El Fusil Creativo

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Opinión
/ 12 febrero 2026

Lee una nota ajena, le cambia dos adjetivos, mueve un párrafo, ajusta el orden... y la publica como si hubiera nacido de su genio

Y cómo dejar pasar una oportunidad así.

Sabor a Mandrake le dedica este suculento terrón de azúcar a nuestro goloso copiador profesional.

En el ecosistema digital existe una especie peculiar.

No crea.

No investiga.

No arriesga.

Fusila.

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Lee una nota ajena, le cambia dos adjetivos, mueve un párrafo, ajusta el orden... y la publica como si hubiera nacido de su genio.

No cita.

No referencia.

No agradece.

Porque, según él, “en internet todo es de todos”. Especialmente lo que no hizo.

El Fusil Creativo vive de la velocidad. Publica rápido para que nadie recuerde el origen. Confía en la memoria corta, en el scroll infinito y en la pereza ajena.

Tiene discurso propio... hasta que comparas textos.

Entonces aparecen los déjà vu, las frases sospechosamente familiares, las ideas con aroma conocido.

No es inspiración. Es copia con ego.

Y cuando alguien lo señala, se ofende.

Habla de coincidencias, de pensamiento colectivo, de que “las ideas flotan”.

Curioso:

siempre flotan desde la misma cuenta hacia la suya.

En Sabor a Mandrake creemos en el intercambio, en el diálogo, en la conversación inteligente y en la referencia explícita.

Pero fusilar no es dialogar; es robar con prisa y firmar con descaro.

Porque al final, las ideas tienen autor y el plagio tiene aroma. Uno muy particular. Persistente. Difícil de disimular.

Ese sabor amargo, terroso, incómodo... Sabor a Mandrake.

PD:

Si te sentiste aludido,

no es coincidencia.

Es referencia.

El Orquestador Silencioso de la Rentabilidad. Enrique San Vicente Contreras, un ejecutivo que ha logrado lo que el ecosistema emprendedor muchas veces promete y rara vez cumple: convertir la estrategia en rentabilidad, la calidad en cultura y la innovación en resultados concretos.

Con más de tres décadas y media de experiencia —y contando— Enrique ha estado al frente de operaciones críticas en organizaciones públicas y privadas. Desde quirófanos digitales hasta las trincheras electorales de América Latina con la Organización de los Estados Americanos, su brújula siempre ha estado calibrada hacia un Norte muy claro: crear valor donde los demás sólo ven procesos.

Formado como ingeniero en sistemas computacionales (sí, cuando las computadoras pesaban más que los consultores), Enrique no tardó en sumar tres maestrías: una en Comercio Electrónico (cuando aún sonaba exótico), otra en Gestión de Tecnologías de Información y una más en Dirección de Empresas. Porque sí, la estrategia no sólo se piensa, se ejecuta... y él ha hecho de la ejecución su arte.

Es fundador y director de Golden TI, una firma que, fiel a su nombre, no ofrece oro molido, sino consultoría tangible para empresas que entienden que el verdadero crecimiento empieza por dentro. Bajo su batuta, Golden TI ha certificado operaciones bajo estándares como ISO 9001, ISO 27001, IATF 16949, ISO 54001, ISO 37001... y la lista sigue, como si fueran medallas olímpicas, pero en forma de rentabilidad y reputación organizacional.

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