La dignidad del repliegue: Una lección griega para el conflicto actual
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A 30 días de iniciada la guerra, es incierto si podrán salir victoriosos y si el mundo y la economía podrán resistir por más tiempo el bloqueo al estrecho de Ormuz
– ¡El mar! ¡El mar! –con estos gritos de júbilo, Jenofonte reportó que los diez mil mercenarios griegos contratados por Ciro el Joven hicieron su catarsis al ver el Mar Negro tras su retirada del Imperio Persa. La tropa llevaba meses perdida, deambulando en el vasto y adverso Oriente Próximo, desesperanzada y enfrentándose constantemente con los distintos pueblos que se encontraban. La huida del territorio fue necesaria, ya que su campaña fracasó: acompañaban a Ciro el Joven –hijo de Darío II– para destronar a su hermano, el rey Artajerjes II. Sin embargo, durante el primer enfrentamiento, la Batalla de Cunaxa (401 a. e. c.), Ciro perdió la vida.
Este acontecimiento forzó a los griegos a regresar a su patria, lo cual les tomó más de un año, pues fue hasta el año 399 a. e. c. que pudieron vivir el sosiego del hogar. La derrota de Ciro el Joven se debió a que su ejército era numéricamente inferior y a una mala previsión estratégica.
Jenofonte, quien fue testigo de los hechos y nombrado general tras la muerte de los oficiales helenos en Cunaxa, lideró el retorno a Grecia y narró los hechos en la “Anábasis”. Relató que, tras la muerte de Ciro, se encontraba afligido e incapaz de conciliar el sueño, cuando reflexionó lo siguiente: “¿Por qué estoy acostado? La noche avanza. Y con el día es lógico que los enemigos vengan. Si caemos en manos del Rey, ¿qué impedirá que nosotros, después de haber visto todo lo más penoso, después de haber sufrido todo lo más terrible, muramos ignominiosamente?”.
Después de esta meditación, Jenofonte reunió al batallón y los organizó para el regreso a la patria: “Pues bien, ahora, debemos retirarnos y hacer lo convenido. Y todo el que desee ver a su familia, tenga bien presente el ser valiente. Quien desee seguir viviendo procure vencer”. Dichos los discursos, se levantaron, quemaron los carros y las tiendas e iniciaron la larga marcha a casa, que duraría meses.
En ocasiones puede haber victoria en la derrota, cuando ésta se acepta oportunamente y se opta por una salida digna.
En la misma región en donde hace más de 2 mil 400 años Jenofonte propuso un honrado repliegue, hoy Estados Unidos (EU) se encuentra militarmente atrincherado. Hace un mes, el 28 de febrero, declararon la guerra mediante la operación “Furia Épica”, en la que asesinaron al líder supremo Alí Jamenei. Lo que Trump pensó que sería una victoria sencilla hoy es una conflagración regional que engloba a Israel, Líbano, Siria, Irak, Arabia Saudita, Qatar, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. El bloqueo del estrecho de Ormuz –por el cual transita el 20 por ciento del petróleo mundial– y los ataques a infraestructura energética entre las partes beligerantes han desestabilizado la economía global. Las muertes de civiles (se calculan tan sólo mil 500 en Irán por bombardeos estadounidenses) y los crímenes contra la humanidad incrementan día con día.
Hoy, la justificación de EU de atacar a Irán por tratarse de una amenaza nacional es insostenible. El 17 de marzo, Joe Kent renunció como director del Centro Nacional Antiterrorista de EU por objeción de conciencia, ya que argumentaba que la guerra en Irán se inició por la influencia israelí en Trump y no por una amenaza inminente a EU. Esta dimisión dejó en evidencia la falta de motivación para una guerra justa o legítima. Tampoco tiene fundamento legal, pues no ha sido aprobada por el Congreso ni tiene el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, como lo dispone el artículo 42 de la Carta de las Naciones Unidas.
Si no es la amenaza nacional el motivo detrás de la guerra, ¿cuál es? ¿Una estrategia propagandística en año electoral? ¿Control estratégico de los recursos en la región? ¿Cabildeo israelí? ¿Características de la personalidad de Trump? ¿Todo lo anterior?
Aun ignorando la doctrina de la guerra justa y observando únicamente la realpolitik, la situación no es tan favorable para EU. A 30 días de iniciada la guerra, es incierto si podrán salir victoriosos y si el mundo y la economía podrán resistir por más tiempo el bloqueo al estrecho de Ormuz.
Puede ser que, como Jenofonte, a Trump hoy le convenga una retirada digna, que no termine por colapsar la región y cuyas consecuencias internacionales aún sean contenibles. Quizás Trump aún esté a tiempo de escribir su Anábasis.
X: @areopago480
Correo electrónico: areopago480@gmail.com