El unto de México
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En las antialcohólicas metropolitanas, los agentes de la ley conocen a sus clientes distinguidos
Pan nuestro de todos los días. La llave para la extorsión aún sin salir de casa. Negar a los instaladores de Gas, Luz o de Agua, de las paraestatales y para el negocio de los españoles, implica multa y sospecha de corrupción.
En las antialcohólicas metropolitanas, los agentes de la ley conocen a sus clientes distinguidos. Aquellos en evidente estado de ebriedad. Las cantidades para evitar la consignación del infractor y la detención del vehículo son de dos dígitos.
A transferencia a cuenta particular del agente o acompañar hasta ale cajero para completar el estímulo liberador de la falta al reglamento de tránsito. Simplificación administrativa. Yo te ayudo. Tú me tiendes la mano.
Construye el agregado de habitación. Uy. Ahora está durísimo. El alcalde nos está pidiendo cierta cantidad de consignaciones. Pero usted me cae bien. Se nota no sabía las nuevas disposiciones aprobadas por el cabildo.
Al cruzar la frontera, las vistas aduanales, ahora elementos de la milicia, le preguntan si no trae nada prohibido. Respeta la cuota de 300 dólares por persona. Del paseo sobró un billete verde de 50. Con eso es suficiente. Lo colocas dentro de la libreta. Luz verde en las dos garitas.
Buen viaje paisanos. Lleguen con bien a su destino.
Revisión de rutina te detiene la granadera en las calles céntricas o casi al llegar a casa. Escondes la raya de dinero. Te haces de delito. Delito. Ninguno. Solo su palabra contra la tuya. El agente del ministerio público te receta mil quinientos pesos de multa o 24 horas. Agarras el cobertor orinado. Escondido en el camarote. La parte baja de la plancha de concreto. Perdiste el bono de puntualidad y te rebajan las inasistencias. Regresar a casa con hangover. La corrupción somos todos.