La FIFA, los mundiales... ¿y los derechos humanos?
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Desde la sociedad civil, diversos grupos y organizaciones de expertos ya han advertido las áreas de mayor preocupación en relación con la salvaguarda de derechos humanos
Este año ha sido muy esperado, pues se celebrará una de las competencias deportivas que más euforia y pasión generan a nivel global: la Copa Mundial de fútbol varonil 2026, de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). La particularidad de esta edición del torneo se debe a dos cuestiones: una es que se incrementó, de 32 a 48, el número de equipos nacionales participantes; la segunda es que su organización ha estado a cargo de tres países anfitriones, en lugar de uno: México, Estados Unidos y Canadá.
La FIFA ha realizado este evento cada cuatro años desde 1930, excepto en 1942 y 1946 por el desarrollo y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Así, sin contar la edición de este 2026, se han llevado a cabo 22 competiciones de selecciones nacionales masculinas en el transcurso de 95 años. En la actualidad, la FIFA cuenta con 211 federaciones miembro, o asociaciones nacionales de fútbol, que representan al mundo.
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El futbol y el deporte en general son actividades humanas en las que, lamentablemente, también ha sido necesario reflexionar e implementar medidas de reivindicación social que tengan en el centro la dignidad, los derechos humanos y la no discriminación. Por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, se ha incluido y calificado al deporte como un elemento esencial para la paz y el desarrollo de la sociedad.
En el marco del derecho internacional de la ONU, se ha instituido la obligación primordial de los Estados y sus autoridades de contrarrestar el racismo y la discriminación, así como de garantizar los derechos de todas las personas en el ámbito deportivo. Por ello, deben reforzar los marcos jurídicos y adoptar medidas preventivas, educativas, de sensibilización y difusión para cambiar las mentalidades, las conductas y eliminar los prejuicios.
Aunado al compromiso de los países, la ONU ha dictado que las asociaciones deportivas, los clubes y los órganos reguladores también deben desempeñar una función especial en la promoción, el respeto y la protección de los derechos humanos. Principalmente, deben: difundir claramente el mensaje de tolerancia cero hacia el racismo y la xenofobia; elaborar marcos de trabajo y planes de acción contra la discriminación, los abusos y la explotación sexual; así como practicar la inclusión y garantizar que todas las personas atletas puedan participar en las competiciones.
En todo caso, para la dirección, organización y gestión de los deportes, la ONU ha indicado que el instrumento internacional de referencia es el de los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos (UNGP), emitidos en 2011, para respetar, proteger y remediar los derechos y libertades humanas en el ámbito de las operaciones y actividades empresariales.
Ya hay federaciones deportivas internacionales que han reconocido sus responsabilidades, de acuerdo con lo establecido en los UNGP, y han hecho esfuerzos por incorporar el respeto a los derechos humanos de diversas maneras. En particular, la FIFA se unió a este compromiso con la publicación de su Política de Derechos Humanos en 2017.
Sin embargo, la FIFA ha sido señalada y criticada por la identificación de actos de corrupción y violaciones a derechos humanos en sus procesos de elección de países anfitriones, al interior de estos y en la organización de las Copas Mundiales. De acuerdo con informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, los ejemplos más polémicos están en las últimas tres competiciones, de las cuales las dos más recientes se llevaron a cabo con la Política de Derechos Humanos de la FIFA ya en vigencia: Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022.
En Brasil, las denuncias incluyeron actos como desalojos y desplazamientos forzados, trabajo forzado, falta de consulta a las comunidades afectadas y represión violenta a las personas manifestantes. El caso de Rusia se caracterizó por abusos laborales, restricciones a libertades fundamentales y permanente represión contra personas defensoras de los derechos humanos. Por último, en Qatar se reportaron actos de explotación de personas migrantes involucradas en trabajos de construcción e infraestructura para la Copa, como salarios ínfimos, retención de documentos, imposibilidad de movilidad, hacinamiento en viviendas, falta de condiciones higiénicas y sanitarias, jornadas excesivas y falta de medidas de protección y seguridad.
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Para la edición de este año, cada una de las 16 ciudades anfitrionas de México, Estados Unidos y Canadá ha tenido que diseñar un “Plan de acción de derechos humanos”, a fin de establecer cómo van a garantizar que la organización y celebración de la Copa no supone impactos negativos en los derechos humanos reconocidos internacionalmente y que, ante los riesgos potenciales, habrá medidas para prevenir y responder a favor de la protección de los derechos y libertades humanas.
Desde la sociedad civil, diversos grupos y organizaciones de expertos ya han advertido cuáles son las áreas de mayor preocupación en relación con la salvaguarda de derechos humanos. Así, destacan que los esfuerzos deben dirigirse a la garantía de la transparencia, de los derechos laborales, de la libertad de prensa, de los derechos de personas migrantes, de los derechos civiles y la no discriminación, de los derechos de atletas y seguridad de personas de la comunidad LGBT+, de la voz y seguridad de la afición, de la protección de las infancias, así como de derechos de las personas residentes y comunidades en las ciudades anfitrionas.
Será necesario observar críticamente el desarrollo de la Copa Mundial 2026, a fin de dar seguimiento y evaluar qué tan en serio se están tomando el respeto y la protección de los derechos y las libertades humanas, tanto por parte de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) como por las ciudades y los países anfitriones de esta edición.
La autora es investigadora de la Academia IDH
Facebook: lillian.sancal
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH