El germen de la ingobernabilidad

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Opinión
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La implosión institucional no necesita enemigos externos, el deterioro se alimenta desde dentro. Las alertas se encienden con las manifestaciones en diversas partes del país de los trabajadores del IMSS donde se han sumado diversas organizaciones civiles y grupos aliados.

La crisis —otra más que se suma al rosario del caos en el régimen— en el sector salud es mucho más que un conflicto laboral o la creatividad de un travieso algoritmo.

La trilogía de la impunidad

Es el síntoma de un imperdonable desmantelamiento sistemático de la salud pública, cuyas consecuencias ya no pueden ocultarse detrás de discursos triunfalistas, estadísticas maquilladas y la interminable cantaleta de que es culpa del pasado. Porque una cosa fue estar hace ocho años, mañanera tras mañanera, como merolico presumiendo y predicando que se estaba transformando el sistema de salud igualándolo al de Dinamarca, lo que conlleva una dosis demencial de cinismo e hipocresía, y otra, muy distinta explicar por qué quienes lo sostienen diariamente denuncian carencias, precariedad y condiciones que comprometen la atención de millones de mexicanos.

La destrucción institucional no siempre requiere demoler hospitales. Basta con asfixiar presupuestos operativos, desarticular mecanismos de abastecimiento, improvisar reformas, debilitar capacidades técnicas y sustituir la experiencia por lealtad y obediencia política. Rubros que son el área de expertise de la cacareada transformación.

La obscenidad es difícil de superar y más cuando hay una intensa competencia interna. Morena ha convertido la enfermedad de millones de ciudadanos en una oportunidad de negocios con nula transparencia enmarcado en el prestigiado manto de impunidad.

El sarcasmo se escribe solo. El gobierno que presume haber rescatado la salud pública mientras sus propios trabajadores salen a las calles y visibilizan las condiciones con las que se atiende a la población. La protesta que nació dentro de las entrañas del sistema está exhibiendo que el problema trasciende la administración hospitalaria y va adquiriendo dimensiones de gobernabilidad. En un parteaguas, pues.

No por salir a manifestarse exigiendo mejoras salariales y condiciones dignas que se suman al inaceptable desabasto de medicamentos, sino porque esa protesta puede revelar una fractura mucho más profunda. La distancia entre la capacidad que el Estado asegura tener y la que realmente puede ejercer para garantizar un servicio esencial.

La salud tiene una particularidad que la vuelve políticamente explosiva. Ese deterioro institucional se traduce inmediatamente en sufrimiento humano. El caso sobre la muerte de bebés recién nacidos es una infamia que desgarra el alma. La negligencia de un gobierno sin transparencia, sin vergüenza y sin la más elemental humanidad. No es una abstracción administrativa.

Es la limitación de la administración de Sheinbaum y la herencia maldita que va con paso firme e inigualable disciplina al borde de su crisis institucional.

Y ya para rematar el comprensible malhumor presidencial, Trump vuelve a afirmar que le dijo a la presidenta que los cárteles siguen gobernando México. Otra bofetada geopolítica en medio de la tensión del T-MEC y la ruta electoral estadunidense que podría marcar la radicalización de Washington.

@GomezZalce

Columna: Dómina. Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.

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