La Casa del Poeta Ramón López Velarde y una reflexión sobre espacios culturales en Coahuila
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Se han cerrado también espacios para las artes en Coahuila y en distintas entidades de la República Mexicana y no hay manera, al parecer, de hacer reflexionar a las autoridades culturales cuando toman una decisión
No sabemos en qué terminará el asunto en torno a la Casa del Poeta Ramón López Velarde en la Ciudad de México, pero todo indica que no es ni será el primer acto de políticas culturales aplicadas en forma unilateral.
Tenemos en Coahuila el caso de la otrora Librería Julio Torri, que honraba al laureado escritor coahuilense, cuyo nombre fue modificado por el de Carlos Monsiváis, nacido en la Ciudad de México. Aquí, para la comunidad literaria coahuilense, aquello no nos significó acto o señalamiento alguno; será porque estamos acostumbrados a las injerencias centralistas y nos dejamos envolver por las consabidas dinámicas del poder, los gustos de quien toma decisiones culturales en ese momento, así como por sus intereses y filiaciones. Todo esto deriva en cambios de nombres.
Si bien la Librería Carlos Monsiváis no implicó –como sí lo significó en el caso de la Casa del poeta Ramón López Velarde– un espacio donde viviera o escribiera el destacadísimo Julio Torri, lo que aportaba era su presencia, su memoria; hasta la bicicleta estaba incluida en la identidad visual, ese elemento tan importante en su vida como en su literatura. Recordemos su ensayo “La Bicicleta”.
Pero esto no es con afán de gresca; comprendo perfecto el complejo momento en el que se encuentran las políticas culturales en nuestra entidad. Creo que es un momento para reflexionar, a partir del caso actual que se vive con indignación por la comunidad poética nacional e internacional, y observar hasta qué punto y en cuántas ciudades se borran nombres y vocaciones de los espacios culturales, con tranquilidad o indiferencia.
Acto tras acto estamos dejando de lado herencias que hacen visible un rico pasado literario –y también un presente literario vivo, por supuesto–. Se han cerrado también espacios para las artes en Coahuila y en distintas entidades de la República Mexicana y no hay manera, al parecer, de hacer reflexionar a las autoridades culturales cuando toman una decisión; no importa el partido político que gobierne, esta unilateralidad se aplica en todos los casos.
Me tocó ser recibida en la Casa del Poeta Ramón López Velarde para presentar mi trabajo literario y en ningún momento me solicitaron pago alguno. Allí acudí a lecturas y a encuentros internacionales de poesía. Hay escasos espacios abiertos en forma desinteresada y poco protocolaria, y uno de esos lugares es (o era) esta casa.
Es curioso cómo la insistencia de crear un cabaret en el lugar del café-bar Las Hormigas tenga cabida para la titular de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Creo que la vocación cabaretera se vive ya en el número 13 de la calle Madrid, en el corazón histórico de Coyoacán, espacio que fue adquirido en 1949 por el poeta y ensayista Salvador Novo, integrante de la comunidad homosexual literaria, quien concibió y abrió en 1954 un foro para la expresión artística. Allí opera todavía, al parecer, un cabaret que se anuncia así: “Espacio libre de prejuicios, donde la crítica, el humor y la disidencia tienen casa propia. Pásale, aquí tus opiniones (y tú) están a salvo”. Se llama Teatro Bar El Vicio. En 2005, la compañía de cabaret Las Reinas Chulas reclamó este espacio como el retorno al objetivo principal planteado por Novo, y lo abrió al “movimiento cultural alternativo” y “en contra del arte comercial”.
Aquí hay que reflexionar sobre la gentrificación, que también ha llegado a los espacios culturales de la República Mexicana. Este parece ser el caso de La Casa del Poeta, ya que se encuentra ubicada en un punto turístico impresionante; entonces, el cabaret funcionaría –de triunfar esta postura de la secretaria de Cultura– como un gran negocio.
Como nota final, es importante recordar que el teatro de carpa fue una expresión de comicidad, crítica social y jocosidad con raíces en México, mientras que el cabaret es una práctica heredada de los alemanes con su kabarett, el cual era un espacio de resistencia política de izquierda, que con sus figuras ejercía una sátira punzante.
El vocablo cabaret proviene del francés antiguo cabaret, usado desde el siglo 13, el cual es un derivado del dialecto picardo cambrette, que significa “pequeña alcoba”, el cual a su vez tiene su raíz en el latín camera, vocablo que se usaba para designar a pequeñas cantinas o tabernas.