IMCO: 20 años de medir la competitividad
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Las ventajas competitivas que hoy distinguen a 10 estados, entre ellos Coahuila y Chihuahua, se construyeron con continuidad de política pública, no con golpes de timón
El Índice de Competitividad Estatal (ICE) del IMCO cumple 20 años de medir qué tan capaces son las entidades federativas para generar, atraer y retener el talento y la inversión. La edición 2026 del ICE se presentó este 21 de septiembre con la asistencia de gobernadores y representantes estatales. Y más allá de publicar el ranking anual, el IMCO reconoció a las diez entidades que han estado en los primeros lugares del índice durante estos primeros 20 años.
La lista reúne trayectorias distintas. Chihuahua y Coahuila destacan por convertirse en potencias exportadoras de talla mundial –la primera con exportaciones equivalentes a 108 por ciento de su PIB, ligadas a electrónicos y bienes de cómputo, y la segunda atada a la industria automotriz–. Baja California añade su propia integración con la economía global, a través de la Cali-Baja, con exportaciones que representan 78.6 por ciento de su producción.
Nuevo León resulta de las entidades más interesantes. Desde 2006 es el estado con mayor complejidad económica en sectores de innovación, apoyado en talento calificado y baja informalidad. La vinculación constante e institucionalizada que mantiene el gobierno del estado con la iniciativa privada y el sector académico ha rendido frutos a lo largo de los años.
Querétaro suma dinamismo en las industrias automotriz, aeroespacial y de centros de datos. Jalisco es líder en innovación y en diversificación. Sonora tiene un mercado laboral escolarizado y buen desempeño exportador. Aguascalientes se ha integrado a las cadenas productivas de Norteamérica. Baja California Sur construyó su ventaja sobre el turismo y los altos salarios.
La Ciudad de México ha mantenido su liderazgo en la formación de talento y la captación de inversión. Hay sesgos que la ayudan a mantener esa posición al ser –todavía– la entidad que más contribuye a la producción del país.
La lección que el propio Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) subraya después de veinte años de medición es que no existe una fórmula única para ser competitivo. Los estados que sostienen buenos resultados no ganaron en un sólo rubro: combinan empleo formal, talento, infraestructura funcional e instituciones que funcionan razonablemente bien, cada uno explotando su propia estructura productiva.
La edición 2026, titulada “Los pilares de la nueva economía”, pone el acento en infraestructura energética y talento como las dos condiciones que definirán quién capitaliza el auge de la nueva economía, sea cual sea.
El ICE también documenta que esas ventajas no se están traduciendo en el resto del país. Aunque 26 entidades aumentaron su población con educación superior, sólo cinco lograron que ese avance se reflejara en más empleo formal.
La desconfianza institucional persiste –apenas 27.4 por ciento de los adultos se siente seguro, pese a que 29 estados redujeron su tasa de homicidios– y las entidades dependen de las transferencias federales para financiarse: sus ingresos propios representan apenas 13.8 por ciento del total.
Las ventajas competitivas que hoy distinguen a 10 estados se construyeron con continuidad de política pública, no con golpes de timón anuales. Es precisamente lo que México necesita replicar en el resto del mapa si quiere que la próxima década cuente una historia distinta a la de esta primera veintena de años.