La imprudencia de los políticos
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Quizá, mareados por el poder, frente a los medios de comunicación y con la fortaleza que les ofrece amplificar su voz con un micrófono, se lanzan con consignas ante sucesos o personas que no les son afines
A muchos miembros de la clase política, en todos los niveles, pareciera faltarles prudencia al hacer comentarios públicos. Quizá, mareados por el poder, frente a los medios de comunicación y con la fortaleza que les ofrece amplificar su voz con un micrófono, se lanzan con consignas ante sucesos o personas que no les son afines.
El exgobernador Ernesto Ruffo Appel fue detenido el 16 de julio, con el propósito expreso de exhibir el arresto de una persona de 74 años por presuntamente participar en delitos de huachicol fiscal. Autoridades de la Fiscalía General de la República (FGR) han hecho declaraciones que parecieran presentarse como la última palabra, la verdad absoluta que acusa a Ruffo de contrabandear combustible.
Este hombre, que fue el primer gobernador constitucional de oposición en México cuando gobernó Baja California (1989-1995), emergió del partido Acción Nacional y, según información periodística, ahora es parte de Somos México. Está “oliendo” a venganza política. Felipe Calderón ya dio declaraciones que seguramente empeorarán la situación de Ruffo ante la 4T. Estamos presenciando simplemente movimientos de carácter preelectoral.
La historia que mañana culmina con la final España-Argentina de la Copa Mundial de Futbol de la FIFA muestra ejemplos de quienes han tenido que retractarse, matizar sus palabras o, de plano, “tragárselas” porque carecían de fundamento, eran torpes o simplemente ofensivas.
El expresidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, hizo comentarios sobre la selección francesa, afirmando que tenía un altísimo nivel... pero sin franceses, lo que ocasionó problemas diplomáticos entre Francia y España. Rajoy no se disculpó, pero se retractó públicamente.
La senadora paraguaya, Celeste Amarilla, insultó con tintes racistas al futbolista francés Kylian Mbappé, lo que casi escala a un conflicto diplomático bilateral, por lo que el gobierno de Paraguay se desmarcó de las imprudentes palabras de la legisladora.
El presidente Donald Trump también hizo de las suyas al pedir a la FIFA revisar la expulsión de un jugador estadounidense, quien posteriormente fue reintegrado al juego. Después, el mandatario tuvo que matizar sus declaraciones, pero no se retractó, sólo le “bajó unas rayitas” a su intervención. Las pifias en el marco de una Copa Mundial pueden generar por lo menos daños en la reputación de los involucrados o innecesarias manifestaciones de amor patrio, como lo mostraron los argentinos con el tema de Las Malvinas.
Ese mareo del poder amplifica, cual micrófono, las palabras dichas de manera impulsiva y epidérmica. Y todo se cobra, ya que a estas personas, que de manera verborreica “vomitan” comentarios, pierden credibilidad.
La opinión pública merece un respeto por parte de las figuras políticas; hasta los más poderosos se han visto obligados a retroceder cuando sus palabras dañan a terceros, pues de otra manera el partido político, o la causa que representan, puede enfrentar consecuencias.
El futbol soccer es un deporte, pero también tiene mucho de teatralidad: esas caídas preparadas al final de los dos tiempos, las muecas de dolor de algunos jugadores y las expresiones corporales de los directores técnicos que vociferan como argentinos encendidos. Mientras tanto, en la política mexicana, vaya que también pareciera un teatro en el que existen actores, actrices y espectadores que aplauden, gritan, golpean y lloran.
No creo que ninguna autoridad se retracte de sus comentarios en el caso Ruffo. El poder político de quienes hoy lo detentan en nuestro país reduce la autocensura y magnifica la imprudencia. Necesitamos políticos prudentes y futbolistas que actúen con limpieza. Veremos más tarde si Gianni Infantino sesga el resultado entre España y Argentina.