El SAT: Los Juegos Olímpicos del contribuyente
Sus ingresos compiten por separado, pero pagan juntos
Suena el himno. Desfilan las delegaciones. Y entre banderas de mil colores avanza usted, orgulloso y ligeramente confundido, cargando la suya: su RFC.
Quizás no lo sabía, pero ya está inscrito en los Juegos Olímpicos del contribuyente. Cada actividad que le genera ingresos representa una disciplina. Cada disciplina reparte su propia medalla. Y al final del año llega la declaración anual de personas físicas, ese medallero donde el SAT revisa cuánto ganó, cuánto adelantó y cuánto ISR falta por pagar.
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Aquí viene la primera sorpresa: usted puede competir en varios deportes al mismo tiempo. Quien cobra un sueldo, renta un local y recibe intereses del banco ya es atleta multidisciplinario. Tres disciplinas. Tres medallas.
Hoy conoceremos las medallas que, por regla general, sí se juntan para calcular el ISR anual. En dos semanas hablaremos de las que no entran al medallero o compiten con reglas diferentes.
Empecemos con la prueba de fondo: los sueldos. Quien trabaja por nómina corre un maratón. Avanza quincena tras quincena, con ritmo constante y sin posibilidad de esconderse detrás del pelotón. Su medalla es la parte gravada de su salario. ¿Y los puestos de hidratación? Son las retenciones de ISR que realiza el patrón. Antes de que el dinero llegue a su cuenta, el impuesto ya tomó agua, comió una naranja y siguió corriendo.
Después viene el triatlón: la actividad empresarial y los servicios profesionales. Aquí compiten el comerciante, el profesionista independiente y el dueño del changarro. Nadan para vender, pedalean para cobrar y corren para pagar a los proveedores.
En esta prueba la medalla no equivale necesariamente a todo lo que ingresó. Lo que llega al podio es la utilidad fiscal: los ingresos menos las deducciones autorizadas. Si cobró un millón y medio de pesos y tuvo novecientos mil de deducciones, la medalla no pesa millón y medio. Pesa seiscientos mil.
¿Renta usted una casa, una bodega o un local? Bienvenido a una disciplina con ventaja reglamentaria. En el arrendamiento puede optar por deducir 35% de sus ingresos, sin presentar comprobantes por ese porcentaje. Es la famosa deducción ciega.
Sus inversiones bancarias también participan. Esta disciplina es ciclismo. Usted pedalea y el banco le paga intereses, pero enfrente sopla la inflación. Para el cálculo anual importa el interés real: lo que los intereses exceden al ajuste por inflación.
Si el rendimiento apenas compensó la pérdida de poder adquisitivo, hizo mucho esfuerzo para quedarse prácticamente en el mismo lugar. Fiscalmente, la medalla no es el interés nominal que presume el estado de cuenta, sino el avance real después de enfrentar el viento.
También existen otras competencias menos concurridas, como ciertos ingresos por adquisición de bienes. No suelen aparecer en horario estelar ni tienen comentaristas narrando cada movimiento, pero, cuando se generan y no están exentos, pueden incorporarse al cálculo anual.
Y entonces llega la ceremonia de clausura. Se apagan las antorchas, se guardan los uniformes y comienza el conteo. En la declaración anual se reúnen los ingresos acumulables de las distintas disciplinas, después de aplicar las deducciones permitidas. Todo termina en el mismo tablero.
Supongamos que su maratón de sueldos produjo una medalla de trescientos mil pesos y el arrendamiento otra de cien mil. Durante el año, al sueldo le hicieron retenciones y por el arrendamiento se realizaron pagos provisionales. Pero el medallero anual muestra cuatrocientos mil pesos y sobre ese total se calcula el ISR.
Al juntar todas las medallas, la tarifa se aplica sobre el medallero completo y el impuesto resultante puede ser mayor que la suma de los anticipos calculados por separado.
Después se restan las retenciones y los pagos provisionales que usted ya había entregado. ¿El resultado? Termina pagando la diferencia entre lo que adelantó durante el año y lo que realmente le correspondía por la totalidad de sus ingresos.
Esa es la jugada que muchos no ven venir. No es que cada ingreso pague su cuentita y se retire tranquilamente a los vestidores. Al final, muchos de ellos se reúnen en la declaración anual y participan en un cálculo conjunto.
Estimado lector, en estos Juegos Olímpicos nadie le entrega flores ni reproduce el himno cada vez que suma otra medalla. Pero el juez sí lleva el marcador.
No todas las medallas entran a este conteo. Algunas tienen impuestos definitivos. Otras compiten en una liga separada. Esas historias se las cuento en dos semanas.
X: @huorsa
Substack: Historias de impuestos bien contadas