La burla de la ‘venta’ de AHMSA, ¿quedará impune?
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Ha sido perpetrada la burla y ello ocurrió a la vista de todos. La pregunta que debe responderse ahora es si se permitirá que el hecho quede sin castigo alguno
“No se vale que se haya jugado con la gente y con las y los trabajadores... Una empresa que tenía un capital contable de, creo que, cinco millones de pesos, ¿cómo va a poder comprar una empresa en mil 400 millones de dólares?”.
Las expresiones anteriores fueron formuladas por el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, al pronunciarse en relación con el desenlace que en la semana tuvo el segundo intento de adjudicar, mediante subasta judicial, los activos de Altos Hornos de México (AHMSA).
Como se ha informado, el referido proceso fue declarado desierto luego de que el único postor de quien se escuchó una oferta, el representante de la empresa Construcciones e Ingenierías Electromecánicas (CIESA), incumplió con el depósito de la garantía de seriedad que por poco más de 56 millones de dólares debía entregar a más tardar el martes pasado.
El detalle más importante en relación con este episodio no es en realidad que José Arturo Domínguez Arteaga hubiera incumplido con el depósito de la citada garantía. La verdad es que eso había ocurrido ya desde una semana antes de que tuviera lugar la audiencia de la subasta.
Lo más grave es que nadie haya advertido lo que quedó de manifiesto casi desde el momento en el cual Domínguez Arteaga realizó su primera declaración pública tras abandonar el Juzgado Segundo de Distrito en Materia de Concursos Mercantiles: que se trata de un individuo que no tiene el mínimo compromiso con la verdad.
Y es que, después de acudir al Juzgado y presentar una oferta sin sustento, el representante de CIESA ha mentido en forma reiterada respecto de las acciones emprendidas en relación con el proceso judicial. Ha dicho, por ejemplo, que llegó a un acuerdo con el síndico de la Quiebra para iniciar el pago de las indemnizaciones a los trabajadores, o que sí depositó la garantía de seriedad al vencimiento del plazo respectivo.
Tiene razón en ese sentido el mandatario coahuilense cuando señala que no debió permitirse que avanzara el proceso, sino que tuvo que detenerse desde el primer día, pues existían indicios claros de que no marchaba de forma certera.
Lo más valioso de esta experiencia, sin embargo, será que se incorpore lo ocurrido al proceso por venir. Porque AHMSA sigue ahí; sigue sin producir un sólo kilo de acero y los miles de trabajadores que perdieron su fuente de empleo siguen a la espera de una solución real.
¿Qué se hará para impedir que un episodio tan grotesco como el que acabamos de atestiguar se repita en el futuro? ¿Qué salvaguardas se van a construir o se exigirá que sean construidas para blindar cualquier procedimiento futuro relacionado con la liquidación de la empresa?
Un signo alentador en este sentido sería que lo ocurrido no termine pasando a la historia como un simple hecho anecdótico, sino que se castigue la conducta de quienes, por acción o por omisión, contribuyeron a que esto ocurriera y se perpetrara una burla atroz en contra de las familias que dependen de AHMSA.