Entre abogados te veas...
Estar entre personas abogadas no debería verse como nadar entre tiburones, una maldición gitana o una calamidad; por el contrario
Introducción
“Entre abogados te veas”, una frase de idea prejuzgada que alude al mal augurio y al deseo por complicarle la vida a un tercero. A través del presente texto intentaremos ser determinantes y explícitos con la complejidad y majestuosidad en torno a la figura del abogado y la relación que emana de su presencia al momento de operar con el Derecho, pues el libro nace de un descontento del autor y trata de entrelazar la enseñanza jurídica con el marco filosófico para determinar la ética de la abogacía, así como su práctica del Derecho. Por sus profundas implicaciones sociales, el ser abogado es posible descubrir en sus acciones un sinfín de matices y claroscuros que rompen por completo el tradicional esquema dual en el que se le configura.Y es que la abogacía ha sido identificada como uno de los ejemplos más claros de profesión.
Esta frase contiene ideas prejuzgadas que aluden al mal augurio y al deseo por complicarle la vida a alguien; parece tener origen como maldición gitana, lo que no siempre es agradable a quienes tenemos la profesión del oficio de la toga y el birrete.
Mucho se ha escrito al respecto; particularmente, les recomiendo leer a Juan Jesús Garza Onofre, quien aborda la necesidad de un estudio integral que examine de manera interdisciplinar la propia complejidad y polivalencia de la figura del abogado, en relación con diversas estructuras sociales, pero más allá de reflexiones históricas, filosóficas o éticas, me parece importante destacar el papel que juega esta noble profesión en la sociedad.
El tema surge con motivo de la celebración del Día del Abogado en México, cuya fecha oficial se estableció por decreto presidencial en 1960, conmemorando el 12 de julio de 1553, día en que se impartió la primera cátedra formal de Derecho en la Real y Pontificia Universidad de México, antecedente directo de la UNAM, considerada el inicio formal de la enseñanza jurídica en el país, fecha que busca recordar las raíces jurídicas del país y el compromiso histórico de quienes defienden el orden legal.
Pero volviendo a la reflexión, el papel de las personas abogadas en la construcción del Derecho es una muestra de cómo influye el ejercicio de esta profesión en las luchas sociales, el debate público, la política, las causas prioritarias y en la forma en que estos temas son abordados por el sistema jurídico y por la idea de justicia que resulta preponderante en una época y lugar determinados.
El rol social de quienes aplican e interpretan el orden jurídico, desde diferentes trincheras, es trascendente para la sociedad en general, por lo cual es importante replantearnos desde qué lugar ejercemos ese rol, qué valores nos impulsan y qué principios rigen nuestro actuar.
Estar entre personas abogadas no debería verse como nadar entre tiburones, una maldición gitana o una calamidad; por el contrario, tendríamos que pensar en estar rodeados de personas que, haciendo honor a su profesión, tengan características específicas que llenen, al menos algunas expectativas deseables, como podrían ser: conocimiento jurídico sólido, formación continua y actualización, habilidades de comunicación verbal y escrita, y de negociación, capacidad de análisis y resolución de problemas, ética profesional, sin olvidar aspectos humanos como lo son la empatía y la comprensión, así como habilidades prácticas de gestión y organización del tiempo, trabajo bajo presión, adaptabilidad y flexibilidad, etcétera.
Por ello, hoy dejo aquí el decálogo de Couture, que sirve de guía en la búsqueda de estas metas y que, desde nuestra época estudiantil, nos ha marcado una pauta en el ejercicio de esta noble profesión.
Estudia: El Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado.
Piensa: El Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.
Trabajo: La abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de las causas justas.
Procura la justicia: Tu deber es luchar por el Derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el Derecho con la justicia, lucha por la justicia.
Sé leal: Con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti; para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo; para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú dices; y que, en cuanto al Derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas.
Tolera: la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.
Ten paciencia: En el Derecho, el tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.
Ten fe: En el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del Derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia. Y sobre todo, en la libertad, sin la cual no hay Derecho ni justicia ni paz.
Olvida: La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.
Ama tu profesión: trata de considerar la abogacía de tal manera que, el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que se haga abogado.