El Fusil Creativo
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Lee una nota ajena, le cambia dos adjetivos, mueve un párrafo, ajusta el orden... y la publica como si hubiera nacido de su genio
Y cómo dejar pasar una oportunidad así.
Sabor a Mandrake le dedica este suculento terrón de azúcar a nuestro goloso copiador profesional.
En el ecosistema digital existe una especie peculiar.
No crea.
No investiga.
No arriesga.
Fusila.
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Lee una nota ajena, le cambia dos adjetivos, mueve un párrafo, ajusta el orden... y la publica como si hubiera nacido de su genio.
No cita.
No referencia.
No agradece.
Porque, según él, “en internet todo es de todos”. Especialmente lo que no hizo.
El Fusil Creativo vive de la velocidad. Publica rápido para que nadie recuerde el origen. Confía en la memoria corta, en el scroll infinito y en la pereza ajena.
Tiene discurso propio... hasta que comparas textos.
Entonces aparecen los déjà vu, las frases sospechosamente familiares, las ideas con aroma conocido.
No es inspiración. Es copia con ego.
Y cuando alguien lo señala, se ofende.
Habla de coincidencias, de pensamiento colectivo, de que “las ideas flotan”.
Curioso:
siempre flotan desde la misma cuenta hacia la suya.
En Sabor a Mandrake creemos en el intercambio, en el diálogo, en la conversación inteligente y en la referencia explícita.
Pero fusilar no es dialogar; es robar con prisa y firmar con descaro.
Porque al final, las ideas tienen autor y el plagio tiene aroma. Uno muy particular. Persistente. Difícil de disimular.
Ese sabor amargo, terroso, incómodo... Sabor a Mandrake.
PD:
Si te sentiste aludido,
no es coincidencia.
Es referencia.