García Luna, la película... digo, el juicio
El cine y la TV nos formaron una idea equivocada sobre la manera en que se desarrollan los juicios en una corte. Desde “Ahí Está el Detalle” hasta “12 Angry Men”; pasando por “The Accused”, “Philadelphia”, “The Verdict”, “A Few Good Men”, “To Kill a Mockingbird”, “My Cousin Vinny”, “Sleepers”, etc... En todas la intriga se mantiene hasta que el juez dicta su sentencia en el momento clímax.
La realidad es menos teatral y mucho más pragmática. No es como que la defensa o el fiscal se estén guardando al testigo sorpresa para el último minuto y así dejar boquipendejo al juez y a todos los respetables miembros del jurado, logrando un efecto dramático que consiga un veredicto favorable y una emotiva escena final:
Int./Día/Tribunal.- Se abrazan, fundido a negro, corren créditos: “Dirigida por Enrique Segoviano”.
¡Pues no! Digo, si yo fuera el abogado de Genaro García Luna, no iba a estar prolongando el suspense nomás para mantener a la audiencia cautiva y los ratings elevados. Desde el primer día habría declarado a mi cliente inocente para descargar toda la responsabilidad posible en Felipe Calderón, de ser el caso, desde el día uno.
Y ello tendría desde luego muy contento al Mr. Magoo de la Garnacha, el Tata López Obrador, pues grandes eran (son) sus expectativas fincadas en este juicio; expectativas que no tienen nada que ver con la justicia o el imperio de la ley, sino con un repunte de su popularidad, que hoy dista de ser el fenómeno que fue al inicio de su gestión.
De allí que AMLO se enfurezca porque los medios no le dan la cobertura que él esperaba a “La Madre de Todos los Juicios”. Pero pasa que de hecho todos los medios y agencias le están dando puntual seguimiento, sólo que no acontece el giro informativo espectacular que AMLOVICH anticipaba, ese en el cual Felipe de Jesús Calderón Hinojosa era señalado como Il Capo di Tutti Capi.
A AMLO, sabemos, no le basta el enorme poder que se le confirió con la máxima investidura del País, quiere ser además el editor en jefe de todas las salas de redacción de todos los medios noticiosos de México, para así darle su particular tratamiento a cada cosa que se publique y otras de plano mejor no publicarlas.
Y si usted quiere hacerse una idea sobre la forma en que le gustaría a Su Alteza Garnachísima que se abordase el juicio de García Luna, vaya a escuchar (bajo su propio riesgo) los comentarios que puntualmente vierte el apologista número uno de la 4T, el abyecto Epigmenio Ibarra, quien sin aportar nada nuevo, editorializa jubiloso sobre el feliz día en que el pérfido de FeCal será imputado por crímenes contra la humanidad y nexos con el narcotráfico. Puros comentarios viscerales, ya que hasta ahora, el tal juicio no ha sido lo que esperaban.
Transcurrieron 11 días y nueve sesiones antes de que se mencionara por vez primera el buen nombre del “espurio” Calderón. ¿Y fue acaso señalado por su ex secretario de Seguridad, García Luna, tal como pronosticaba nuestro pachiche Mandatario?
Pues no. En realidad fue un testigo, un tal señor “don Diablo”, el cual trabajaba como fiscal en el bello Estado de Nayarit (hasta acá se oyó un suspiro), quien asegura que en efecto, hubo instrucciones de favorecer las actividades del “Chapo” Guzmán, mismas instrucciones que salieron de una reunión de altos mandos en la que habría estado presente don Felipe de Jesús mil veces.
Tal cosa declaró el señor Diablo, versión que por supuesto Calderón rechazó. ¡Vaya sorpresa! ¡Ni modo que dijera qué!: “¡Ah!, sí, ya me acordé: ¡Era jueves, porque de ahí nos fuimos a la Hora Feliz!”.
Yo no considero en absoluto improbable... es más, hasta me parece altamente plausible que, como Presidente, FCH haya favorecido a un cártel para tratar de mantener a los otros a raya, nomás para que al final se le hiciera “borolas” el engrudo, terminando con un episodio tan pinche violento como la Revolución Mexicana.
Pero de ello a que exista evidencia de semejante orden, mandato o instrucción, hay tanta distancia como la hay entre el lector promedio y Babo.
