La elección que la inteligencia artificial ya empezó
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Quienes quieran aparecer en una boleta podrían comenzar con un ejercicio bastante más barato: abrir una inteligencia artificial, escribir su nombre y preguntarle qué sabe de ellos
La elección de 2027 todavía parece lejana. Faltan definiciones, candidaturas, alianzas y seguramente algunas sorpresas antes de conocer quiénes terminarán apareciendo en las boletas. Sin embargo, hay una parte de esa elección que comenzó hace mucho tiempo y que probablemente muchos de quienes hoy aspiran a un cargo público todavía no están considerando: la historia que internet ha construido sobre ellos.
En Coahuila comenzaremos a escuchar cada vez con mayor frecuencia los nombres de quienes buscan competir por alguno de los 38 municipios. A nivel nacional estarán también en juego las diputaciones federales y 17 gubernaturas. Vendrán las encuestas, los recorridos, las fotografías, los equipos de comunicación, los nuevos perfiles en redes sociales y esa transformación que ocurre cada proceso electoral, en la que, de pronto, personajes que llevaban años hablando de otras cosas descubren una enorme afición por caminar colonias, desayunar gorditas y grabarse con el teléfono en la mano.
Nada nuevo hasta ahí.
Lo que sí cambió es la manera en la que un ciudadano puede investigar a quien pretende gobernar. Hace algunos años habría escrito su nombre en Google y revisado las primeras notas que aparecieran. Hoy puede abrir ChatGPT, Gemini, Perplexity o cualquier plataforma de inteligencia artificial y hacer una pregunta mucho más interesante: ¿quién es esta persona y qué debería saber de ella antes de votar?
Vale la pena hacer el ejercicio con algunos de los nombres que ya comienzan a sonar. Los resultados pueden ser interesantes y, en algunos casos, bastante incómodos.
La razón es sencilla. Durante años entendimos la comunicación digital como la administración de lo que nosotros mismos publicábamos. Primero Facebook, después Twitter, Instagram, TikTok y las plataformas que fueran apareciendo. Más adelante aprendimos a preocuparnos por Google y por aquello que encontraba una persona al buscar nuestro nombre. Pero la inteligencia artificial está llevando esto un paso más adelante: ya no solamente encuentra información, intenta interpretarla, relacionarla y convertirla en una respuesta.
Ahí es donde el asunto deja de ser exclusivamente de comunicación y se convierte en un tema de reputación.
Pensemos en cualquier político que lleve diez o quince años en la vida pública. En internet existen fotografías, entrevistas, discursos, publicaciones, notas periodísticas, documentos oficiales, reconocimientos, errores, acusaciones, polémicas y probablemente algunas cosas que ni siquiera recuerda haber dicho. Todo eso forma parte de una huella digital que no comenzó cuando decidió ser candidato y que tampoco desaparece porque su equipo de comunicación haya diseñado una nueva estrategia.
Hay además un problema todavía más complejo: no todo lo que existe en internet es verdad. Una acusación falsa puede haber sido replicada decenas de veces, mientras que su aclaración apareció una sola vez y tuvo mucho menos alcance. Una fotografía puede circular fuera de contexto, una declaración puede estar incompleta y una versión equivocada puede haber sobrevivido durante años simplemente porque nadie se preocupó por corregirla. Para quienes conocemos el contexto de una historia, puede ser sencillo distinguir una cosa de otra; para una inteligencia artificial que intenta reconstruirla a partir de la información disponible, no necesariamente.
Por eso creo que los equipos que preparan a quienes buscarán un cargo en 2027 tienen frente a ellos un trabajo mucho más profundo que producir videos, aumentar seguidores o encontrar el siguiente contenido que se vuelva tendencia. Tendrían que comenzar por investigar a sus propios candidatos con la misma profundidad con la que eventualmente lo harán sus adversarios y, cada vez más, los ciudadanos.
¿Qué encuentra internet sobre ellos? ¿Qué temas aparecen recurrentemente? ¿Qué información está equivocada? ¿Qué episodios de su trayectoria nunca fueron explicados correctamente? ¿Existen contradicciones entre lo que defendían hace algunos años y lo que sostienen hoy? ¿Hay suficiente información confiable para conocer su trayectoria o los primeros resultados están dominados por rumores, acusaciones y contenidos de terceros?
Y quizá habría que hacerse una pregunta todavía más sencilla: ¿la persona que existe en internet se parece realmente a la persona que quieren presentar en campaña?
La respuesta no se resuelve borrando publicaciones antiguas ni llenando Google de contenido favorable. Mucho menos tratando de engañar a una inteligencia artificial. La reputación funciona de otra manera: se construye con información verificable, consistencia, documentos, entrevistas, medios confiables, posicionamientos claros y, cuando existen datos falsos, con evidencia suficiente para que cualquiera que quiera investigar pueda encontrar también la otra parte de la historia.
Durante mucho tiempo la política creyó que controlar el mensaje era decidir qué se publicaba y cuándo se hacía. Eso también cambió. Hoy una parte importante de nuestra reputación está formada por cosas que publicaron otros, por aquello que permanece disponible después de muchos años y ahora, además, por la interpretación que una máquina puede hacer de todo ese material cuando alguien le formula una pregunta.
La campaña de 2027 tendrá bardas, espectaculares, recorridos, TikToks y seguramente muchas estrategias que todavía ni imaginamos. Pero antes de pensar en todo eso, quienes quieran aparecer en una boleta podrían comenzar con un ejercicio bastante más barato: abrir una inteligencia artificial, escribir su nombre y preguntarle qué sabe de ellos.
Algunos encontrarán a la persona que creen haber construido durante años. Otros probablemente hallen una versión que no reconocen.
Para estos últimos, la mala noticia es que su campaña no empieza en 2027; inició hace años y no sabían que ya estaban compitiendo.
El autor de esta columna lleva más de una década trabajando en reputación de marcas, empresas y personas. Y si algo ha aprendido en ese tiempo es que la reputación no empieza cuando alguien decide cuidarla, sino mucho antes.