¿Está la IA desplazando a otras inversiones?

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Opinión
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Su insaciable demanda de agua, electricidad, suelo y materiales podría hacer subir los precios y dejar a otros sectores compitiendo por unos recursos cada vez más escasos

Por Dambisa Moyo, Project Syndicate.

LONDRES- Los analistas de Wall Street no dejan de revisar al alza sus previsiones sobre el gasto en capital relacionado con la IA, y algunos estiman que las principales empresas tecnológicas, entre ellas Amazon, Microsoft, Alphabet, Nvidia y Meta, podrían llegar a gastar hasta 1.4 billones de dólares para 2027. Gartner, una empresa de investigación y consultoría, prevé que el gasto mundial en IA alcance los 2.5 billones de dólares este año.

La astronómica cantidad de capital que se está destinando actualmente a los centros de datos que surgen por todo Estados Unidos, a equipos avanzados de redes y a la infraestructura eléctrica plantea una pregunta fundamental: ¿está la expansión de la IA desplazando la inversión en otros sectores? Tal y comoseñalaron los economistas de Goldman Sachs Jessica Rindels y David Mericle, a quienes difícilmente se podría tachar de luditas modernos, existe un riesgo real de que la IA prive de capital a otros sectores productivos y se convierta en un lastre para el crecimiento.

De hecho, el consenso entre los inversores, tal y como señaló recientemente Torsten Slok, economista jefe de Apollo Global Management, es que el gasto de capital de los hiperescaladores alcanzará aproximadamente el 3 % del PIB anual entre 2027 y 2029. Esto supone un fuerte aumento con respecto al 0.3 % del PIB en 2019 y al 1.4 % en 2025.

Los líderes del sector de la IA y los inversores sostienen que el actual auge de la IA podría generar enormes ganancias de productividad, transformando la economía mundial y mejorando la situación de todos. Al igual que las revoluciones tecnológicas anteriores, la IA promete reestructurar sectores enteros, desde la defensa y la industria manufacturera hasta la educación. También podría reducir los costes en sectores, especialmente la educación y la sanidad, en los que la eficiencia ha sido durante mucho tiempo difícil de alcanzar.

Las inversiones relacionadas con la IA ya se han convertido en un importante motor del crecimiento económico de EE. UU. Morgan Stanley estima que los gastos de capital en esta tecnología podrían suponer hasta un 2.5 % del crecimiento del PIB estadounidense este año y más del 3 % en 2027.

Pero, ¿se está produciendo esta oleada de gasto en IA a costa de otros sectores? En 2025, la IA representó el 65.4 % del valor de las operaciones de capital riesgo en Estados Unidos. Con su voraz apetito de capital, existe una posibilidad real de que el sector prive a otros campos prometedores, como la biotecnología y la nanotecnología, de la inversión que tanto necesitan. Ya en 2024, el ingeniero de IA Abhay Gupta advirtió de que a las startups de sectores que de repente habían perdido atractivo, como las tecnologías verdes y la inversión de impacto social, les resultaba mucho más difícil atraer capital de riesgo debido al auge de la IA.

El efecto de desplazamiento no se limita al capital riesgo. También puede producirse cuando la feroz competencia por el capital eleva los costos de financiación hasta un nivel tal que ahoga la financiación de proyectos o sectores que, de otro modo, resultarían atractivos.

Ya hay indicios de esta dinámica en los mercados de capitales, siendo el más evidente que los costes de financiación, medidos por los tipos de interés reales, han ido aumentando. El reciente repunte de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. podría reflejar en parte la creciente demanda de financiación impulsada por el auge de la inversión en IA; sin duda, también ha contribuido el enfoque “halcón” del nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, respecto a la inflación. Por primera vez en más de 30 años, se está reajustando el precio del capital a medida que la demanda comienza a superar a la oferta. Si la IA está impulsando ese cambio, el resultado podría ser un efecto de desplazamiento masivo.

