Hay que vigilar el proceso electoral 2027
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En los tiempos que corren, estas labores cívicas es obligado realizarlas, sí o sí
A principios de septiembre pasado comenzó formalmente el actual proceso electoral. En el ámbito federal será para renovar la Cámara de Diputados, integrada por 500 legisladores. En el orden estatal, de manera concurrente, es decir, el mismo 6 de junio del año próximo, se elegirán no sólo 17 gobernadores, sino también miles de munícipes y cientos de diputados locales. El proceso avanza y es necesario vigilar cómo va su desarrollo.
Porque en el terreno electoral, las cosas ya no se ven como antes. En los últimos años, ha sido evidente el proceso de colonización creciente de los diversos órganos del INE, e igual ha sucedido en buena parte de los institutos estatales, por parte del grupo hoy en el poder. Esto ha ocasionado que la autoridad en la materia venga perdiendo la confianza de la que gozaba, la cual se ganó en el cuarto de siglo previo, y que hoy, en buena medida, ya no tiene.
Lo anterior ha motivado que diversos grupos ciudadanos –al margen de los partidos, porque al parecer quienes los integran no militan en ellos– hayan lanzado la iniciativa de organizarse (bien y eficazmente) para ejercer una puntual y rigurosa vigilancia de todo el proceso electoral que empezó apenas en septiembre. Muy a tiempo para esta importantísima tarea cívica.
Tal labor, contra lo que ordinariamente se cree, no se reduce a vigilar únicamente la correcta recepción y cómputo de la votación el día de las elecciones. No, esa tarea de seguimiento comprende otras etapas clave del proceso electoral, tales como verificar que el procedimiento establecido por la ley para la integración de las mesas directivas de casilla se cumpla estrictamente, para que su composición sea imparcial, con garantía de neutralidad.
Consiste además en comprobar que los ciudadanos seleccionados para tan importante función cívica reciban la capacitación idónea. Se trata de verificar que los sitios elegidos para la instalación de las casillas sean los adecuados, a fin de que los ciudadanos tengan libre acceso a ellas y sea posible respetar la debida secrecía en la emisión del sufragio. Estriba en revisar, mediante muestreos, que el padrón definitivo (lista nominal de electores), es decir, el que se usará, no tenga inyectados falsos votantes ni excluya a quienes realmente lo son.
Y así, entre otros aspectos clave del proceso, como documentar y denunciar los gastos de campaña notoriamente excesivos por parte de los candidatos, así como exigir que la autoridad electoral atienda y resuelva oportunamente las quejas presentadas por ciudadanos y partidos. Estas son solo algunas de las muchas tareas de vigilancia que es necesario desarrollar.
En los tiempos que corren, estas labores cívicas –entre otras– es obligado realizarlas, sí o sí. Los venezolanos tardaron un cuarto de siglo en caer en la cuenta de lo necesario que es llevarlas a cabo bien. Cuando lo hicieron, en las elecciones de 2024, estuvieron en condiciones de denunciar ante el mundo, con pruebas fehacientes, un gigantesco fraude electoral y confirmar la contundente victoria de la oposición y la aplastante derrota de Nicolás Maduro.
Para realizar las mencionadas tareas de verificación y vigilancia, la legislación electoral mexicana establece la figura del “observador electoral”. Es necesario que muchos, miles y miles de ciudadanos, se registren para ser acreditados por el INE con ese carácter.
Por cierto, para que se vea hasta dónde pretende llegar el oficialismo, el actual Consejo General del INE, por mayoría, rechazó tomar un acuerdo para que se niegue el registro como observadores electorales a los llamados “siervos de la nación”, por ser precisamente estos quienes en los últimos procesos electorales se han encargado de amedrentar a la población, con la amenaza de que si pierde Morena se cancelarán los programas sociales.
En esta materia de vigilancia, los representantes generales y de casilla que los partidos políticos tienen derecho de nombrar y cuya actuación, importantísima, se desarrolla básicamente el día de la jornada electoral, amerita un comentario por separado.