En la selva de Colombia: cacao, gente trabajadora y mineras ilegales (2/2)

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Opinión
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Sigo aquí, en este selvático territorio, observando una colonia de murciélagos que eligen el árbol de mango para descansar

A estas alturas, los mosquitos han marcado la piel. Son constelaciones enrojecidas que podría unir con líneas desde los antebrazos, pasando por el vientre y descendiendo hasta dejar un asteroide encendido en el tobillo izquierdo. Así me atraviesa la selva colombiana mientras escribo entre apagones eléctricos, que pueden durar hasta 15 días, y lluvias que vacían el cielo con estruendo toda la noche. Aquí dar por supuesto que las cosas están, o deben de estar, implican que uno está perdido. Esta columna sale tarde por dar por sentados factores específicos de conectividad.

El joven de 18 años fue velado en una localidad cercana, Palermo. Centenares de personas acudieron a una misa cristiana, aunque el mayor porcentaje de colombianos profesa la religión católica. El eco de la pérdida de esa vida en la mina de mármol sigue en la conversación.

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¿Por qué el hombre eligió la mina en lugar de la siembra? ¿Se fue allí porque quiso, por las deudas, por unos pesos más o por qué sería? A la montaña le fue indiferente. Las luciérnagas siguen prendiendo y apagando en su cortejo. Las volquetas prosiguen saliendo con mármol mucho más allá de las 6:00 de la tarde permitidas; avanzan en la noche cargadas de bloques fuera de una ley que tiene su precio.

Desde la finca Guadualito veo esas volquetas avanzar, en una colina ahora silenciosa que comparte vereda con la finca donde Claudia cultiva, entre tierra negra y piedras metamórficas, cilantro, lechuga romana, tomate, calabaza, zapote, yuca y chile, entre otros. Bien sellada está su heredad con una malla que la protege de tlacuaches y gallinas que llegasen a deambular por allí, perdidas. Nos regala lechugas diversas, yuca y tomates. Toma tres carambolas de un amarillo aleonado y las pone entre mis manos. Me comparte allí años de su vida: el tiempo que ha dado para ver germinar unas semillas que le regalaron. Silvio Andrés Salcedo dice que estamos frente a la obra de arte de Claudia, frente a horas y horas de lecciones por aprender. Es cierto.

Por mi parte, vuelvo a la montaña para ayudar a Silvio con otra parte de la faena: dar a luz el cacao que luego va a nuestras bocas. Las pepas que dejamos al sol durante unos días entregan sus granos entre la viscosidad de un mucílago que a veces es ocre, otras blanquecino y otras oscuro. Se dejan las semillas que han empezado a germinar en puntos estratégicos de la montaña para que abran en esa vastedad.

Las semillas seleccionadas se guardan en un costal y se bajan de la montaña para llevarlas a un cuarto de fermentación, donde se colocan sobre una cama “durante cinco lunas de fermentación”, a las que “prosiguen tres a cuatro soles de secado”. Ambos procesos se deben revisar constantemente. Una vez secos, tienen dos vías de salida: colocarse en sacos para su venta, o bien proceder al tostado y transformación en la misma finca.

Espíritu, el juguetón gato blanco, es el primer consumidor de cucarrones, uno de los escarabajos que pertenecen a la gran diversidad de este grupo y que se encuentran revoloteando invariablemente adentro y afuera de la casa. El cucarrón es pariente del endémico Chalcochlamys dohrni, que en su verde tornasol también visita estos espacios, junto al vuelo de los colibríes y los cantos de las aves que adornan el mirto y el naranjo que la abuela protegió de las manos de los infantes. Dice Silvio que sólo ella, al amanecer, tomaba las naranjas necesarias para compartir en el desayuno. Nadie más tenía permitido arrancar fruto alguno.

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En la cocina hay una piedra de forma aplanada, de peso manejable, suave en sus bordes y del tamaño de la palma de mi mano. Silvio y su madre, Araminta Tovar, la usan para macerar ajo o modelar bananos maduros que se convierten en deliciosos patacones. Mientras aplasta unos bananos previamente fritos en aceite, Silvio Andrés dice: “Los simios también usan piedras para abrir sus alimentos”. De algún modo, este teólogo de formación hace enlaces entre las formas en que los seres transforman la naturaleza que les rodea en alimento.

Sigo aquí, en este selvático territorio, observando una colonia de murciélagos que eligen el árbol de mango para descansar. Aquí hay ecos de las lecturas de poesía colombiana que Silvio me comparte; señales de la presencia de Cristian, quien ha impregnado esta finca con el sonido del piano y sus composiciones; de Iván y sus números, quien cuando viene con su familia deja la mirada cristalina, de él y de su hijo, pasearse por estas elevaciones.

Cuántos mundos en esta porción de mundo.

El vocablo “escarabajo” llega al castellano, entre el siglo 14 y 16, d.C., procedente del vocablo latino scarabeus, el cual a su vez proviene del griego skarábeios.

Claudia Luna Fuentes. (Monclova, Coahuila, 1969). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2024-2027). Es licenciada en ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila, Maestra en Historia Contemporánea por la IBERO Saltillo y doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la Universidad Autónoma de Coahuila.

Entre sus libros de poemas figuran Amenazado y brillante (Mantis Editores, México 2025), Donde la piel (Mantis Editores y CONARTE, México 2019), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Ruido de hormigas (Gatsby Ediciones, México 2005) y Casa de sol (FECA-CONACULTA, 1995). Entre otras antologías, aparece en el Anuario de poesía mexicana (Fondo de Cultura Económica, 2006), en Hacia un azul imposible (CEPE-UNAM/El tapiz del unicornio, 2023) y en Semillas de Nuestra Tierra. Muestra Ecopoética Mexicana (Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra y Cactus del viento, 2023).

Entre las revistas en las que ha publicado, destacan Southwest review, Dallas TX volumen 109, número 2; la revista de poesía contemporánea de Valencia 21veintiúnversos y Lichtungen, en el apartado Literatura del norte de México. Sus poemas traducidos, se imprimieron en muro en el Instituto Cultural de México en París, acompañando esculturas de Avelina y Alejandro Fuentes Quezada en la exposición Extinción Continua (2021). Fotografías medioambientales y video poemas fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi, en Tánger (2021). Participó en una mesa literaria y en la muestra de arte visual coahuilense titulada Segar el mar con un poema visual, dentro del 49 Festival Cervantino (2022). Una selección de poemas sonoros trabajados alrededor del poema Piedra de Sol, de Octavio Paz, se dejaron escuchar en el Memorial Marie-José Tramini y Octavio Paz, en el Colegio de San Ildefonso, dentro del Festival Naturaleza y Poesía 2023 organizado por la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz.

En junio de 2024 fue invitada por la Universidad de Varsovia a compartir sus procesos creativos. Fue becaria del FONCA, FORCA y PECDA. Parte de su poesía ha sido traducida al árabe, francés, alemán, inglés y polaco. Hasta el día de hoy se desempeña como directora de divulgación científica y proyectos en el Museo del Desierto, de Saltillo, Coahuila, México, donde es integrante fundadora. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medioambientales del mundo y en sus sitios https://claudialunafuentes.com

IG: @clunafuentes

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