Para poner en perspectiva la enorme magnitud del capital que fluye hacia la IA, en relación con el PIB de EE. UU., el superciclo de la IA supera a anteriores auges de inversión, como el auge ferroviario de mediados del siglo XIX, la construcción de la red de autopistas interestatales de EE. UU. entre 1955 y 1970 y el programa espacial Apolo.

La variedad de herramientas de financiación a las que se recurre para satisfacer esta demanda es igualmente llamativa. Prácticamente todos los instrumentos financieros e innovaciones desarrollados en las últimas décadas se están utilizando para financiar la expansión de la IA, desde bonos convencionales con calificación de inversión y titulizaciones hasta crédito privado, estructuras tipo leasing y fondos minoristas.

Naturalmente, un volumen tan enorme de emisión de deuda (y capital) ha avivado las preocupaciones sobre las operaciones de financiación circular en las que los principales actores del sector de la IA, incluidos los fabricantes de chips y los proveedores de servicios en la nube, financian a las empresas emergentes del ámbito de la IA. A su vez, estas empresas emergentes destinan ese capital a adquirir hardware y potencia de cálculo de esos mismos proveedores.

Esta estructura de financiación circular plantea riesgos para el sistema financiero y la economía real, especialmente en un momento de subida de los rendimientos de los bonos, en el que el apalancamiento de las empresas de IA podría desencadenar una crisis financiera. El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, advirtió recientemente de un posible “estallido”, o colapso de la burbuja de inversión en IA, que podría desencadenar una grave recesión financiera mundial.

La gran contracción

A este aumento de la demanda de capital se suma una disminución del ahorro. Desde que OpenAI lanzó ChatGPT en noviembre de 2022, la tasa de ahorro de los hogares estadounidenses ha caído del 3.8 % al 3 %, mientras que la inversión en IA se ha disparado. Esto contrasta radicalmente con la situación que se vivió durante el mandato del entonces presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, entre 2006 y 2014, cuando un exceso de ahorro coincidió con un sector privado dominado por empresas con necesidades de capital relativamente modestas, lo que mantuvo bajos los tipos de interés. Hoy en día, un sector intensivo en capital está dominando los flujos de inversión precisamente en un momento de descenso del ahorro y subida de los tipos de interés.

Esto aumenta el riesgo de que se desplace la inversión en otros sectores. El sector privado dispone de una reserva limitada de capital, y su volumen viene determinado en gran medida por cuánto está dispuesta a ahorrar la población. Cuanto más de ese ahorro absorba la IA, menos quedará para todo lo demás, incluidas las fábricas y otras inversiones que requieren grandes cantidades de capital.

Los mercados de deuda ofrecen un indicio temprano de esta tensión. En los primeros ocho meses de 2026, los cinco hiperescaladores más grandes emitieron 132 mil millones de dólares en deuda, en comparación con una media anual de 35 mil millones de dólares entre 2020 y 2024. Y eso sin contar siquiera la financiación destinada a centros de datos, fabricantes de chips y empresas de servicios públicos. Vanguard estima que la emisión de deuda relacionada con la IA podría ascender a un total de entre 300 mil y 570 mil millones de dólares para todo el año.

El aumento de los costes de capital indica que la demanda está superando a la oferta. Con tanto capital fluyendo hacia los centros de datos y la infraestructura de IA, el aumento de los tipos de interés encarece la obtención de fondos en el mercado de bonos para otros sectores. A medida que aumenta la demanda de capital impulsada por la IA, el endeudamiento de otros sectores debe reducirse para que el mercado recupere el equilibrio. Cuando la oferta de capital es inelástica, es inevitable que parte de la demanda quede insatisfecha. Si esto llegara a ocurrir, la economía podría sufrir el “inviernodela innovación” sobre el que advirtió Eurasia Group en 2019 como posible consecuencia de la escasez de capital.

Otro indicio del efecto de desplazamiento es la creciente brecha entre el rendimiento de las acciones relacionadas con la IA y el del resto del mercado. Entre 2023 y 2025, los “Siete Magníficos”, Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla, superaron con creces al S&P 500, llegando a representar en ocasiones hasta dos tercios de las ganancias totales del índice.

