La anécdota sobre el puente: ¿cómo ser feliz?
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Las personas felices y positivas tienen más probabilidades de ser productivas, creativas, resilientes y tener mejores relaciones interpersonales
En memoria de mi padre
Con la intención de reconocer la importancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y para fomentar un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado del crecimiento económico y el desarrollo, desde hace 10 años, cada 20 de marzo las Naciones Unidas celebra el “Día Internacional de la Felicidad”.
El informe 2023, concluye que el país más feliz del mundo es Finlandia, mientras que México se ubica en el puesto 36, de los 137 países que conforman el informe.
Bajo la ducha
La felicidad es un concepto subjetivo y complejo. En general, se puede decir que la felicidad refiere a un estado emocional positivo y duradero en el que las personas experimentan sentimientos de bienestar, satisfacción y plenitud en su vida.
En este contexto, recuerdo que una ocasión, en una cena con matrimonios amigos, escuché un breve comentario que me llamó la atención. Resulta que las parejas hablábamos de un tema que derivó en un inesperado comentario de la esposa de un entrañable amigo: “entonces –dijo- acudí al baño porque pensé que algo le había sucedido a mi marido, pues oía que estaba gritando algo, pero luego parecía que cantaba. Realmente no entendía lo que estaba sucediendo; pero después, para mi sorpresa, cuando entré al baño, me percate que mi esposo literalmente, bajo la ducha, a grito abierto cantaba: “Soy muy feliz, soy feliz” y luego me percate que sencillamente ¡cantaba! Vaya asombro.
Ese efímero comentario me invitó a reflexionar sobre la felicidad y su relación con lo que, en la cultura de consumismo, denominamos éxito.
Se supone...
Muchas personas piensan que se es feliz cuando se alcanza el éxito. Pareciera que esta manera de pensar en la cultura occidental es la que prevalece.
Bajo esta lógica, si una persona alcanza logros profesionales o un mejor rendimiento en el trabajo se va a sentir más satisfecha y, por tanto, feliz. Si la admiten el tal o cual universidad, si logra alcanzar ciertos objetivos financieros, si en el trabajo obtiene el bono o el ascenso buscado, si puede comprar el carro o la casa de sus sueños, si conquista el amor deseado, entonces, cree que, como arte de magia, la felicidad toca la puerta de su vida.
De hecho, muchas personas piensan que dinero es sinónimo de felicidad.
¿Pero, es esto realmente cierto?
Una ventaja
El investigador Shawn Achor, especializado en psicología positiva y felicidad, ha escrito un libro realmente revelador llamado “La felicidad como ventaja”.
Una vez, irónicamente, le preguntaron Shawn: “¿por qué pierdes el tiempo estudiando la felicidad en Harvard?” la respuesta se encontraba en que había descubierto que si bien era cierto que los estudiantes en un principio se habían sentido felices por haber ingresado a Harvard, en dos o tres semanas dejaban de pensar en el privilegio de pertenecer a esa universidad para centrarse en las complicaciones académicas, las quejas, la competencia y la presión, sintiéndose no del todo bien.
Harvard
¿Qué puede tener un estudiante de Harvard para sentirse infeliz? Según Shawn en esta pregunta se encuentra implícita la clave de la felicidad.
La gente piensa que por el ambiente en que se vive –por el mundo exterior, como estudiar en Harvard– se puede predecir la felicidad, pero Shawn asegura que esto solo predice el 10 por ciento de la felicidad al largo plazo, ya que el 90 por ciento no proviene del exterior, sino de la manera en que la persona aprende a procesar lo externo, lo que no puede controlar.
En este sentido, si se cree que el éxito económico conduce a la felicidad, sus investigaciones demuestran lo contrario: es la felicidad la que conduce al éxito, al bienestar subjetivo personal.
De acuerdo con esos estudios, sería prudente repensar en la manera en que se relaciona la felicidad y el éxito ya que, solo el 25 por ciento del éxito es predecible por el coeficiente de inteligencia y el 75 por ciento restante tiene que ver con los niveles de optimismo, por el soporte y apoyo social y la capacidad de aprender a percibir la presión no como amenazas, sino como retos a superar.
