”El Secretario de los Muertos: Celso José Garza y el Circo Cultural de Andrés Mijes”

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Opinión
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Mijes anda en plena precampaña por la gubernatura

Cuando la precampaña huele a formol y los compromisos culturales vienen con factura de 90 millones. Hay hombres en Nuevo León con más vidas a un gato de colonia Independencia. Hombres a los cuales les puedes poner una investigación de la Fiscalía encima, correrlos de la máxima casa de estudios del noreste, exhibirlos en medios nacionales, y aún así, como cucaracha de cantina de Colón, reaparecen. Frescos. Perfumados. Con agenda cultural bajo el brazo y un candidato a gobernador al lado.

Celso José Garza Acuña es ese hombre.

Andrés Mijes, el alcalde con permiso de Escobedo —porque en MORENA pedir licencia no es renunciar, es cambiar de escritorio—, acaba de darle boleto de primera fila al espectáculo más peligroso del circo político neoleonés: la precampaña a la gubernatura con olor a billetes desviados.

Del aula al desagüe. Antecedentes documentados, públicos, verificables. No estamos hablando de chisme de mercado Juárez. Hablamos de expedientes.

Celso José Garza Acuña, el otrora “Doctor de la Cultura” —así, con mayúscula y doctorado—, fue Secretario de Extensión y Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Le duró el cargo como le dura un billete a un político en año electoral. En junio de 2022, pidió licencia. Pero no la pidió por gusto, ni porque le dieran ganas de irse de vacaciones a Valle de Bravo. La Fiscalía General de Justicia de Nuevo León le estaba respirando en la nuca.

El motivo: una cuenta bancaria abierta a nombre de la UANL, de la cual la propia universidad no tenía conocimiento. Noventa millones de pesos en operaciones registradas. ¿Noventa millones? Para ponerlo en perspectiva, con eso compras la Macroplaza, le pones techo y todavía te alcanza para una tienda de conveniencia adentro.

Celso José no trabajaba solo. Tenía peones. Los hermanos De la Garza: Óscar Javier, Director de Planeación Financiera de la UANL, y José Gerardo, Coordinador de Planeación Financiera en la mismísima Secretaría de Extensión y Cultura dirigida por Garza Acuña. Dos contadores, dos hermanos, un solo jefe: Celso.

José Gerardo fue el señalado directamente por haber usado el nombre de la universidad para abrir la famosa cuenta bancaria. La UANL lo denunció ante la Fiscalía. A Óscar Javier lo cesaron en enero de 2022 por señalamientos de negociar “moches” con proveedores: prometía contratos universitarios a cambio de tajada. Así, descarado, como se pide la propina en un restaurante de San Pedro.

El Rector Santos Guzmán López —un hombre acostumbrado a las crisis, pero no a los escándalos con decimales de millones— actuó. Cesó a los hermanos. Soltó la denuncia. Celso José, con la elegancia de un tahúr al salir del casino, “pidió licencia para ser investigado”. Hasta un desplegado le armaron: Juan Villoro, Diego Osorno, la senadora Indira Kempis. “Respaldamos su trayectoria”. Claro, cuando el barco se hunde, lo bonito es firmar cartas, no tapar la fuga.

La bala del silencio. Esta historia no se queda en fraudes contables y cuentas fantasma. En Nuevo León, las cosas escalan. Siempre escalan.

El 17 de febrero de 2023, a las seis y media de la tarde —esa hora en la cual Cumbres huele a carne asada y los niños andan en bicicleta—, Óscar Javier de la Garza conducía su camioneta Tracker por la calle 15a Avenida, cerca de Rangel Frías, en el primer sector de Cumbres. Un vehículo lo emparejó. Le descargaron entre doce y quince balazos. Óscar quedó muerto dentro de la camioneta, estrellada contra un poste.

Tenía 44 años. Ex Director de Planeación Financiera de la UANL. Cesado por irregularidades. Ahora, ejecutado.

Las autoridades investigaron si el asesinato estaba vinculado con las actividades realizadas durante su paso por la universidad. La respuesta oficial sigue pendiente. Pero la respuesta de calle, la del Monterrey profundo, esa ya la sabe todo el mundo: las cuentas de noventa millones no se borran con una renuncia, se borran con plomo.

José Gerardo, el hermano vivo, no calló. En investigaciones periodísticas publicadas por medios locales, desmenuzó la estructura del fraude. Habló de cómo operaban. Habló de las órdenes. Habló de la cadena de mando. Y la cadena, según sus señalamientos documentados, apuntaba hacia arriba: hacia la oficina de Celso José Garza Acuña. El hermano sobreviviente no solo denunció el desvío; denunció la estructura completa, el mecanismo de limpieza del dinero, los nombres de las personas involucradas en facturar, mover y desaparecer recursos universitarios. Un testimonio incendiario, grabado, publicado, disponible para cualquier ciudadano con acceso a internet y estómago de acero.

