La amarga realidad del mercado laboral en México: poco desempleo no basta cuando el empleo formal agoniza
Además se suma que Estados Unidos ha mostrado una economía que pierde tracción, con solo 50 mil nuevos empleos creados en diciembre
En la anterior colaboración del 29 de diciembre, advertíamos sobre la peligrosa brecha entre el discurso alegre del bajo desempleo y las alarmantes grietas en la estructura laboral de México. Hoy, los datos finales de cierre de 2025 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no solo confirman nuestras preocupaciones, sino que validan que la baja tasa de desocupación del 2.7% es, en realidad, un indicador incompleto que oculta una parálisis en el mercado laboral.
Como lo anticipábamos, el cierre de año trajo el habitual ajuste estacional, pero con una severidad inusitada.
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Durante diciembre de 2025, se registró una estrepitosa pérdida de 320,692 puestos de trabajo registrados ante el IMSS. Aunque diciembre suele ser negativo, la cifra neta de creación anual para 2025 – sin incluir los nuevos registros derivados del programa piloto para incorporar a repartidores de plataformas - fue de apenas 72,176 empleos - un magro crecimiento del 0.3% anual - el nivel más bajo desde la crisis de 2003, exceptuando años de recesión abierta (2008, 2009 y 2020).
Este dato es el baño de realidad frente al optimismo desbordado. Si vinculamos esto con la caída en la participación económica del 60.0% al 59.0% y el persistente nivel de informalidad del 54.8%, queda claro que los mexicanos no están encontrando mejores empleos, sino que simplemente están abandonando la búsqueda activa o refugiándose en la precariedad.
Esta anemia no es exclusiva de nuestro país. Los datos más recientes de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos muestran una economía que también pierde tracción, con solo 50,000 nuevos empleos creados en diciembre, considerablemente menor a lo esperado por el consenso de los especialistas.
Este enfriamiento en el mercado laboral estadounidense es el síntoma definitivo de que el ciclo de crecimiento post-pandemia ha terminado, impactando directamente el flujo de remesas el cual registra una caída del 5.1% anual durante los primeros once meses del 2025.
Ante este escenario de desaceleración coordinada, la respuesta monetaria no se ha hecho esperar. La Reserva Federal (Fed), priorizando ahora el sostenimiento del empleo sobre el control inflacionario, redujo la tasa de interés por tercera vez en el año en 25 puntos base, llevándola ahora al rango de 3.50% a 3.75% En una línea espejo, el Banco de México (Banxico) recortó su tasa de referencia para situarla en 7.0% al cierre de diciembre.
Esta reducción de tasas busca mitigar el impacto de la desaceleración, en un entorno en el cual, a pesar de observar reducciones en la tasa de inflación general, el componente subyacente para nuestro país aún muestra resistencia a bajar, lo que podría poner en un serio dilema la actuación del Banco de México.
De cara al 2026, el escenario es de claroscuros y riesgos latentes. Si la tendencia de una creación de empleos tan raquítica persiste, - aunado a la caída experimentada en las remesas hacia nuestro país - corremos el riesgo de que la informalidad se convierta en una trampa de pobreza estructural que consuma la productividad nacional y con ello se reviertan los importantes avances alcanzados en materia de reducción de la pobreza.