En conjunto, estas siete empresas representan ahora más de un tercio de la capitalización bursátil total del S&P 500. RBC Wealth Management ha denominado a esta concentración el “Gran Estrechamiento”, describiéndola como aún más pronunciada y arraigada que durante la era de las puntocom, que, por supuesto, terminó en una caída. Aunque RBC reconoce que la concentración no implica necesariamente una burbuja, los riesgos son reales, y van desde el perjuicio que un mal informe de resultados de una sola empresa podría causar al índice en su conjunto hasta la amenaza más grave para la economía si la confianza en la IA se tornara repentinamente negativa.

Además, el capital no es el único recurso por el que compite la IA. Su insaciable demanda de agua, electricidad, suelo y materiales podría hacer subir los precios y dejar a otros sectores compitiendo por unos recursos cada vez más escasos.

Las recientes presentaciones de resultados de las empresas sugieren que esto ya está ocurriendo en algunos ámbitos. Intel, por ejemplo, ha indicado que el suministro de semiconductores se está destinando a la IA en detrimento de los ordenadores personales. El fabricante de ascensores Otis y la constructora Lennar han señalado la escasez de mano de obra cualificada y de capacidad de construcción, lo que está retrasando los proyectos. IBM ha señalado que los presupuestos de TI se están desplazando hacia la IA y alejándose del hardware y el software convencionales, mientras que Micron y SK Hynix han informado de una escasez de memoria que limita la producción de ordenadores personales y teléfonos inteligentes.

¿Desplazamiento o incorporación?

A pesar de las numerosas pruebas financieras y anecdóticas, la afirmación de que la IA está desplazando otras inversiones dista mucho de estar demostrada. Hay al menos tres razones para cuestionar esta narrativa, una de las cuales sugiere que el auge de la IA podría estar teniendo precisamente el efecto contrario.

Para empezar, no hay pruebas claras de “efecto de desplazamiento” en los datos macroeconómicos. Puede que la IA esté absorbiendo una mayor parte de la inversión, pero eso no se ha visto compensado por una disminución de la inversión en otros ámbitos. De hecho, los datos de la Oficina de Análisis Económico muestran que la inversión privada bruta como porcentaje del PIB de EE. UU. se ha mantenido, en líneas generales, estable.

En segundo lugar, el aumento de los tipos de interés podría reflejar una revalorización de los activos financieros más que un efecto de desplazamiento. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años ha subido más de 33 puntos básicos desde principios de año, pero ese aumento se ha atribuido en gran medida a la guerra con Irán y a las renovadas preocupaciones por la inflación tras el repunte de los precios de la energía. Con tantas fuerzas impulsando al alza los tipos, es difícil afirmar con certeza en qué medida esta tendencia refleja el impacto de la IA.

El tercer contraargumento se basa en la denominada paradoja de Jevons: cuando una nueva tecnología hace que un recurso sea más productivo y eficiente, la consiguiente reducción de los costes puede reforzar, en lugar de debilitar, la demanda de dicho recurso. Según esta lógica, la IA podría aumentar la productividad, reducir los costes e impulsar la demanda de una amplia gama de bienes y servicios, lo que llevaría a las empresas a invertir más en respuesta a ello. La inversión en IA podría convertirse así en un catalizador de la inversión en otros sectores, generación de energía y servicios públicos, servicios financieros y computación en la nube, en lugar de absorber capital de los mismos.

Por ahora, la IA parece estar desplazando la inversión de forma marginal y no de manera generalizada. Es evidente que está desviando capital y recursos de otros sectores, pero aún no hay pruebas suficientes para concluir que esté lastrando la inversión global o el crecimiento económico. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Dambisa Moyo, economista internacional, es autora de “Edge of Chaos: Why Democracy Is Failing to Deliver Economic Growth—and How to Fix It“ (Basic Books, 2018).

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