El SAT puso letrero de rebajas. Hasta 100% de descuento en multas y recargos

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

TEMAS


Localizaciones


Organizaciones


SAT

Sin embargo, no aplica para que ya recibió condonaciones antes, quien tiene sentencia firme por delito fiscal, o quien aparece en las listas de EFOS

Usted ya conoce la escena. El letrero dice LIQUIDACIÓN, HASTA 70% DE DESCUENTO, con el “hasta” en letra chiquita, casi escondida. Uno entra de todos modos, y hasta el fondo de la tienda encuentra un rack de ropa amontonada, tallas revueltas. Solo a eso le aplica el 70%.

Este año el SAT también colgó su letrero. Aplica a los adeudos de 2024 hacia atrás: puede quitarle hasta el 100% de las multas, los recargos y los gastos de ejecución.

TE PUEDE INTERESAR: El SAT: Los Juegos Olímpicos del contribuyente

En una barata, el descuento se aplica al precio del artículo. Aquí no.Aquí la mercancía cuesta lo que cuesta. Lo que se va a cero son los accesorios: multas, recargos y gastos de ejecución, el castigo por llegar tarde a la caja.

Hay una variante: si el adeudo son solo multas por no presentar algo, el descuento baja al 90%, y solo si cumple con lo que le faltó entregar. Primero entregue lo que no entregó; luego hablamos del descuento.

Y aquí está la novedad. El programa no es nuevo, en 2025 era una bodeguita, con tope de 35 millones de ingresos. Este año el umbral subió a 300 millones, sobre los ingresos totales de 2024.

Dejó de ser un programa para changarros. Hoy caben empresas medianas y grupos familiares con varias sociedades, negocios que jamás se habrían imaginado en la fila de una barata fiscal.

Hay tres filas para entrar a esta barata.

La de quien ya sabe que debe, aunque la autoridad no se lo haya dicho: declaraciones sin presentar, contribuciones omitidas. Presenta lo que falta y paga en una sola exhibición.

La de quien trae al auditor tocándole la puerta. Puede tomar el descuento en cualquier momento, mientras no le hayan notificado la resolución final.

La de quien ya carga un crédito fiscal firme y notificado. Aquí se presenta la solicitud formal y, si está impugnado, hay que desistirse.

Entrar a la barata implica soltar el pleito. Si lleva dos años peleando ese crédito, convencido de que la autoridad se equivocó, aceptar el estímulo significa tirar la toalla y pagar el principal. Es una decisión de negocio.

Los adeudos deben ser de 2024 o anteriores. Fuera quien ya recibió condonaciones antes, quien tiene sentencia firme por delito fiscal, o quien aparece en las listas de EFOS.

Ah, y esto suena a letrero de tienda pero es ley: no hay cambios ni devoluciones. El estímulo no genera saldo a favor ni se considera ingreso acumulable. Tampoco se paga en especie, y la respuesta del SAT no se puede impugnar.

Para quien tiene crédito firme, la solicitud se presenta a más tardar el 31 de octubre. Con parcialidades, hasta seis, la última se cubre el 30 de noviembre. Conforme avance el calendario se reducen las parcialidades disponibles.

Para quien va a autodeterminarse, el plazo alcanza hasta el cierre del año.

Estimado lector, las baratas tienen algo incómodo: uno siempre cree que va a alcanzar. Que mañana. Que la próxima semana. Y cuando se decide a ir resulta que solo le tocaron las sobras y aquello que anhelaba se agotó la semana pasada.

La diferencia es que aquí no aplica esa frase típica de “mientras haya existencias”. Si no aprovecha, se queda con el adeudo íntegro: contribución actualizada, multas, recargos y gastos de ejecución.

Así que si trae un pendiente con la autoridad, este es el año para sentarse a verlo con calma. No porque el SAT se haya vuelto generoso, sino porque necesita cobrar. Y esa urgencia, por una vez, juega a su favor.

Esta vez el “hasta” no viene escondido en letra chiquita. Dice, bien claro, cuándo se acaba: 31 de octubre para quien ya tiene crédito firme, 31 de diciembre para quien se autodetermina. Pero se acaba.

huorsa@ortizgarza.com.mx

X: @huorsa

Substack: Historias de impuestos bien contadas

Temas



Localizaciones



Organizaciones


SAT

Columnista de VANGUARDIA, comediante fiscal por vocación no diagnosticada. Dicen que los contadores nacemos sabiendo sumar... pero Hugo René también nació sabiendo restarle drama al SAT. Es licenciado en Contaduría Pública y Finanzas por el Tec de Monterrey, lo que básicamente significa que aprendió a sufrir con estilo y corbata. Tiene dos maestrías: una en Impuestos (porque a alguien tenía que gustarle eso) y otra en Derecho Internacional, por si alguna vez hay que explicarle al SAT que el tequila no se exporta con IVA incluido.

Empezó su carrera en California, donde trabajaba en una empresa de arroz... porque uno tiene que saber de granos antes de hablar de deducciones. Luego se fue metiendo al mundo de la contaduría, ese hermoso universo donde la emoción más fuerte es cuadrar el balance a la primera. Y cuando pensó que ya nada podía sorprenderlo, ¡lo invitaron al mismísimo SAT! Así es: fue asesor de la jefa del SAT y también trabajó en Planeación, es decir, ayudó a diseñar el mapa del infierno... pero con Excel.

Hoy es socio director en la firma Ortiz Garza y Asociados, donde lidera proyectos fiscales y se dedica a hacerle la vida más fácil a los que le temen al buzón tributario más que a su ex.

Además de contar números, también cuenta historias: fue conductor de “Frecuencia Fiscal” durante 14 años, donde explicaba impuestos como si fueran recetas de cocina (”agarre su CFDI, métalo a la licuadora fiscal y espolvoree deducciones”). Hoy conduce el pódcast “Entre Contadores”, donde se hablan de temas serios... pero con risas entre líneas y anécdotas que harían llorar a un auditor.

También ha sido catedrático, presidente de comisiones, columnista en El Financiero y miembro activo del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León. Es decir, Hugo René no solo conoce la ley, también sabe aplicarla sin que a uno le den ganas de esconderse en las Islas Caimán.

Si alguna vez pensaste que los impuestos eran cosa seria... es porque no has leído una columna de Hugo René. Prepárate para entender tus finanzas como si te las explicara tu compadre chistoso... pero con cédula profesional.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM