gramercy Funds, autor de The Only Game in Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse (Random House, 2016) y coautor (con Gordon Brown, Michael Spence y Reid Lidow) de Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World (Simon & Schuster, 2023).