Por su parte, Daniel Goleman, investigador de la Inteligencia Emocional, sostiene que la felicidad no es simplemente un estado emocional temporal, sino que es un estado mental más duradero que puede ser cultivado y desarrollado a lo largo del tiempo, destacando la importancia de la conciencia emocional, la empatía y la compasión en la promoción de la felicidad y el bienestar. También ha argumentado que la capacidad de controlar los pensamientos y emociones negativas y fomentar estados mentales positivos, como la gratitud y la alegría, puede tener un impacto significativo en la felicidad y la salud mental.
Un error
Shawn Achor dice: “si trabajo más duro, tendré más éxito, y si tengo más éxito seré más feliz” es científicamente incorrecto ya que cuando una persona tiene éxito la meta cambia; por tanto, la forma de éxito también: si obtienes una buena nota, ahora hay que obtener mejores, si ingresas a una buena universidad, ahora hay que ver una mejor, si tienes un buen empleo hay que buscar uno superior, si llegas a las metas de productividad, ahora es necesario cambiarlas.
Entonces, si la felicidad siempre llega después ésta jamás se alcanzará, pues cada vez se empuja más allá del horizonte cognoscitivo. Para Achor creer que para ser felices hay que tener primero éxito es un error y asegura que el cerebro trabaja en sentido opuesto.
En positivo
Por tanto, si se eleva el nivel de optimismo entonces la persona sentirá lo que Achor denomina la ventaja de la felicidad, que significa que el cerebro en positivo funciona mucho mejor que cuando está en negativo, neutro o estresado.
Esto significa elevar la inteligencia, creatividad y niveles de energía; de hecho, el investigador descubrió que el cerebro que piensa en positivo es más productivo (más del 30 por ciento) que si se encuentra en estado contrario.
Las personas felices y positivas tienen más probabilidades de ser productivas, creativas, resilientes y tener mejores relaciones interpersonales. En lugar de ver la felicidad como una meta final, Achor, al igual que Goleman, argumenta que es un estado mental que puede ser cultivado, fomentado y desarrollado para mejorar la calidad de vida y el rendimiento en diferentes ámbitos; y que, por tanto, la felicidad no es algo que se deba buscar como un objetivo final.
Si somos más positivos, logaremos más éxitos al poder trabajar más duro y con mayor inteligencia, pues la dopamina, que irriga el sistema cuando somos positivos, no solo hará más feliz a la persona, sino también activará los centros de aprendizaje permitiéndonos adaptarnos al mundo de manera distinta.
Ejercicio
El autor ha encontrado diferentes maneras de entrenar el cerebro para ser más positivo:
“En un lapso de solo 2 minutos, durante 21 días, se puede readaptar el cerebro –de lo negativo a lo positivo- , permitiendo así que funcione con mayor optimismo y éxito. La intención es entrenar al cerebro reteniendo patrones que permitan buscar en el mundo no lo negativo, sino primero lo positivo. Esto consiste en los siguientes pasos:
1.- Escribir 3 motivos de gratitud durante 21 días seguidos, tres cosas nuevas cada día
2.- Anotar una experiencia positiva del día anterior
3.- Hacer ejercicio regularmente
4.- Aprender a meditar
5.- Hacer actos de generosidad (bondad) de manera aleatoria cada día
6.- Leer, leer y seguir leyendo (esto es mío)
Excelente propuesta para empezar a realizarlo en esta Semana Santa.
Como peces...
En definitiva, la manera de ver la vida influye en el corazón y éste impacta nuestras relaciones interpersonales y nuestra capacidad para establecer conexiones emocionales positivas con los demás; por tanto, realizar actos de cordialidad y bondad impulsan el bienestar personal.
Existe una anécdota que narra: “paseaban dos hombres por un puente, de pronto observan los peces que estaban en el río, y entonces uno de los hombres exclamó: ¡mira, amigo, que felices están los peces en el río!, el otro hombre lo objetó: ¿cómo tu siendo no pez sabes de la felicidad de los peces en el agua? A lo que el primer hombre, con una gran sonrisa, contestó: ¡lo sé, por mi felicidad y mi alegría sobre el puente!
Es cierto: “sólo puede ser feliz la persona que sabe ser feliz con todo”.
cgutierrez@tec.mx
Programa Emprendedor
Tec de Monterrey
Campus Saltillo