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Historias de cazadores. (O sea mentiras)

Opinión
/ 21 mayo 2022
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“Cazador que no es mentiroso no es cazador”. Así dice un proverbio aplicable también a los pescadores. Ramón Durón Ruiz, “El filósofo de Güémez”, que de Dios goce, reunió una galana colección de anécdotas de caza y pesca, y con ellas escribió un libro que tuvo éxito grande, como todos los que salieron de su pluma.

En él leí el relato de un jocoso sucedido.Se lo contó don Lucas Torres, un amable señor de Tamaulipas, gran cazador e inventor de consejas peregrinas. Contaba este don Lucas que un cierto profesor de Ciudad Victoria llegó a su rancho, recomendado por un hermano suyo.

-Quiero cazar un venado, señor Torres -le dijo el visitante-. Jamás he matado uno, pero me dice su hermano que con la guía de usted, y su experiencia, en pocos días veré cumplido mi deseo.

-Mire, maestro -le contestó don Lucas-. Ahora no puedo acompañarlo, pues estoy levantando la cosecha de sorgo. Pero lo llevaré a donde andan los venados. Más todavía: en el corral tengo una venada en celo. La amarraré en la brecha, y usted se esconderá ahí cerca. No tardará en llegar un buen venado, atraído por la hembra, y entonces usted podrá cazarlo.

Así lo hicieron, en efecto. Don Lucas llevó al profesor a un lugar en el monte, amarró a la venada y dejó ahí al novel cazador con una buena provisión de agua y de víveres, pues el acecho podría durar bastante tiempo.

Pasó una semana, y fue don Lucas a ver al profesor en su espiadero. El mentor le dijo que no había visto ningún venado. Lo mismo volvió a decir la siguiente semana.

-Pero estoy muy picado, señor Torres -manifestó el aprendiz de acechador-. Le ruego que avise a mi señora que pasaré otros días aquí, para que me tramite en Educación el permiso necesario.

Pasó otra semana -la tercera- y regresó don Lucas a ver cómo le había ido al maestro.

-No he disparado ni un tiro -le dijo éste-. Ningún venado se ha acercado a la venada.

Fue a ver don Lucas al animalito.

-Oiga, profe -le dijo a su reciente amigo-. Esta venada está preñada ya. Mírele las tetas, inflamadas. Seguramente al dormirse usted le llegó un venado.

-Pero, señor Torres -se justificó muy apenado el profesor-. Si nomás en ratitos he dormido.

-Pues con uno de esos ratitos de descuido basta -le dijo el señor Torres.

-¡Ah, jijo! -se apuró entonces el maestro-. Entonces me voy ahora mismo a mi casa. Si a la venada, vigilándola yo de día y de noche, se la follaron, ¡imagínese lo que puede haber pasado con mi mujer, que ya lleva sola casi un mes!

Ramón Durón Ruiz, que goza ya la paz de Dios, merece ser recordado en Tamaulipas, por el amor con que recogió los dichos y los hechos de su gente. De no ser por folcloristas como él se perdería irremisiblemente la memoria de muchos acaecimientos en los cuales se puede hallar al mismo tiempo enseñanza provechosa y amena recreación.

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