Los emprendedores Vernuli y Chinelas

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 28 enero 2026

Ya casi al cierre de enero, muchas uvas están en proceso de madurar y miles de proyectos se encuentran en fase de preparación para, ahora sí, llevarse a cabo.

En esta entrega hablaremos de cómo miles de emprendedores siguen los pasos de los maestros Vernuli y Chinelas y, al final, sus proyectos terminan en el tan temido cementerio de los propósitos bien intencionados.

TE PUEDE INTERESAR: Gurú de Microondas

Así que a darle, que el tiempo apremia.

LOS VERNULI: ESTRATEGAS EXPONENCIALES

Los Vernuli provienen de una estirpe con gran historia.

Generaciones de brillantes pensadores, empresarios y emprendedores.

Alta escuela, multiculturales, visionarios y, según su bio, “líderes de innovación exponencial”.

Tienen todo calculado... menos la realidad.

Intelectualmente presuntuosos, como dirían algunos.

Aman las gráficas, adoran las métricas y pueden citar a Newton, Einstein y Elon Musk sin respirar.

Hablan de KPIs, OKRs y benchmarks como si fueran hijos suyos.

Miden todo.

Todo lo que no incomoda.

Su teoría funciona perfecto... si el cliente se comporta como en el supuesto 3.2y el proveedor nunca falla.

Tienen clarísimo dónde estará la empresa en 2030.

Lo que no saben es qué van a entregar el lunes.

El detalle es “operativo”.

Lo suyo es la estrategia.

LOS CHINELAS: MAESTROS DEL ARTE DEL ‘CASI’

Un linaje especial, los Chinelas.

Doctorados en el “ya merito”, con méritos suficientes para diseñar su propio escudo de armas.

Un logotipo con un reloj sin manecillas, una lista de pendientes en perpetuo borrador y un lema grabado en latín emprendedor:

“Proximus terminus... tal vez mañana”.

Los Chinelas son un clásico del ecosistema. Siempre a punto de lanzar algo...

Un producto.

Una app.

Una idea millonaria.

Pero justo cuando va a suceder, aparece el destino en forma de excusa:

“Chinelas, me faltó ajustar el logo”.

“Chinelas, no cargó el Excel”.

“Chinelas, no me transfirieron”.

LA DUPLA ENTRAÑABLE

Juntos forman una combinación explosiva: precisión teórica suiza con improvisación mexicana.

TE PUEDE INTERESAR: Propósitos de Año Nuevo: El cementerio de los propósitos bien intencionados

Los Vernuli, descendientes del linaje del alto conocimiento aplicado —pero sin tanta presión ni urgencia—, ejecutan su ecuación de negocios con magistral sofisticación... y nula tracción.

Los Chinelas, doctores en dispersar la realidad, son capaces de fragmentarla en crónicos multiversos operativos.

Ambos reinventan el flujo... pero del tiempo.

Y aunque sus emprendimientos rara vez despegan, sus excusas sí alcanzan velocidad supersónica.

Juntos han fundado más proyectos que reuniones efectivas. Desde la App de respiración para emprendedores ansiosos hasta la Consultoría Holística de Rentabilidad Cuántica.

Todos con nombres rimbombantes, logotipos circulares y un eslogan que promete “revolucionar paradigmas”.

MORALEJA EMPRESARIAL

Los Vernuli y los Chinelas son el espejo de muchos emprendimientos: visión teórica brillante con ejecución artesanal; estrategias de Harvard y disciplina de domingo por la tarde.

Sí, cualquier emprendimiento puede tener misión, visión y roadmap. Pero solo unos pocos entienden que sin método, seguimiento y humildad... no hay fórmula que funcione.

Si tu emprendimiento suena demasiado científico para ser cierto y tus entregas demasiado flexibles para ser reales... quizá estés aplicando el modelo Vernuli-Chinelas.

Y cuando llegue el día en que todo se despresurice, respira profundo, míralo con humor y saborea ese inconfundible, persistente y delicioso...

El Orquestador Silencioso de la Rentabilidad. Enrique San Vicente Contreras, un ejecutivo que ha logrado lo que el ecosistema emprendedor muchas veces promete y rara vez cumple: convertir la estrategia en rentabilidad, la calidad en cultura y la innovación en resultados concretos.

Con más de tres décadas y media de experiencia —y contando— Enrique ha estado al frente de operaciones críticas en organizaciones públicas y privadas. Desde quirófanos digitales hasta las trincheras electorales de América Latina con la Organización de los Estados Americanos, su brújula siempre ha estado calibrada hacia un Norte muy claro: crear valor donde los demás sólo ven procesos.

Formado como ingeniero en sistemas computacionales (sí, cuando las computadoras pesaban más que los consultores), Enrique no tardó en sumar tres maestrías: una en Comercio Electrónico (cuando aún sonaba exótico), otra en Gestión de Tecnologías de Información y una más en Dirección de Empresas. Porque sí, la estrategia no sólo se piensa, se ejecuta... y él ha hecho de la ejecución su arte.

Es fundador y director de Golden TI, una firma que, fiel a su nombre, no ofrece oro molido, sino consultoría tangible para empresas que entienden que el verdadero crecimiento empieza por dentro. Bajo su batuta, Golden TI ha certificado operaciones bajo estándares como ISO 9001, ISO 27001, IATF 16949, ISO 54001, ISO 37001... y la lista sigue, como si fueran medallas olímpicas, pero en forma de rentabilidad y reputación organizacional.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM