La indiferencia que alimentó el libro de la venganza
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Minimizarlo o darlo por muerto políticamente es un error. Él sigue teniendo varios tentáculos dentro del gobierno
Todo comenzó a partir de que la presidenta Claudia Sheinbaum, igual que Andrés Manuel López Obrador, dejaron de recibirlo en persona y tomarle las llamadas. Él se sintió arrinconado y luego presionado. Por años se encargó de gestionarles recursos y apoyos a ambos, a través de distintos personajes, que luego comenzaron a exigirle que cumpliera las promesas de beneficios por las aportaciones. Publicar el libro es una manera de decirles: a mí también me dejaron colgado.
De cualquier manera, minimizarlo o darlo por muerto políticamente es un error. Él sigue teniendo varios tentáculos dentro del gobierno. Él, por ejemplo, acercó y empoderó en su momento a José Miguel Bejos, uno de los contratistas más beneficiados desde que Morena llegó al poder, y vaya que ya le iba bien con el sexenio de Enrique Peña Nieto, su compañero de golf. Bejos, presidente de Mota Engil, acumula contratos con las administraciones morenistas por más de 65 mil millones de pesos y fue uno de los que compró un equipo de beisbol, “Los Pericos de Puebla”, igual que Bernardo Pasquel, con el “Águila de Veracruz”, como ticket de entrada al círculo de protección e impunidad de la Consejería Jurídica.
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En Palacio Nacional y en Palenque saben que él también acomodó negocios en temas de transporte dentro de Pemex, mantenimiento a plataformas e incluso medicinas. Esto último, atribuible a su hijo, hoy diputado del Partido Verde y quien incluso habría tenido acercamientos con Amílcar Olán Aparicio, el prestanombres de los hermanos López Beltrán. Ese puesto para su hijo en San Lázaro lo gestionó él directamente con Jorge Emilio González, “El Niño Verde”, a manera de pago por su apoyo para consolidar la alianza electoral de manera formal en el lejano 2019.
Un parteaguas para que López Obrador dejara de confiar en él fue su gestión en el asunto de los vapeadores. El expresidente consideró que su entonces cercano estaba jugando más del lado de las empresas internacionales como Philip Morris, cuando lo acusaron de operar el decreto que permitía la comercialización de productos de tabaco calentado y que luego tuvo que corregirse.
A partir de ese momento, las quejas contra él comenzaron a llenarle los oídos a López Obrador. No sólo fue Olga Sánchez Cordero; no solo fue su secretario de Defensa, Luis Cresencio Sandoval; no sólo fue Zoé Robledo, director del IMSS; no sólo fue su hijo Andy López Beltrán. A todos ellos, el expresidente simplemente respondía que no le llevaran chismes.
Él jugó su último intento de acercamiento a la presidenta Sheinbaum, a través de Omar García Harfuch, pero el secretario de Seguridad se negó a involucrarse. Y luego, el libro tocó la luz y generó una bomba atómica.
STENT
En las oscuridades del INE ya tienen el pretexto para trabar el registro de “Somos México” como partido político, a pesar de que ha cumplido con los requisitos como las asambleas y la junta de firmas. La idea es señalar que el movimiento encabezado por Guadalupe Acosta Naranjo ha recibido recursos del exgobernador de Tamaulipas, el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca, a quien el gobierno de México quiere extraditado desde Estados Unidos.