San Pedro Petlacotla está de fiesta

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Opinión
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Requerimos que las autoridades educativas sean las primeras en promover un cambio de paradigma para las infancias y juventudes indígenas

Trece jóvenes y dieciséis señoritas de raíces totonacas concluyeron esta semana sus estudios de preparatoria en San Pedro Petlacotla, municipio de Tlacuilotepec, Puebla. A lo largo de mi vida he sido testigo de ceremonias de este grado –incluida la mía–, pero nunca había presenciado una como la que viví en este lugar paradisíaco enclavado en la Sierra Norte de Puebla.

La travesía, saliendo de Huauchinango hacia San Pedro Petlacotla, combina carretera y caminos sinuosos, donde en algunos tramos sólo hay espacio para que pase un vehículo, esto luego de la tormenta del año pasado que generó desastres en las rutas de las poblaciones serranas. De hecho, algunas están en reconstrucción.

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Era ya mediodía del viernes 10 de julio y aún no podía llegar a la ceremonia de graduación de la generación 2023-2026 del Bachillerato General Oficial Guadalupe Victoria. El acto iniciaría a esa hora, pero para mi fortuna, a pesar de haber arribado 20 minutos tarde, aún no había comenzado. Las autoridades del plantel, encabezadas por el ingeniero Javier Mérida, habían invitado a la Fundación Mundo Sustentable para apadrinar a la generación de preparatorianos y yo ocupaba el rol de su representante.

Al llegar, me maravilló la forma en que decoraron con adornos el patio del plantel; me dije: “¡Aquí sí hay profesores y padres de familia comprometidos!”. El color violeta era el que prevalecía. De ese tono también fueron los vestidos largos de las señoritas, mientras que los varones vistieron traje negro, con chaleco y corbatas lila.

Las familias de los graduados “echaron la casa por la ventana”, pues aunque son elementalmente pobres, la ocasión lo ameritaba. Cada preparatoriano fue apoyado por una pareja de padrinos, así que los gastos de la ceremonia se compartieron igual que el trabajo colectivo sin remuneración en faenas o en la figura del tequio, tan sustantiva en la gobernanza de los pueblos originarios.

En México, pocos jóvenes culminan la preparatoria y menos aún logran titularse en alguna universidad. Apenas el 6.4 por ciento de los hombres indígenas y el 5.1 por ciento de las mujeres indígenas accede a la educación superior, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID 2023). Esto significa que sólo uno de cada 15 indígenas que egresan de la preparatoria logra inscribirse en una universidad, aunque sólo el 3 por ciento de quienes realizan estudios profesionales llega a titularse. ¡Qué pena! Entonces, ¿dónde quedaron las políticas educativas para favorecer a los pueblos originarios?

Los graduados ofrecieron en perfecta sincronía tres bailes, pero con melodías en inglés. Me sorprendió que el nombre de la generación fuera “Nikola Tesla”. Allí, en las faldas del Cerro del Mirador, en donde se apostaban los vigías totonacas en tiempos de la Revolución Mexicana para avistar a los enemigos. Luego, uno de los invitados, don Hipólito Cruz Arroyo, activista del deporte y la cultura, me aclaró que muchos de los graduados participaban en la mística Danza de Voladores, mal llamada Danza de Voladores de Papantla, pues esta expresión cultural incluye a una gran región de la Sierra Norte de Puebla.

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A pesar de las barreras económicas y culturales que han sufrido los pobladores de San Pedro Petlacotla, las cuales los mantienen en condiciones de exclusión, y a sabiendas de que por ello se presenta una gran deserción escolar en la educación superior por parte de hombres y mujeres indígenas, debemos apostar a que por lo menos el 30 por ciento de ellos se mantenga haciendo estudios universitarios en campos académicos de provecho para sus comunidades, como las agrotecnias, el turismo regenerativo, la salud y el manejo hídrico.

Pero en San Pedro Petlacotla estuvimos de fiesta, como lo repitió muchas veces la profesora que condujo la ceremonia. Aunque no me gustaría que en las próximas ceremonias el representante de la región escolar diga que los graduados serán excelentes albañiles o carpinteros (sin que se desprecie estos oficios), pues requerimos que las autoridades educativas sean las primeras en promover un cambio de paradigma para las infancias y juventudes indígenas. En mi mensaje también expresé que en muchos sentidos San Pedro Petlacotla no tenía nada que envidiarle a ciudades como Saltillo o Monterrey.

Columna: Mundo sustentable

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