Iván Ortiz y la Casita del Pan
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¿Que hay detrás del oficio? ¿Qué mueve a una de las ramas de la gastronomía más complejas a seguir manteniendo viva la tradición del pan mexicano?
“Me enseñaron en el barrio de Tlatelolco, me enseñó Nacho ya con más de 30 años de panadero. Era el chalán del chalán: el turno era de 4:00 A.M. a 5:00 P.M. no tenia salario y limpiaba 200 charolas. Aprendí a hacer bolillo, pan blanco, corrí con suerte que un panadero me compartiera sus recetas”, dice Iván Ortíz de La Casita del Pan.
La pasión, el gusto por la panadería mexicana, que al paso del tiempo fue dándole a un país, en donde el maíz era su único estandarte de identidad, otro baluarte patrimonial. Con panes incluso de nombres que viven en el vocabulario colectivo: concha, cuerno, orejas, yoyos, ojo de buey, puerquito, cemita y cocoles.
Con esta gracia y creatividad del mexicano, así Iván en una esquina de la calle Ramón Corona, en el número #495, replica con respeto lo que aprendió, dándole su estilo, su creatividad. Si me pidieran describir a Iván es como el arte de hacer buen bolillo, la simplicidad del tiempo, que se puede confinar con todo. Dulce y salado.
Saltillo tiene su pan mexicano, de nombres colectivos y populares, en manos de un panadero creativo y de oficio.
Haga sus pedidos, visite su panadería de barrio con un buen café.
Además que él es otra de las joyitas que salieron del Instituto Gastronómico de Coahuila, que ya no existe pero ha dejado huella en la gente que formé antes que fuera una moda.