¿Intervención, a la puerta de México?
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La solución mexicana no es militar ni legal; es discursiva. Es una batalla que se gana en las conciencias, pero en las de Estados Unidos
Por Horacio Saavedra
La injerencia en Venezuela ha sacudido a América Latina. La sustracción de un supuesto líder narcoterrorista recuerda al pasado. Entre las acusaciones contra Nicolás Maduro en Nueva York, tras ser extraído de una soberanía, fuera de un marco legal internacional consensuado en Naciones Unidas, está la de encabezar operaciones de narcotráfico y terrorismo dirigidas a Estados Unidos mediante un aparato gubernamental y castrense.
Dicen que el derecho internacional es la doctrina de los débiles, en palabras de los realistas. Ahora no hablamos de las guerras del Peloponeso, sino del espacio vital de Estados Unidos, donde podrían caber México o Colombia.
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Y es que el Lebensraum estadounidense podría abarcar a sus vecinos territoriales, el Caribe y hasta Groenlandia. Esta zona de influencia no es un precepto legal y no está en la Constitución americana; más bien es un concepto en la cabeza de políticos y militares que puede trasformarse en políticas públicas y en política exterior de EU.
En el contexto legal, Washington ha instrumentado una serie de disposiciones que le permiten intervenir en el exterior sin autorización previa de su Congreso. Éstas parten de la Casa Blanca y los departamentos de Estado y del Tesoro. Los países latinoamericanos podrían litigar en el Sistema de la ONU, pero las disputas legales son más lentas que las acciones militares. Para cuando se maduraran los reclamos de los afectados, ya se habrían consumado violaciones y nuevas intromisiones en naciones independientes. Por eso, el asalto para detener al entonces “Presidente Maduro” sacudió a toda la región. Con cualquier argumento de narcotráfico, fentanilo o gobiernos financiados por cárteles, se podría invadir.
A nivel bélico, poco pueden hacer los países aludidos por la Unión Americana. Sus fuerzas armadas son muy superiores a las de Colombia, México o las islas caribeñas, y ello se demostró en el caso venezolano. Por ello, la fuerza de países como México radica en su poder suave, y no en su poder bélico.
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Cualquier política pública de EU tiene un gran sustento en la opinión pública estadounidense y ahí es donde la imagen mexicana puede mejorarse. Ahí es donde se discutió el problema venezolano y su relación con el tráfico de drogas y la seguridad internacional. Hubo una retroalimentación entre el poder político y la ciudadanía; y la expresión de la mayoría de los estadounidenses, fueran republicanos o demócratas, sustentó una intromisión y un cambio de gobierno en Venezuela.
La solución mexicana no es militar ni legal; es discursiva. Es una batalla que se gana en las conciencias, pero en las de Estados Unidos: 340 millones de habitantes escuchan a diario que los migrantes mexicanos son delincuentes, que hay violencia y narcogobierno. Ese gran discurso no tiene una narrativa masiva que lo equilibre. Además, partimos de que la opinión pública estadounidense favorece las injerencias en este momento.
Un primer paso para prevenir intervenciones es mejorar drásticamente la imagen de México en Estados Unidos.
El autor es especialista en geopolítica y miembro de COMEXI