Hablemos de Dios 296: ¿Creer o pensar?

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Opinión
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Gracias por leerme. Gracias por atender estas letras sabatinas donde exploramos a Dios. Bueno, lo tratamos de hacer. Y usted y nadie más tiene la fe y las respuestas. Nadie más. Muchos, hartos comentarios me han llegado con motivo de los últimos textos aquí perfilados. En honor a la verdad, no quiero incomodar a nadie, no quiero convencer a nadie y no me importa en lo más mínimo si Dios me hace caso o no, yo cumplo con buscarlo. ¿Él? Está lejos, muy lejos de mi pálido alfabeto.

¿Deseo que me hable? ¿Y cómo para qué? Las respuestas están aquí en la tierra, no en el cielo, en el cual no creo ni un ápice, seamos francos. Empecemos la crítica y empecemos a eso, que la mente nos gire, que el agua nos suba al tinaco: creer con razón e inteligencia, no sólo con el corazón y los sentimientos, los cuales no llevan a ninguna parte.

https://vanguardia.com.mx/opinion/hablemos-de-dios-295-CH23421560

Cosa curiosa, lo he escrito reiteradamente a lo largo de los años aquí en este espacio privilegiado de libertad lo cual es VANGUARDIA: muchos humanos creen en una vida eterna fuera de esta vida. ¿Ser inmortal? Caramba a quién se le ocurre semejante idea estrafalaria, absurda y estúpida. No hay nada mejor a un motivo: descansar en paz, en el silencio del sepulcro hasta ser agotado por los gusanos y larvas. Es aquello escrito en Eclesiastés, la Biblia: “El muerto nada sabe, nada siente. El muerto, muerto está. Los muertos nada saben” (Eclesiastés. 9.5).

Ojo: Dios no puede ir contra su palabra, su “creación perfecta” digámosle así. Si el muerto, muerto está ¿por qué habría de “revirar” Jesucristo o Lázaro? No, señor lector, hay eruditos con sus ideas bien plantadas (no ateos, sino cristianos) los cuales mantienen esta tesis: jamás, nadie ha revivido. Son etapas oscuras del conocimiento del humano, de su cuerpo y cosas oscuras de la medicina, de lo cual no tienen explicación racional, pero nadie muere y revive. Nadie.

¿Alguien lo hace? Entonces sería Dios mismo. Ojo. Por hoy, y abonando letras a la polémica, vamos a arrimarnos al fogón de las brasas ardientes de la inteligencia. La bella psicoanalista, Anne Jung, así la he bautizado y le ha dado una risa de la patada y claro, ya me reclamó lo anterior. Me dijo por teléfono: “Ja Ja, ay maestro, sólo a ti se te ocurre lo anterior. Sé que tu doctor favorito es Víctor L. Frankl, el padre de la logoterapia, yo lo amo y lo sigo, pero tú sabes más que yo de él. ¿Por qué no me bautizaste como Anne Frankl... ja ja. Me encantas. Usted me dice si tertulia en tu cantina la próxima semana Jesús. Sí te quiero y te respeto. Gracias a Dios no eres psicólogo, volverías locos a tu clientela maestro, ja ja...”.

De entrada, mi señor lector, ¿la psicología es una ciencia o es una engañifa? ¿Es algo serio o algo simulado? ¿Usted le tiene respeto a un psicólogo y cree en él? ¿O de plano piensa usted que lo está esquilmando? Carl Gustav Jung, al cual estoy contra reloj leyendo y explorando, en “Psicología y religión” dice o afirma lo siguiente: la función religiosa es una función de la psique “natural y existente desde siempre”, tan fuerte o más fuerte al instinto sexual o a la ira y agresividad de los humanos. ¿Qué nos empuja a entrar o tratar de entrar en contacto con Dios? Bueno, esa deidad llamada Dios.

ESQUINA-BAJAN

Lo repito: Creemos por fe. A secas y en la oscuridad. Tal vez eso al final de cuentas sea Dios. Ese intangible, invisible y al final de cuentas, un faro de luz en la oscuridad de nuestro ser. ¿No hay solución aparente a un problema brutal y mayor? Pues caramba, encomendarse a Dios, lo que eso signifique hoy para los humanos. Los cuales quieren más a un perro, a un gato, un árbol... y no a un ser humano.

https://vanguardia.com.mx/opinion/block-de-notas-115-la-realidad-a-todos-sepulta-EA23458419

Para el llamado padre de la psicología de la inteligencia emocional, Daniel Goleman, enseñar eso llamado “fe” a los niños y desde niños, es la diferencia entre niños directos al éxito y los otros directos al fracaso. ¿Usted cree en lo anterior? Lea usted un pálido fragmento: “Fe. Corresponde al sentido del control y dominio de sí mismos y del entorno, a la sensación por parte del niño de tener mayores probabilidades de éxito que de fracaso y de tener fe en que, en cualquier caso, los adultos le ayudarán”.

¿Y quién es el mayor adulto de todos? Dios. Sin duda. Avanzamos: La cultura no se aprende, se mama. La cultura y las manifestaciones del arte en general, no se intelectualizan (también se puede): se sienten, se saborean, se le meten a uno en la piel y en el esqueleto. La cultura en general y el arte en particular no es una “bonita ocupación” ni “actividad placentera”, no: es la vida misma. Y la cultura en su sentido antropológico, no se aprende, se mama de todo lo cual nos rodea. Lo hacemos y, al hacerlo, lo disfrutamos y lo padecemos. No hay contradicción. Por eso lo de Sigmund Freud: “El malestar de la cultura”. La cultura nos hace libres y eso siempre inquieta.

¿Es mejor estar sumidos en la ignorancia primigenia y atarnos sólo a las pasiones primarias como ser humano? Comer, beber, defecar, dormir, amar, soñar, trabajar... ¿Y luego? La nada. El vacío existencial. Haber: la enseñanza, la educación no es sólo una transmisión de conocimientos, destrezas, habilidades, legar métodos de maestros a estudiantes, no; la educación, la enseñanza viva debe traer en sus aparejos un proyecto de vida misma.

LETRAS MINÚSCULAS

¿Dios forma parte de lo anterior? Sí y no.

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Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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