Hacer disidencia como propósito para recibir el año 2026

Opinión
/ 28 diciembre 2025

La voluntad ciudadana se expresa a diario en las decisiones tomadas, en las interlocuciones que tenemos con nuestros amigos, compañeros de trabajo y, en general, con el resto de quienes, como nosotros, viven en esta sociedad

Estará bien, por una vez, hacerla de discusión –pero de discusión inteligente– en una cena de Año Nuevo. Es decir, hablar realmente de lo que nos importa. Dejar, como semillas, pensamientos novedosos en forma cortés, pero firme. Ya la realidad no está para que sigamos postergando temas que nos hagan reflexionar, o simplemente para que compartamos lo que en realidad pensamos, y esto es, un poco, hacer disidencia.

Pero, para empezar, ¿qué es la disidencia? Se puede decir, en términos generales, que es mantener una posición opuesta o al menos distante de las prácticas e ideologías de quienes gobiernan y operan el poder en los distintos niveles. Pues ahora, más que nunca, podemos mostrar desaprobación por el modelo sociopolítico vigente, el cual permanece a pesar de haberse registrado un cambio masivo de un partido hegemónico a otro igualmente hegemónico.

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Claro que hay cambios positivos, como el incremento salarial y la finalmente aprobada reforma, en tandas, de las 40 horas laborales. Pero vayamos a nuestras incidencias para poder hacer disidencia. De acuerdo con Éric Sadin, escritor y filósofo francés, la ciudadanía ha confundido el acto de votar con un acto de libertad. ¿Hasta dónde operaría que respondiéramos afirmativamente a este acto de “libertad”? Aquí la lupa de cada uno empieza a operar: veamos la elección de candidatos; ésta no es nada libre, pues el grupo de entre el cual cada ciudadano elige ha sido determinado por fuerzas e intereses muy específicos. Y además, los ciudadanos pensamos que este acto único nos salva o disculpa de realizar otras acciones, como si toda nuestra posibilidad de incidir fuera únicamente al momento de votar; ya después que se las vean entre ellos, “uno ya cumplió”. Pero no es así.

La voluntad ciudadana se expresa a diario en las decisiones tomadas, en las interlocuciones que tenemos con nuestros amigos, compañeros de trabajo y, en general, con el resto de quienes, como nosotros, viven en esta sociedad. Y si la voluntad ciudadana puede expresarse en la cotidianidad, por tanto, es vital revisar nuestras microdecisiones, por ejemplo, nuestras elecciones de compra: ¿a dónde va a parar el dinero que gastamos?, ¿qué hacen con él? Es trascendente también interpelar y cuestionar dentro de nuestras conversaciones, los discursos con énfasis económico que nos recetan a diario. Porque hay un discurso demoledor que nos convence de que el mundo no puede ser de otra manera, que los monopolios u oligopolios son como las flores, se dan porque sí, pero no, no son verdades absolutas.

Nos toca hacer algo de tarea: analizar distintas fuentes y, sobre todo, el estar bien presentes en las dinámicas locales de los usos del transporte público, de los agricultores o de los negocios locales, por ejemplo. Es todo esto que vivimos y que nos toca muy de cerca lo que nos habilita para hacer disidencia. Estos factores a los que les tocamos el cuerpo, a los que vemos con nuestros propios ojos, no con historias de redes sociales o reels, permiten que tengamos no sólo una idea, sino la certeza de que nuestra opinión está sustentada por la realidad que nos rodea, y no por opiniones mediadas por los ejércitos de bots contratados por A o por B.

Con elementos de análisis, siguiendo distintos portales noticiosos, podremos pasar lo que sería una tarde viendo películas con palomitas incluidas, pues de observar bien, hasta podemos deducir quién le paga a quién y por qué las noticias de tal medio o red tienen una tendencia. Se asombrarán de lo que surge con una observación tan simple, se activa una especie de laboratorio sociológico interesante.

Podemos incluso exponer –a ver qué pasa con el tío conservador– cómo hemos estado expuestos a medios masivos que son propiedad de políticos o empresarios que tienen mucho que proteger, replicando lo que para ellos es el estado ideal de las cosas, el cual nunca es el estado ideal de la mayoría ciudadana.

Sí, naturalicemos plantear que los medios de comunicación promueven una visión de mundo, como lo dijo Éric Sadin, está movilizada por mecanismos de creación de opinión; ojo con este concepto: mecanismos de creación de opinión implica toda una estructura mercadotécnica y de manejo a discreción de la información para crear, a partir de dicha información, otra cosa que no es la noticia, sino algo que quieren que se piense que es noticia. Y claro, luego se vende como una nota así, naturalita, que ocurre así como ocurre el viento, pero no, es creado.

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Analicemos los discursos del partido en el poder y de la oposición, pues han permitido que nuestras vidas “sirvan” porque están en un espacio social en el que son totalmente comercializadas. Por más que alguien quiera negar esta realidad, también le caerá la roca de la realidad encima.

Tanto presidentes como Donald Trump, como legisladoras que vergonzosamente se estiran de los cabellos –entre otros dignos representantes de este circo–, muestran desprecio por los límites jurídicos, morales y éticos. Y además están promoviendo la espectacularización de todo. Estos personajes están deshabilitados para ejercer el pensamiento crítico en estado tales; así que a darnos vuelo y, a partir de estas reflexiones y disidencias, trabajemos, como dice Sadin, en interponer propuestas, no en el reclamo. Aquí falta una cultura de la integridad y la dignidad, pero se puede trabajar porque la disidencia es tiempo presente, es fuerza y resistencia.

El vocablo “disidencia” proviene del latín dissidentia, que significa desacuerdo o separación de una doctrina, política o creencia común. Se conforma por el prefijo dis-, que indica separación o divergencia, y del verbo sedere, que significa sentarse, esto en sentido figurado implica mantener una postura.

Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

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