¿Y Celso José? Ni una declaración. Ni un desmentido contundente. Solo el silencio perfumado de un hombre esperando la tormenta pase.

El regreso del impresentable. Pasaron los meses. Pasaron los años. La investigación se diluyó como se diluye todo en México: entre cambios de fiscal, montañas de expedientes y memorias cortas. Celso José se refugió en el ITESM, formando profesionales desde las sombras del sector privado. Lejos de reflectores. Lejos de fiscalías. Cerca de la paciencia.

Hasta ahora.

Andrés Mijes, el alcalde con licencia de Escobedo —autoproclamado promotor del “Nuevo León Original”—, anda en plena precampaña por la gubernatura. Se registró en el proceso interno de MORENA. Recorre municipios. Abraza ejidatarios. Se toma fotos con empresarios. Promete unidad. Habla de transformación. Y entre sus compromisos más visibles, más orgánicos, más “de estructura”, aparece el tema cultural.

El tema cultural con Celso José Garza Acuña como operador.

Así, sin anestesia. Sin pudor. Sin una revisión mínima de antecedentes penales pendientes.

Mijes necesita una estructura para competir contra Clara Luz Flores, contra Tatiana Clouthier, contra Waldo Fernández, contra Felipe de Jesús Cantú. Necesita músculo. Necesita gente con agenda de contactos. Celso José, hay reconocerlo con todo el asco del mundo, tiene la agenda. Treinta años en el circuito cultural de Nuevo León le dieron acceso a artistas nacionales, internacionales y locales. Sabe a quién llamarle para un festival, a quién invitarle para un homenaje, a quién pagarle —literalmente pagarle— para armar un evento con lustre intelectual.

La aspiración de Celso José es clara como agua de la presa: regresar a las grandes ligas. Reemplazar a Melissa Segura como Secretario de Cultura del estado, en caso de la victoria morenista. Saltar del ostracismo al gabinete. De la investigación fiscal al presupuesto estatal.

El cinismo tiene niveles. Este es nivel maestría. Los contactos del doctor.

Organiza reuniones con sectores culturales. Armando la red de compromisos. Presentándose como el gran gestor. El hombre con los contactos. El amigo de los artistas. El puente entre el poder y la creatividad.

Pero los contactos de Celso José Garza Acuña no son solo con pintores y escritores. Son también con cuentas bancarias clandestinas, con noventa millones en operaciones fantasma, con un contador ejecutado a balazos en Cumbres y otro contador vivo gritando a los cuatro vientos los nombres y las órdenes de la cadena de mando.

¿Eso es lo original del “Nuevo León Original”?

Andrés Mijes tiene derecho a buscar la gubernatura. MORENA tiene derecho a elegir a su candidato entre las fieras dispuestas: Clouthier con su experiencia federal, Clara Luz con su resistencia mediática, Waldo con su colmillo legislativo, Felipe de Jesús con su veteranía panista reconvertida. La competencia es legítima.

Lo ilegítimo es meter al equipo a un hombre exhibido por la propia UANL, investigado por la Fiscalía, vinculado documentalmente a un fraude millonario, conectado a un asesinato sin resolver y señalado por el testimonio vivo de uno de los operadores del entramado financiero.

No se puede confiar en quien lastimó las arcas de la universidad más importante del norte de México. No se puede poner al zorro a cuidar el gallinero y llamarlo “política cultural”. No se puede disfrazar un pasado de noventa millones con un par de festivales y unas fotos con artistas.

En Nuevo León se dice clarito, sin rodeos, con orgullo de tierra brava: al nopal nomás lo van a ver cuándo tiene tunas. Celso José lo están viendo porque Mijes trae tunas gordas. Pero esta tuna está podrida por dentro. Tiene espinas de noventa millones, sabor a plomo de Cumbres y un olor a expediente abierto que ni todo el mezcal de Oaxaca le quita. Acá en el norte, compadre, la memoria no es corta: es de acero, como los barrotes donde deberían estar algunos. No los del cuento cultural, sino los del penal. Porque una cosa es el arte y otra muy diferente es el arte de robar. Y en ese arte, el Doctor Garza Acuña ya tiene doctorado, posdoctorado y cátedra vitalicia.

Desde el norte, donde la verdad se sirve con sal, limón y sin servilleta.

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Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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