La libertad en el siglo XXI
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Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar Varsovia. Que hermosa ciudad. Existen dos Varsovias, la de antes y la de después de la Segunda Guerra Mundial. Pasó de ser una metrópoli próspera a una ciudad hecha polvo, reducida a escombros y tuvo que ser reconstruida casi por completo. Tenía una comunidad judía de 350 mil personas, representaban el 30 por ciento de la población.
La ciudad fue bombardeada desde 1939 con la invasión alemana, no dejaron piedra sobre piedra, se ensañaron con una de las capitales más hermosas y prósperas de esa época. Los nazis arrasaron y quemaron manzana por manzana. Más del 85 por ciento de los edificios quedaron destruidos y murieron entre 600 mil y 800 mil personas. De ese tamaño fue la tragedia sufrida por los polacos.
Agnese fue nuestra guía, caminamos la Stare Miasto o Ciudad Vieja, reconstruida tras la devastación sufrida en la Segunda Guerra Mundial y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estuvimos también en la Plaza del Mercado, un lugar muy colorido en el que destaca el Parque Łazienki, el más grande de Varsovia, famoso por su Palacio sobre el Agua, los pavos reales en libertad y el monumento a Chopin. En fin, todo lo que se puede ver en los tres días que ahí pernoctamos.
Les apuntaba, generosos leyentes, que Agnese fue nuestra guía. Cuando le preguntamos qué era desde su punto de vista lo más hermoso de su país, una sonrisa iluminó su rostro y nos contestó emocionada: la libertad. El poder transitar por donde una quiera, a la hora que quiera, sin el temor de que te paren y te pidan tus papeles. Eso vale más que todo el oro del mundo. A ella le había tocado sufrir el régimen soviético.
La libertad es el derecho más grande después del que tenemos a la vida. De ella emanan todos los demás derechos fundamentales que nos deben ser reconocidos por la ley. En nuestro país los tenemos inscritos en la norma de más jerarquía, la Constitución de la República. Sin libertad no hay prosperidad. Les comparto la frase más famosa de la obra cumbre de don Miguel de Cervantes y Saavedra: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...”.
Se trata de una facultad que le permite al ser humano actuar, decidir y elegir acorde a su propia voluntad sin que medien coacciones externas, asumiendo con ella la responsabilidad de sus actos y respetando los derechos de los demás. Tenemos los humanos la facultad de formar criterios propios, creencias e ideologías SIN IMPOSICIONES DOCTRINALES O ESTATALES. Así de simple y de llano. Tenemos también el derecho a comunicar ideas, opiniones o información, limitado por la prohibición de incitar al odio, la violencia o la censura, así como la posibilidad de profesar o no cualquier religión o práctica espiritual. Tenemos la libertad para circular por el territorio y reñirnos pacíficamente con fines sociales, políticos y culturales. Igual, tenemos la facultad de emprender, trabajar y progresar mediante la actividad económica equitativa. Hoy día nos enfrentamos a profundas transformaciones sociales, tecnológicas y políticas.
Para ser libres hay que vivir acordes al estado de derecho, entendiéndose con ello que debo de ejercer mis libertades sin perder de vista que éstas quedan limitadas por el respeto al de los demás.
Hoy día, en este país, se está legislando por la mayoría del actual régimen, no a favor de los derechos de los mexicanos, sino del grupo en el poder. Si nos quedamos nada más mirando el desbarajuste en las cámaras, flaco favor estamos haciéndoles a las nuevas generaciones. Vamos que volamos por la tercera dictadura. ¿No? Así decían los venezolanos, los nicaragüenses... y mire nomás cómo andan. Vamos a llorar lágrimas amargas si nuestra apatía sigue imponiéndose como hasta ahora. México merece mejor destino que ser una más de las infaustas repúblicas –dizque repúblicas– socialistas.
2027 ya está a la vuelta de la esquina, por favor piense por quienes va usted a votar. Hoy más que nunca estamos frente a un compromiso ineludible, la paz no forma parte de la izquierda mexicana, ni está dentro de su lista de prioridades. Es el poder por el poder lo que los anima a destruir un México que también es nuestro.