Parecen olvidar los que se cilindrean con los “editoriales” de Epigmenio, o quienes se autocomplacen viendo La Mañanera, que cualquier mandatario de cualquier gobierno ordena ejecutar acciones terribles, crímenes inconfesables a no dudar, pero sólo los más idiotas dejarían evidencia, rastro y constancia de haber girado tales órdenes.
A quienes esperan ver la ruina de Felipón Calderón, me temo que es altamente improbable. Y vaya que yo no tengo empachos en que se le persiga, enjuicie o encarcele (los tarados luego creen que ser crítico del presente gobierno lo vuelve a uno panista y calderonista con un ‘crush’ con Margarita Zavala, pero ya le digo, son nomás los más tarados). Sólo veo más probable ver a FCH echándose otro chapuzón con el “Checo” Pérez que calentando cemento.
Hasta el momento, el Juicio del Sexenio ha salpicado con más consistencia a otros personajes de la 4T que no esperaban participar de semejante estercolero, a saber: La gobernadora morenista de Campeche quien, según otro testigo (un ex policía federal) estaba al tanto de las reuniones de García Luna con los señores del sindicato del mal y sencillamente no hizo nada; calló, aun siendo senadora.
“Mas sin en cambio”, la declaración más emocionante hasta el momento la dio un distinguido coahuilense, el ex secretario de Finanzas de Humberto Moreira, Javier Villarreal Hernández, quien se encuentra detenido en Texas como testigo protegido desde que los Rolling Stones eran jóvenes.
Dice este operador del “moreirazo” que el ex secretario García Luna dio sobornos al diario El Universal para tratar de “limpiar su imagen” (¡ya ven cómo en el fondo sí le preocupa lo que digan de él!). Y agrega que, en cierta ocasión, para “acompletar” los millonarios chayotes que le daban a “El Gran Diario de México”, García Luna le pidió de favor a Humbertico Moreira “si no tenía unos milloncitos que le sobraran de cambio” y en efecto, el Profe habría aportado unos “dos semillones” para esta noble causa.
Tal cosa afirma Villarreal Hernández, lo cual desde luego rechazan en forma categórica tanto El Universal como el profe bailarín. El medio informativo aduce, olvidando toda lógica que: “no hay evidencia de tales sobornos”. ¡Pues qué esperaban! Ni modo que hubiera un ticket sellado para el estacionamiento y todo. Necesitan los de El Universal recordar aquella máxima: “las putas no dan factura”. Mientras que nuestro bien amado docente asegura que él ni se llevaba bien con Calderas y que por lo tanto es imposible que haya tenido tal gesto para con uno de sus subordinados. (¿Sí, tú? ¡Ándale!).
Tales pronunciamientos eran de esperarse. Lo que sin embargo no anticipé, es que el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, saliera en La Mañanera a otorgarle personalmente el beneficio de la duda a Moreira Valdés.
El hombre que primero lincha y después averigua, el que reparte juicios y condenas a diestra y siniestra, el que sin más pruebas que sus tompiates decide quién es persona íntegra y quién es un traidor a la Patria, salió ayer a pedir ¡mesura y templanza!, a pedirnos “no adelantar juicios” sobre el profesor Humberto Moreira Valdés.
¡What the Fuck, ami-chairos! Alguno de ustedes explíqueme por favor, si es que algo de caridad les queda en sus enajenadas almas: ¿Por qué AMLO, siendo tan culipronto para condenar a sus adversarios, el que sea: (Calderón, Loret, Aristegui, la elocuencia...) es ahora tan cauteloso para largar un juicio sobre alguien tan asociado a las peores corruptelas del priismo?
La verdadera ignominia, empero, es que el juicio contra García Luna se esté realizando en los EEUU, ya que no existe ninguna -NINGUNA- carpeta de investigación abierta por la justicia mexicana en contra de ninguno de los antes mencionados (y eso que hasta AMLO hizo su consulta para juzgar ex presidentes y funcionarios).
Pero es que para AMLO lo más cómodo y conveniente es precisamente que dicho juicio se celebre en EEUU, pues lo último que quiere el Presidente es que Calderón vaya a la Corte (ello implicaría salpicar a sus benditas Fuerzas Armadas). En cambio así, de no llegar la autoridad norteamericana a nada, López puede deslindarse y decir que la justicia gringa falló miserablemente. Y muy probablemente falle pero, a diferencia de la justicia mexicana, al menos lo habrá intentado.
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