La muerte del CEO
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‘El abatimiento’ de ‘El Mencho’ es un golpe mediático, pero el respeto a la red criminal que tejió en vida, misma que le otorgó impunidad y la posibilidad de expandirse a gran escala, sigue vigente
No sé si a usted le suene de algo The Walt Disney Company.
Quizás (si vive debajo de alguna piedra) todavía piense en Disney como el estudio cinematográfico de los dibujos animados de su niñez, responsable también de la operación de algunos míticos parques temáticos que la clase media visita al menos una vez en su vida.
Técnicamente sí, pero la definición está incompleta si no mencionamos que es la compañía de entretenimiento más poderosa del mundo.
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Aunque por el valor de sus acciones no lidera estrictamente el mercado, la diversificación de sus activos la vuelve la compañía más amplia e influyente de su ramo. Además de los estudios, casas productoras/distribuidoras y los parques temáticos, tiene una línea de cruceros y resorts, plataformas de streaming como Hulu, ESPN+ y, por supuesto, la de la casa.
Administra también la cadena ABC y canales de paga como Nat Geo, A&E, FX... y los de la casa. Música, merchandising, obras en Broadway, contenidos no necesariamente para niños, deportes, noticias...
Hace ya tres décadas, Disney comenzó a adquirir toda la propiedad intelectual que se atravesaba en su camino y hoy representa el 40 por ciento de sus activos: Marvel, Star Wars e Indiana Jones; todas las franquicias de 20th Century Studios/Fox (Simpsons, Family Guy, Alien, Planeta de los Simios, Avatar) y otras como Los Muppets, High School Musical... Llegó un momento en que estaba seguro de que Disney iba a comprar esta columna, la Nación Petatiux (¡sigo abierto a ofertas, Mickey!).
Ahora bien, el creador, fundador y primer CEO de este monstruo corporativo, un tal Walter Elias Disney, murió en 1966. Y estoy seguro de que ni en sus más febriles, pachecos y delirantes sueños (esos en los que concibió la secuencia del ballet de los hipopótamos y los cocodrilos para “Fantasía”, de 1940), pudo anticipar lo que su emprendimiento llegaría a ser.
Si bien era un visionario indiscutible y un ejecutivo arriesgado, se pasó la mitad de su vida cuidando al estudio de la ruina y tratando de convertir su fórmula en nuevas experiencias. Pero no, ni de coña pudo haber anticipado lo que hoy representa su apellido.
Seguro que si hoy lo sacaran de su hibernación criogénica para que viera lo que han hecho con la marca y hasta dónde la han llevado, fliparía en Technicolor.
Pero era obvio también que una industria como Disney no iba a morir con su cabeza ejecutiva. Sería hasta tonto pensar que los parques, los personajes, los juguetes y coleccionables, los filmes y otros contenidos, la marca en general, iban a dejar de ser explotados y expandidos sólo porque su CEO fue puesto en refrigeración indefinida.
¡Pues no!
Entonces, ¿por qué tanto optimismo tras el llamado “abatimiento” de Nemesio “El Mencho” Oseguera, como si su remoción significara en automático la desarticulación de un consorcio para el cual trabajan 30 mil personas y cuyo capital no puede precisarse (porque no reporta al SAT), pero que se estima genera de 10 a 30 mil millones de dólares anuales y que opera además en cuatro continentes (de 40 a 60 países)?
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¿Qué representa “el abatimiento” de don Mencho para el cártel, si no la remoción por causas de fuerza mayor de su CEO, siendo que la estructura sigue intacta y su gente bien dispuesta a llevar la marca al siguiente nivel (como ya demostraron el domingo)?
“El abatimiento” de Oseguera es un golpe mediático, pero el respeto a la red criminal que tejió en vida, misma que le otorgó impunidad y la posibilidad de expandirse a gran escala, sigue vigente.
Asegura la doctora Sheinbaum en su monserga matinal que esta acción echa por tierra las acusaciones de opositores y detractores que llaman narcogobierno a la Transformación y la acusan a ella y a su mentor de narcopresidentes.
Según ella, el operativo del domingo es una prueba axiomática, categórica y contundente de que su movimiento no está coludido con las mafias de la droga, el huachicol, la trata y el cobro de piso.
Y que la sangre derramada de los soldados caídos es sagrada y conjura cualquier sombra de duda sobre las buenas intenciones de su administración y –desde luego– de la anterior también.
Pero es ridícula tal asunción, si es claro hasta para el más obtuso que un imperio como el de “El Mencho” (o el de “El Mayo”, o cualquier otro semejante) no se crea sin la complicidad de autoridades y funcionarios a todos los niveles; políticos que por omisión y participación activa han brindado anuencia, protección e impunidad a las peores y más atroces prácticas del cártel. ¡Carajo! Hay desde alcaldes, legisladores, gobernadores y expresidentes señalados de vínculos con el CJNG y a nadie se le ha citado siquiera a comparecer.
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¡Ah, sí, agarraron al güey de Tequila, Jalisco! El más pendejo y exhibicionista de todos (¡y pusieron en su lugar a otra devota igual de leal a “El Mencho”!). Fuera de eso, no hay un maxiproceso o investigación abierta contra funcionarios de primer orden en el horizonte, un atisbo de orden siquiera que nos permita suponer que la estructura del cártel más sanguinario del país (quizás del planeta) va a colapsar pronto.
No hablemos de lo inconsecuente que fue ir a por “El Mencho” sin anticipar la reacción violenta de las células criminales que paralizaron a medio México por dos días, como tampoco de la necesidad imperativa que representaba capturar con vida al capo, si de verdad tenían la intención de desarticular al CJNG y no buscaban sólo provocar una sucesión en la silla ejecutiva criminal o –en su defecto– la fractura de la organización en empresas de menor tamaño, sólo que en violenta disputa y con todo el potencial de crecer tanto o más que el cártel original que les dio a luz.
Es ridículo, es irresponsable y es falaz celebrar la muerte de este criminal como un triunfo de la justicia. Muy al contrario, su deceso muy probablemente la obstruya por muchos años (tal vez para siempre) y quizás haya sido por eso mismo que... hoy “El Mencho” no aguarda un juicio.
Vendernos la idea de que “el abatimiento” de “El Mencho” es la sentencia de muerte del CJNG (y las partes que lo conforman) es sólo propaganda, de la más elemental, apta sólo para mentes que todavía consumen cuentos de Disney.