Las tradiciones de la muerte en las costumbres de dioses y humanos

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Opinión
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En México, la muerte ha sido una construcción de tradiciones y signos dictados por viejas costumbres

Los griegos pusieron en la arbitrariedad de la fortuna el destino humano. Por eso, lo entregaron a las tres diosas a las que nombran las Moiras, hijas del Érebo y de la Noche. Ellas son las encargadas de la duración de la existencia: Cloto se ocupa de hilar y ovillar el hilo que representa la vida; Láquesis distribuye las suertes y mide con una vara la longitud del hilo y, llegado el momento, Átropos lo corta con sus tijeras y acaba de tajo con la vida.

También otras imágenes de la mitología griega tienen la personificación de la muerte: el joven efebo, hermano del Sueño, y la figura del genio que lleva una antorcha apagada. Los griegos también llamaron Parcas a las Moiras, aunque esa denominación corresponde a los romanos, en cuya mitología son las diosas de los alumbramientos: las Parcas, Nona, Décima y Morta, presiden el destino de los hombres. Sean Parcas o Moiras, ambas representan el poder que vela sobre el destino del hombre desde que nace hasta que muere.

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La muerte es un tema recurrente en la literatura. Lo mismo se encuentra en textos antiguos que en los más recientes, y no sólo los escritos religiosos lo tratan una y otra vez. La Ilíada tiene un bello pasaje en el que Homero deja ver hasta qué punto la pérdida puede conmover a Zeus, el dios mayor del Olimpo, en sus entrañas de padre. Cuando ve que Sarpedón, uno de sus hijos, está a punto de sucumbir bajo la espada de Patroclo en la guerra de Troya, le comunica a su esposa Hera su deseo de impedir ese desenlace. Hera le contesta: “¿Quieres arrancar por segunda vez a la sombría Parca a un mortal destinado a sucumbir desde hace largo tiempo? Satisface este deseo tuyo y excitarás la murmuración de todos los dioses”. Zeus se inclina, impotente. Y Homero escribe: “El padre de los dioses y de los hombres deja de oponerse al curso del Destino. En testimonio de su dolor, hace destilar de los cielos un sangriento rocío”.

Los romanos representaron la muerte en las famosas Parcas, tan cantadas en el muy mexicano ejercicio de las “calaveras”, versos dedicados generalmente a famosos y políticos. Son las diosas de los alumbramientos y presiden el destino de los mortales; sus nombres son: Nona, Décima y Morta, según sus respectivos oficios. La tradición cristiana occidental no representó fallecidos en los primeros tiempos, sino resucitados, y luego cambió el simbolismo para expresarlo en los monumentos funerarios, donde se evocaba al difunto y no propiamente a la muerte.

En México, la muerte ha sido una construcción de tradiciones y signos dictados por viejas costumbres. La conmemoración de los días 1 y 2 de noviembre es una de las festividades culturales más ricas y emblemáticas del mundo, ya que fusiona rituales prehispánicos y elementos del catolicismo colonial para honrar la memoria de los seres queridos de una manera colorida y festiva. Esta devoción se manifiesta en los ritos fúnebres, los conjuros del muerto, los lamentos rituales, las plegarias y los altares dispuestos para invocar y recibir a las almas que regresan transitoriamente del más allá.

Celebraciones en puerta. Tumbas y epitafios

En estas ofrendas destacan diferentes elementos: imágenes y objetos personales de los difuntos a quienes están dedicadas, la emblemática flor de cempasúchil con su característico aroma y vibrante color naranja que sirve de guía a las almas en el regreso a sus antiguos hogares, junto con la luz de la fe y la esperanza representada en las velas y veladoras que iluminan y guían a los espíritus en la oscuridad de su regreso. Se suman el pan de muerto y las calaveritas de azúcar con el nombre del difunto escrito en la frente, así como el mole, los tamales y la calabaza en tacha, preparados para saciar el hambre de las ánimas tras su largo viaje. Y en otro plano, los monumentos mortuorios y las sencillas tumbas del panteón. Todo forma parte del arcaico culto a los muertos y su consagración memoriosa.

Todo México comparte el mismo trasfondo de la conmemoración; sin embargo, algunas regiones se distinguen por sus tradiciones particulares en la celebración del Día de Muertos. Janitzio y Pátzcuaro, en Michoacán, son famosos por su procesión nocturna de pescadores en sus canoas con redes iluminadas por velas que, al navegar por el lago, crean un mágico reflejo dorado. En el sur de la Ciudad de México se realiza “la Alumbrada”, en el poblado de Mixquic, un momento en el que el cementerio y sus alrededores se iluminan sólo con la luz de miles de cirios, velas y veladoras encendidas sobre las tumbas.

Desde el año 2000 publica en VANGUARDIA su columna Desde mi Barrio, donde se ocupa preferentemente de temas locales.

En la UAdeC fue profesora del Ateneo Fuente y dirigió el Departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo. Posteriormente formó parte del equipo fundador del sistema de Universidades Tecnológicas de Coahuila. Desde su fundación en 1999, se ha desempeñado como coordinadora de Biblioteca y como directora general en el periodo 2021-2024, en el Centro Cultural Vito Alessio Robles, en Saltillo.

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