Incivilidad, toxicidad e insultos en la esfera pública digital
COMPARTIR
Resultan atractivos para los usuarios porque los hacen sentir la libertad de expresarse sin ninguna consecuencia legal. Lo preocupante es que la incivilidad ha dejado de percibirse como una transgresión
Internet nació con una imagen de popularidad, acceso abierto y conversación global, entre otras novedades; no obstante, el clima y la temperatura de la conversación han destapado y fomentado fenómenos de expresividad creativa y afectiva que actualmente sirven para distorsionar la realidad sobre un tema o manifestar apoyo al mismo. Lo interesante es que, de forma paralela al avance tecnológico, bots y trolls, hay implícitamente una enseñanza sobre cómo conversar en la red y qué se naturaliza de dicha conversación como algo “común”.
El insulto, desde su origen etimológico, insultus, remite a la idea de ataque, asalto o agresión. Históricamente, pasó de ser una acción física de embestida a un acto de habla interactivo o simbólico dirigido contra otra persona. Según Passard (2024), “puede funcionar como un recurso para herir, debilitar o destruir simbólicamente al otro”; esto significa que en internet puede aparecer “mediante palabras, gestos, emoticonos, canciones y otros recursos, en soportes físicos o virtuales, dirigirse a individuos o categorías sociales y aparecer tanto en espacios públicos como privados” (2024). Así como surgen y se esfuman algunos insultos, otros pueden permanecer en el tiempo o desarrollar mayor capacidad de estigmatización (como las groserías de cada región, fobias y descalificaciones físicas, genéticas o mentales).
El insulto puede presentarse en dos sentidos: injuria o ultraje. La injuria (injure): “Expresión ultrajante o término de desprecio que, jurídicamente, se caracteriza por no atribuir a la persona afectada un hecho concreto” ( 2024). Mientras que ultraje (outrage) se refiere a: “Agresión dirigida contra una autoridad, funcionario en ejercicio o símbolo patrio, cuyo objetivo consiste en atentar contra la dignidad asociada a la función pública” (2024).
El ejercicio de estos insultos se logra mediante outsiders, grupos de confrontación y polemistas digitales (clacheurs). Los outsiders (actores externos a lo público): “Actores situados fuera de las posiciones políticas dominantes que utilizan el insulto y el lenguaje de la calle como recursos de escandalización, visibilidad y confrontación con las normas del discurso políticamente correcto” (2024). Los grupos de confrontación (clash) mantienen una: “Dinámica de enfrentamiento verbal acelerado, donde la reducción de las fronteras entre lo público y lo privado facilita la circulación y amplificación de expresiones agresivas” (2024). Finalmente, el clacheur (provocador o polemista digital) alude a un: “Actor que participa activamente en dinámicas de confrontación y provocación verbal en los espacios digitales, aprovechando las posibilidades de interacción rápida y visibilidad de las redes sociales” (2024).
Insultar en redes provoca un fenómeno denominado incivilidad; esto es una forma de interacción política que se aparta de las normas de civilidad y buenos modales (Rossini, 2019), aunque denota un efecto conversacional como el discurso incivil, que es un “discurso que transgrede normas de interacción y que puede estar relacionado con el desacuerdo y la expresión de respuestas emocionales” (2019). Los estudios sobre incivilidad y toxicidad en redes han aportado los siguientes conceptos:
Flaunting of the low (exhibición de lo bajo): Actuación de aquello que culturalmente se considera tosco, maleducado o vulgar; implica una forma de relacionarse y actuar políticamente asociada con el polo cultural “bajo” (Aiolfi, 2022).
Bad manners (malos modales): Desprecio general por las formas consideradas apropiadas de actuar en el escenario político. Permite a los actores diferenciarse de otros políticos y performar una apariencia de normalidad y cercanía con la gente (Aiolfi, 2022).
Transgresión como estrategia performativa: Uso estratégico de la ruptura de normas para diferenciarse de otros actores políticos. Los bad manners, específicamente, constituyen una estrategia performativa eficaz de diferenciación (Aiolfi, 2022).
Outrage (indignación): Género y forma discursiva orientada a provocar respuestas emocionales como ira, miedo o indignación moral mediante recursos como la exageración, el sensacionalismo, los ataques ad hominem y la ridiculización (Berry & Sobieraj, 2014).
Selectividad ideológica: Estrategia mediante la cual el discurso de outrage selecciona y presenta contenidos políticos de acuerdo con una determinada orientación ideológica, en articulación con recursos como la vilificación y la generación de miedo (Berry & Sobieraj, 2014).
La incivilidad, toxicidad e insultos en redes resultan atractivos para los usuarios porque los hace sentir la libertad de expresarse sin ninguna consecuencia legal. Este fenómeno potencia la imitación de conductas que grupos políticos, empresas mediáticas y tecnológicas utilizan a su favor para movilizar emocionalmente una conversación. Lo preocupante es que la incivilidad ha dejado de percibirse como una transgresión y se convierte en una forma cotidiana de participación. Puesto que insultar no sólo cambia el tono de la conversación, también enseña qué expresiones merecen atención y cuáles terminamos aceptando como conductas normales en Internet.
Síganos en Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y X:
@Dialogosdigitales
@ROMCONEICC