La caída del tirano venezolano

Opinión
/ 6 enero 2026

A diferencia de Chávez y de los gobiernos anteriores a este, Nicolás Maduro es responsable de una debacle económica sin precedentes y del mayor éxodo venezolano en la historia

Se acabó la tiranía de Nicolás Maduro en Venezuela. El asunto desató una gran controversia a nivel mundial, entre los que festejan el fin de la dictadura, los que condenan que se quebrante el derecho internacional y los que celebran lo primero sin dejar de condenar lo segundo.

Vayamos primero a Maduro. No podemos decir que se trate de un golpe de Estado cuando el tipo usurpaba el poder. El señor perdió una elección y se robó la Presidencia. Nunca pudo demostrar en actas el supuesto triunfo electoral. Se trata de un delincuente. Si bien heredó el poder de Hugo Chávez, también es un hecho que, tan pronto pudo, inició una purga del chavismo original. Su purga se concentró en PDVSA, la empresa petrolera del Estado, las agencias de seguridad y la Fiscalía general. Se hizo del control político y del control económico. A diferencia de Chávez y de los gobiernos anteriores a éste, Maduro es responsable de una debacle económica sin precedentes y del mayor éxodo venezolano en la historia. En su usurpación del poder, únicamente lo acompañó Cuba, Nicaragua, Irán, Rusia y China. ¡Vaya compadrazgos!

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En el otro frente está el debate sobre el rompimiento del derecho internacional. Seamos claros, eso también es cierto, pero a Estados Unidos poco le importa el tema. Peor aún, es tan claro el desprecio que se tiene por el derecho internacional que simple y sencillamente se ignora. Sin rubor alguno se dice que se actuaba para cumplimentar una orden de captura por narcotráfico. Una orden emitida por la Fiscalía general de Estados Unidos y por un gran jurado. El derecho doméstico extrapolado a otro país soberano.

Se trata de un debate jurídico añejo y todos los presidentes se han aprovechado de esa laguna. El último fue Barack Obama con Osama Bin Laden en Pakistán. Ante una “amenaza inminente”, el presidente como comandante supremo puede actuar. Las escuelas de derecho y las cortes llevan décadas discutiendo el límite de esa facultad.

Otros factores a considerar. El ataque se dio unas horas después de que Maduro se reuniera con una delegación del Gobierno Chino. El presidente Donald Trump también se reunía con el embajador de China en Estados Unidos en Mar-A-Lago. Vaya, los medios anti-Trump hasta comentaban la superioridad del presidente Chino que le mandaba a su embajador a atender asuntos, como si de un desprecio se tratara.

La otra casualidad que ya ronda las columnas del sospechosismo es que la vicepresidenta Delcy Rodríguez se encontraba en Moscú mientras se daba el ataque estadounidense sobre Caracas. Aunque la vicepresidenta fue enjundiosa en sus primeras declaraciones, al paso de las horas fue moderando el discurso y ahora hasta busca la colaboración con Estados Unidos. Ya fue ratificada en el poder por el Tribunal Supremo de Venezuela. Ojo, este ataque no hubiera sido tan exitoso sin las evidentes traiciones de las que fue objeto Maduro en su círculo cercano.

Un hecho que me llamó mucho la atención es el pragmatismo del presidente Trump. Todos sabemos que Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo en el mundo. Estados Unidos siempre ha sido criticado por sus intervenciones militares relacionadas con el petróleo u otros recursos naturales. Sus presidentes, por lo general, niegan esta acusación arguyendo que se trata de acciones tendientes a liberar a países atrapados en dictaduras. En este caso fue distinto. Trump fue claro: van por el petróleo y, sin pena alguna, señaló que las compañías petroleras de Estados Unidos entrarán a reactivar la actividad petrolera de Venezuela y, con ello, la economía del país sudamericano.

Fuera máscaras en la nueva política exterior de Estados Unidos. Estamos frente a un nuevo reordenamiento mundial. Ya lo decía la Casa Blanca en la Estrategia de Seguridad Nacional que publicaron en noviembre. Ahora sí que el ataque y extracción de Maduro fue sorpresa sólo para los incrédulos, que por lo visto éramos muchos.

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Cayó el tirano y eso es motivo de fiesta para los venezolanos, miles de vidas quedaron en el camino. La intervención militar de Estados Unidos es reprobable desde la óptica del derecho internacional, pero ante ello no hay mucho que hacer, únicamente indignarse. Lo cierto es que el sistema legal internacional es débil, tanto que nunca hizo nada para detener las violaciones de Nicolás Maduro al derecho internacional humanitario.

Toca observar los días y semanas que siguen. Del plato a la boca se cae la sopa. Entiendo la apuesta de no romper con el régimen venezolano y buscar una salida democrática. Hay mucha experiencia al respecto, la última de ellas en Irak y Afganistán. Lo último que quiere Trump es una debacle como aquellas.

Facebook: Chuy Ramírez

Columna: Regresando a las Fuentes

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