El camino económico hacia la justicia climática
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Es común usar el concepto de “transición justa” como argumento moral y emocional a favor de la descarbonización. Pero lo más importante es fomentar un cambio sistémico
Por Saliem Fakir, Project Syndicate.
CIUDAD DEL CABO- Con el avance del mundo hacia la descarbonización, el concepto de “transición justa” se ha vuelto omnipresente, sobre todo al describir el abandono de los combustibles fósiles en las economías emergentes y en desarrollo. Se considera que las metas de emisión en los niveles mundial y nacional son los motores principales de la transición energética; y las políticas climáticas elaboradas para alcanzarlas deben hallar un equilibrio entre los objetivos ambientales y los sociales.
Pero la descarbonización no siempre es resultado de los planes de reducción de emisiones. De hecho, el abaratamiento continuo de las energías renovables está llevando a muchos países emergentes y en desarrollo a considerar la eliminación gradual de los combustibles fósiles como una cuestión de supervivencia económica y seguridad energética.
Por ejemplo, en enero de 2024, Etiopía prohibió con efecto inmediato la importación de vehículos con motor de gasolina y diésel. Lo llamativo de la medida es que no se planteó como un compromiso con la política climática, sino como un modo de reducir el gasto en importación de combustibles fósiles (más de 5 mil millones de dólares al año), que consumía una enorme parte de las escasas reservas de divisas del país.
Como Etiopía está construyendo la presa hidroeléctrica más grande de África, no tenía mucho sentido económico seguir dependiendo de costosos combustibles importados para mantener el sistema de transporte. El vacío creado en el mercado por la prohibición se llenó enseguida con vehículos eléctricos (VE) chinos, y ahora las calles de Adís Abeba están repletas de autos BYD. Las exenciones impositivas y de derechos de importación para los VE, junto con el encarecimiento de los vehículos usados con motor de combustión interna, aceleraron este cambio de conducta de los consumidores. La Gran Presa del Renacimiento Etíope, que tuvo su inauguración oficial en septiembre de 2025, produce suficiente excedente de energía hidroeléctrica para mantener andando los VE con poco costo.
Cabe destacar que esta descarbonización acelerada no surgió de un marco formal de reducción de emisiones, sino de consideraciones económicas y de seguridad energética. También en Pakistán parece estar dándose una pauta similar. La rápida adopción allí de la energía solar se debió a factores que crearon una oportunidad de cambio disruptivo, no al activismo ecologista ni a un plan climático nacional.
En 2022, una gran inundación dejó más o menos un tercio del país bajo el agua y provocó más de 30 000 millones de dólares en daños económicos; esto generó presión sobre los presupuestos gubernamentales, redujo los ingresos de los hogares y restó capacidad al Estado para gestionar los servicios públicos. Al aumentar los costos energéticos, había una clara necesidad de hallar una alternativa a la generación de electricidad a partir del diésel.
Al mismo tiempo, China tenía un excedente de producción de paneles solares, y Estados Unidos había restringido su importación. Fue así que Pakistán aprovechó la oportunidad de comprar paneles chinos con descuento para acelerar la adopción de las energías renovables. Entre diciembre de 2021 y diciembre de 2025, el porcentaje de generación solar en Pakistán se quintuplicó. En cuanto país que se sumó al proceso tarde y enfrentaba desafíos exclusivos en materia de seguridad energética, la reducción de costos generada por la dinámica del comercio internacional benefició a Pakistán.
En Sudáfrica, la liberalización del mercado de la energía, los cortes de suministro (apagones programados) y el aumento de las tarifas eléctricas llevaron a que en un año la capacidad de generación con paneles solares de techo aumentara un 349 %. Aunque Sudáfrica lleva décadas reduciendo las emisiones, lo que en última instancia generalizó la descarbonización fue una crisis de costo de vida.
El abandono de los combustibles fósiles en estos países se debe en gran medida a un aumento de presiones económicas y energéticas, más que al mero énfasis en la reducción de emisiones. Pero la cuestión de la justicia no desaparece. El alto costo inicial de instalar un panel de techo lleva a que los hogares de bajos ingresos representen una pequeña parte de los más o menos 8 gigavatios generados con esos paneles en Sudáfrica. Más allá del impulso dado por la crisis a la descarbonización, todavía hay que trabajar en mejorar la asequibilidad de los equipos y garantizar que todos los sectores socioeconómicos puedan participar en la transición energética.
Es común usar el concepto de “transición justa” como argumento moral y emocional a favor de la descarbonización. Pero lo más importante es fomentar un cambio sistémico. Comprender que la adopción de la energía solar en Sudáfrica y Pakistán o de los VE en Etiopía obedeció a factores estructurales y económicos tal vez ayude a los gobiernos a crear sistemas y herramientas mejorados.
Esto también tiene implicaciones directas para la asignación de recursos por parte de entidades filantrópicas y gobiernos. Canalizar fondos hacia la capacidad de las redes eléctricas, la infraestructura de almacenamiento y la provisión de mecanismos de financiación asequibles puede producir resultados más duraderos que financiar programas educativos y de comunicación sobre el clima. Invertir en iniciativas tendientes a mejorar la vida de las personas (desde reducir las tarifas de energía hasta universalizar el acceso a electricidad) puede ser el modo más eficaz de acelerar la descarbonización y cambiar las actitudes de la gente.
Por supuesto que para evitar el sobrecalentamiento planetario es necesario reducir las emisiones. Para lograrlo hay que poner el acento en ampliar el acceso a la energía y garantizar su asequibilidad. Eso implica reconocer las presiones externas que pueden acelerar la descarbonización en las economías emergentes y en desarrollo y darles una respuesta adecuada. Etiopía, Pakistán y Sudáfrica son prueba de que los factores económicos pueden ofrecer mejores puntos de partida para extender las soluciones verdes y catalizar cambios sistémicos que los planes de transición dirigistas basados en argumentos éticos. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Saliem Fakir es fundador y director ejecutivo de la Fundación Africana para el Clima.