Hablemos de Dios 295

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Opinión
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“Jesús –me dijo mientras brindábamos con una buena copa de vino tinto en la mano–. Si fueras mi paciente no sabría qué hacer contigo ingrato. Los jueves me tienes entretenida con tus andanzas literarias y eróticas. Me gustan mucho tus aventuras con la señorita regia, jaja. Y claro que no existe y sí existe, a mí no me engañas. Bueno sí, pero lo haces bien. Luego, los sábados ahí me tienes coleccionando tus textos sobre Dios, la Biblia y Jesucristo. Los debo de tener todos y desde hace años. Los lunes sigues siendo el Jesús Cedillo de siempre: rudo, crítico, áspero. Y los domingos ni se diga, tu éxito en la gastronomía, los vinos y la literatura ya es seguro... pero....”

Mi amiga es psicóloga, psicoanalista; tiene un consultorio muy acreditado y luego de la pandemia del maldito bicho chino, su éxito ha sido el doble y rotundo. Tarde o temprano, todo mundo hemos necesitado ayuda. De una u otra forma. Mi amiga a la cual tengo años de conocerle, aquí la vamos a bautizar como la bella Anne Young. Por aquello de que ella dice no estar casada con Sigmund Freud (su hija fue Anne) e igual, dice no estar casada con Carl G. Jung. Por lo cual y por razones prácticas, es Anne Jung. ¿Cuál es su “pero”, señorita guapa? Le digo mientras sorbemos de nuevo un trago en nuestras copas en el Bistro Republique.

https://vanguardia.com.mx/opinion/hablemos-de-dios-294-el-silencio-del-cielo-FE23279480

-Mira maestro, eres rudo y socarrón. Un provocador. Todos tus ensayos muerden de una u otra forma. Y eso es tu éxito. Insisto, si fueras a mi consulta no sabría qué hacer contigo. Así cómo eres, tal vez te burlarías de mí. Pero, si te quiero como buen amigo. El punto es lo siguiente: muy rara vez abordas en tu saga de hablar de Dios, explorar a Dios, el punto de vista, la ciencia y todas las opiniones que se han vertido sobre Dios por parte de psicólogos, analistas, terapeutas. Sé que tienes mucho trabajo y lecturas pendientes, pero te dejo la anterior apreciación y tarea Jesús...

La bella y guapa doctora Anne Jung, con años de trabajo y lecturas en sus ojos, tiene razón. No he explorado a Dios mediante la reflexión y palabra de psicólogos y analistas de eso llamado la mente humana. Me callé en la tertulia un buen rato. Sí, me hizo reflexionar harto. Le prometí una saga de textos al respecto bajo su manto y palio y enfoque y aquí estoy acometiendo la tarea y el trabajo pactado. Va a ser una trilogía de entrada. Pero espero ir avanzando conforme mis notas y lecturas avancen. Tema delicado y complicado. Tema apasionante.

Creemos por fe. A secas y en la oscuridad. Tal vez eso al final de cuentas sea Dios. Ese intangible, invisible y al final de cuentas, un faro de luz en la oscuridad de nuestro ser. Para el padre de la psicología de la inteligencia emocional, Daniel Goleman, enseñar eso llamado “fe” a los niños y desde niños, es la diferencia entre niños directos al éxito y niños directos al fracaso. Lea usted un pálido fragmento al respecto: “Fe. Corresponde al sentido del control y dominio de sí mismos y del entorno, a la sensación por parte del niño de tener mayores probabilidades de éxito que de fracaso y de tener fe en que, en cualquier caso, los adultos le ayudarán”.

¿Acaso no es lo anterior la figura de Dios mismo, Dios padre como protector de todo y de todos?

ESQUINA-BAJAN

¿Usted ha oído hablar del “Síndrome de Bonnet”? En materia psicológica se les atribuye a las personas que ven o tienen alucinaciones. El contenido y forma de las alucinaciones puede variar en cada paciente. Puede haber y hay alucinaciones de animales, individuos, alucinaciones en grupo, plantas, minerales y un largo etcétera. ¿Y si Dios es una alucinación de un ser humano (Moisés) el cual ya luego se nos vendió como una aparición celestial? No, no es descabellado y hay mucha literatura la cual estoy revisando de esto en este momento.

Igual a lo anterior es lo siguiente, el fenómeno de “ecolalia”. Y esto contra todo lo que pueda pensarse es una de las bases no pocas veces de los cultos de los hermanos cristianos. En estado de éxtasis, desbordados, ellos hablan en “lenguas”, y la gente cree a pie juntillas que están hablando en hebreo, arameo, árabe y en comunicación con Dios. ¿Cómo saberlo? Lo bien cierto es que la ecolalia es un trastorno del lenguaje de la gente que padece demencia, catatonia, histeria o el Síndrome de Tourette.

Y en este rápido liminar para entrar en materia en dos o tres ensayos posteriores, cómo no dejar constancia de la “Enfermedad sagrada”. Así bautizada desde los tiempos de Hipócrates. Es la epilepsia. Estas crisis pequeñas o grandes, terminan no pocas veces con el enfermo en el suelo, echando espuma por la boca, pérdida de conocimiento, alucinaciones, gritos sin sentido y sí, una crisis de personalidad total.

https://vanguardia.com.mx/opinion/hablemos-de-dios-293-la-vision-de-fernando-savater-EC23127517

Extáticos. Hay crisis de epilépticos llamadas “extáticas”. Y uno de los famosos epilépticos de este tipo y pelaje, es nada menos que el grande de la literatura universal: Fiódor Dostoievski. Incluso, bien leídos y analizados sus libros, hay personajes con este tipo de enfermedad bosquejada. Cuando terminaban estas crisis, el escritor ruso decía de una “extraordinaria sensación de paz, felicidad e incluso comunión mística con Dios”.

La pregunta es obvia: ¿Dios es entonces una enfermedad, una alucinación? De serlo así, ¿por qué dichos enfermos se “comunican” con Dios y un ser humano, digamos, normal, no puede no quiere o puede hacerlo?

LETRAS MINÚSCULAS

Vamos iniciando esta aventura de leer y entender a Dios bajo los ojos de psicólogos y psicoanalistas... en honor a la bella doctora Anne Jung. Vale.

Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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