El futuro ya nos alcanzó
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El gasto se reestructuró a partir de ignorancia, capricho y oportunismo electoral
Enrique Quintana, en su colaboración en El Financiero de este lunes 11 de octubre, al abordar el envejecimiento de la población, concluye con una frase que viene bien como punto de partida para prácticamente todo, aplicable no sólo a los temas demográficos o económicos: “El futuro ya nos alcanzó. Falta que el presupuesto y las instituciones se den por enterados”.
La falta de crecimiento económico desde que el obradorismo tomó el poder está cobrando una elevada factura y deja al país sin perspectiva en el corto y largo plazo. Por decirlo de alguna manera, entra agua por todas partes. El gasto se reestructuró a partir de ignorancia, capricho y oportunismo electoral. También el salario mínimo tuvo un incremento significativo. El país y las empresas resistieron porque había un ahorro acumulado a lo largo de décadas neoliberales. Sin embargo, para 2024 el margen se había agotado y se decidió acelerar el endeudamiento de años anteriores.
No hay dinero, y para fondear los programas sociales, las pensiones contributivas y el servicio a la deuda se dejó de gastar e invertir en temas fundamentales para el bienestar de la población y la fortaleza del país. Además, PEMEX, CFE y las obras emblemáticas recibieron recursos que, por el abandono de otras áreas, ahora acusan un problema en la inversión en infraestructura y su mantenimiento. Los problemas de abasto de medicinas, el deterioro de los servicios de salud, la debacle del sistema educativo, la disminución de los recursos a estados y municipios, incluyendo los de seguridad pública, son el signo de nuestros tiempos.
El presupuesto y las instituciones, están enterados. El INE tendrá que apretarse el cinturón para organizar la elección más compleja de los últimos años. El Poder Judicial Federal también ha visto disminuir su presupuesto mientras el rezago judicial crece. No así el Poder Legislativo, porque al que parte y reparte le corresponde la mayor parte.
El incremento en los ingresos es política ficción. Se les carga la mano a los mismos de siempre y los grandes contribuyentes que debieron moderar sus privilegios fiscales no dan para compensar. Para el gobierno, alcanzar 2% de crecimiento es proeza. Olvidan que López Obrador ganó prometiendo triplicar tal rendimiento; en los últimos siete años el crecimiento anual promedio no ha llegado siquiera a un dígito. Ciertamente, bajo el drama previo, 2% es una cifra muy ambiciosa, aunque ni así los números cuadren.
No habrá presupuesto que alcance y las autoridades lo ignoran porque desde hace tiempo se vive al día. Otear el futuro da terror; desde hace tiempo se renunció a un poco de realismo y honestidad. El gobierno y los voceros empresariales se engañan al referirse al incremento de las exportaciones. Los números son ciertos, pero esconden un grave problema: las manufacturas están cediendo y el mayor incremento se asocia a los semiconductores e insumos para los centros de datos, segmento de la menor integración, además de hacernos vulnerables ante nuestros socios comerciales porque una parte importante de los insumos viene de China y otros países del oriente.
A quienes gobiernan y a quienes dicen que piensan les da terror advertir que el país está al borde del precipicio. Gran parte del problema es interno, otra viene del exterior, y las autoridades, sin saberlo, por lo mismo, no tomaron las decisiones preventivas o aquellas que fortalecerían al país frente a un cambio estructural que desde hace tiempo se avizoraba.
Un ejemplo, la manera como se dilapidaron recursos y se debilitaron las reglas del juego asociadas a la certeza de derechos. Por eso el gobierno ha fracasado en atraer nueva inversión y en capitalizar el llamado nearshoring o relocalización de empresas. Frente a lo que venía, revertir la apertura en el sector energético fue un error mayúsculo, cuyo origen, más que la ideología, fue la obstinación del obradorismo de regresar el país al pasado estatista, que nada tiene que ver con nacionalismo o soberanía. Al contrario, deja expuesto a México por la insuficiencia de energéticos y la falta de crecimiento.
Nada más pernicioso no sólo para la economía o el bienestar social fue la destrucción de las instituciones de la República que auditaban y transparentaban al gobierno, así como la destrucción del régimen constitucional de justicia y división de poderes. Efectivamente, falta que el presupuesto y las autoridades se den por enteradas. También nosotros.