Hablemos de Dios 297: ¿es mejor o no creer en Él?
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Me meto en cada pantano que Dios mío, es un berenjenal bien hecho. Esta exclamación es sincera y no tiene otro resabio. Sencillamente me llueve en mi milpa sabatina al hablar y explorar a Dios. Todos, todos estamos creciendo con ello. Qué pretencioso, ja, pero así es y lo digo sin jactancia alguna por lo siguiente: debido a sus comentarios y apostillas, pues aquí sigo, explorando a Dios, la Biblia y al maestro Jesucristo desde todos los ángulos posibles a mi pálido alcance, letras e inteligencia.
El mérito es suyo, no mío. Mi amiga, la doctora, la bella psicóloga y terapeuta, la cual endereza la mente (es un decir, pues), la señora Anne Young, me trae bien jodido con sus comentarios. A reserva de que me vuelva a insultar (en el buen sentido, claro) en la próxima tertulia y claro, polemice conmigo y claro, es mejor a mí, me voy atrever a lo siguiente. Me dijo un día: “Mira maestro Cedillo, Dios al cual amas y detestas al mismo tiempo, no te da poder de otro tipo porque eres tremendo. Hundirías al mundo o bien, lo salvarías. Ambas cosas imposibles. Pero bueno...”
“Mira maestro, yo escucho, cosa muy difícil. Todo mundo está muy atormentado y escuchar, eso, escuchar, es otro mundo para nosotros los psicólogos y terapeutas. Te burlas y es bueno, pero la gente necesita eso: ser escuchada, ¿por quién? Pues por alguien intangible... sí, como Dios. ¿Por qué le hablan a Dios sin saber de él, por qué le hablan y le piden sin saber al menos si existe o no existe? ¿Y los milagros, qué son maestro? ¿Existen los milagros?”
“Es como usted una vez o muchas lo ha escrito: ¿es un milagro, el azar o el destino? Ahora bien, maestro Cedillo, no estoy molesta, al contrario, estoy halagada por tus comentarios y que sea parte de tu reflexión sobre Dios. Pero, si te reclamo que seas parcial y no sepas la profundidad de esto. Mira, muy rápido, una señora millonaria a la cual estoy tratando en mi consultorio, es guapa aún, no obstante su edad, ha viajado casi todo el mundo. Su esposo la engaña desde siempre y cuando fue por primera vez a mi consulta me dijo: ‘Doctora, por qué Dios me hace esto’”.
“Empezó a llorar, le acerqué un pañuelo, me callé. Ignoro cuánto tiempo hasta que ella se tranquilizó. ¿Sabes que hice, maestro? Al final no le receté ningún fármaco, tampoco le hablé de Dios. Le receté dos libros de lectura: “Vivir para contarla” de Gabriel García Márquez y “Confieso que he vivido” de Pablo Neruda. Usted lo sabe maestro ambos premios Nobel de Literatura. Y creo sabes a dónde voy: la vida se vive, se disfruta, se padece y al final, pues se muere. Así de simple. Dios no tiene nada qué ver aquí en la tierra, como usted lo ha escrito infinidad de veces. La vida es vivir”.
“Te lo repito maestro, gracias a Dios no tienes poder alguno, que lo tienes y lo sabes: la letra, la palabra, la inteligencia y eres poeta y escritor y modificas nuestro entorno, nuestra inteligencia, nuestra crítica y eres influyente, no te hagas pendejo maestro. Ja ja. Lo sabes. Pero ¡Ay! Maestro, si fueses psicólogo y tuvieses consulta, todo mundo se iría al cadalso, ja ja. Anda, vamos a brindar y dime lo que actualmente lees...”
ESQUINA-BAJAN
Brindamos. Toda la tarde brindamos y claro, me emborraché. ¿Y la doctora Anne Young? Pues jamás. Es una dama. Las damas jamás se emborrachan. Guardan la vertical y ella se veía más guapa que nunca. Con su discurso y palabras, claro que me enamoré de ella y le pediría matrimonio. Pero ¿A dónde iríamos el par de locos? A ningún lado, claro. Tal vez y sólo tal vez, arderíamos juntos en el aposento. Pero, otro dato, ella es casada y es feliz con su esposo, mi amigo. En fin.
El filósofo y teólogo Juan Arias, avecindado en Brasil escribió un día: “Cada vez que hoy me preguntan si creo que es mejor o no creer en Dios suelo responder que eso no tiene importancia, ya que si existiese Dios, lo importante sería que él creyera en nosotros...”
El teólogo Juan Arias, escritor de altos y precisos vuelos el cual es un “ave raris” de la teología mundial, tiene razón. Tiene varios libros donde explora a ese inasible Dios. Pero lo hace de una manera majestuosa y con la razón, no portando estampitas milagrosas ni prendiendo veladoras inútiles. Por lo demás y también, el Salmo 103 dice en todas las Biblias, en todas: “Bendice, alma mía, a Jehová...”.
¿Lo nota? La misma Biblia lo dice: Jehová, Dios o como usted guste llamarle, lo necesita a usted para existir, no al revés: nosotros no necesitamos a Dios, él nos necesita para vivir y ver su creación en movimiento. ¿Usted ha leído los dos libros anteriores citados por mi doctora Anne Young? Le urjo a hacerlo. ¿De qué hablan ambos libros de los dos mejores escritores en lengua española? Algo sencillo y complicado: vivir. Sólo eso, vivir. ¿Vivir sin Dios? es elección, es decisión. No imposición.
La bella doctora me hizo de nuevo y como siempre, pensar. Es ruda en su conocimiento por un motivo: ha leído y harto, tal vez más a su servidor. Ella nunca habla de “superación personal”, “tener buenos sentimientos”, “tener una actitud positiva”, “amar al prójimo”, “echarle ganas”, ¡basura, pues! Ella habla de cosas profundas y delicadas como eso: vivir. Sólo vivir. Apostar la vida y luego, morir.
LETRAS MINÚSCULAS
Sí, esa tarde fue una de las mejores de mi vida. Dios en medio de nosotros. Lo sentí...