Calderón... ¿tenía razón?

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Opinión
/ 23 febrero 2026

La seño Sheinbaum tuvo que desviarse de la política marcada por su patrón y antecesor para, en cambio, abrazar impúdicamente la estrategia calderonista de ir a patear el avispero y a ver qué chingados pasa

Imagínese ser un párvulo y despertar –literal y metafóricamente– en un país en el que las clases han sido suspendidas debido a la muerte de un narcotraficante...

La duda en forma de disyuntiva necesariamente ha de cruzar por su cabeza: “El Mencho... ¿héroe o villano?”.

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Ajenos a la catástrofe desatada por el presunto abatimiento del famoso delincuente, Nemesio Oseguera Cervantes, algunos pequeños habrán disfrutado su mañana libre, internalizando la idea de que es normal vivir en una sociedad en la que el crimen determina si es o no seguro hacer algo tan básico, tan elemental y tan inherente al Estado de derecho como es el asistir a la escuela para que lo eduquen a uno o, en su defecto, lo adoctrinen con las monsergas del tal Marx Arriaga, en cualquier caso, un derecho humano y de la niñez suspendido “hasta nuevo aviso” en diversas entidades de México.

–Voy a la tienda, hijo, ¿quieres algo?

–Un Choco-Lala, unos “vualás” a ver si me sale la figura de “Kiko Marciano” y la monografía de “El Mencho”, porque seguro que la Miss nos la pide mañana.

Al final resultó que Calderón tenía razón... en todo. No sólo no hay que abrazar a los maleantes, sino que hay que ir a hacerles la guerra sin anticipar o calcular las posibles consecuencias de ir a jugar al Jenga con una de las estructuras criminales más poderosas del planeta.

¡Porque no me digan que lo del domingo fue una operación límpida, aséptica, quirúrgica (botánica, retórica y sistema decimal)!

Si algo se le criticó al Señor de los Bacachos y por lo cual se le fincó responsabilidad moral y directa sobre la muerte de una cifra aún no determinada de inocentes (ya desde entonces el manoseo estadístico nos impedía aproximarnos a un número real), fue el haber declarado una imprudente guerra contra organizaciones delictivas que superan en efectivos y armamento a las Fuerzas Armadas de México (Fuerzas cuya función, ADEMÁS, no es la seguridad interna del país).

Siendo que la experiencia y los casos de éxito han demostrado que la mejor manera de enfrentar a las organizaciones criminales, como las que imperan en México y pululan en América Latina, es por medio de las operaciones de inteligencia (recolección y análisis de información, espionaje, infiltraciones...) y el desmantelamiento financiero (cerrar el acceso a su capital, congelamiento de cuentas, confiscación de bienes, desarticulación de redes de lavado y combate a las factureras, cooperación informativa financiera internacional...).

Adicionalmente, toda estrategia de combate a las mafias estará incompleta si no se cortan sus tentáculos dentro de la estructura política y gubernamental de un país, que es el medio por el cual se aseguran protección e impunidad.

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Eso es combatir al crimen. En suma: operativos de inteligencia, redadas financieras y saneamiento político-gubernamental. Una vez que se cubren estos tres frentes, el costo en enfrentamientos violentos es necesariamente mínimo.

Sin embargo, nuestros gobiernos todos, desde la Casa Blanca y hasta nuestros gobiernos estatales, pasando por nuestro Gobierno Federal (Presidencia de México y Fuerzas Armadas), les venden a los ciudadanos la idea de que “la Guerra contra el Narco” es necesariamente una sucesión interminable de cruentos y épicos enfrentamientos de los que nadie está a salvo; y que todo se reduce a más elementos, más armamento, mayor blindaje, mejor estrategia de campo, más delincuentes abatidos, etcétera...

Y eso fue lo que hizo el tontorrón de Calderón: declarar una guerra bajo una óptica que quedó obsoleta desde tiempos de Ronald Reagan.

Afortunadamente, en 2018 votamos por alguien que iba a hacer todo lo contrario y que era sobre todo la antítesis del modelo neoliberal, panista, fifí y facho militarista del calderonato... ¿verdad? Después de todo, una de sus consignas era la de “regresar al Ejército a los cuarteles”... ¿verdad?

Pues sí y no... Lo primero que hizo nuestro viejecito santo y garnachero fue desdecirse de su intención de poner a la milicia bajo candado, que es donde debe estar en un país que no tiene una política bélica ni amenazas reales a su soberanía.

¡Pues nada! Nomás llegando nos salió con que siempre no. Que, al contrario, había que darles a los uniformados incluso funciones y responsabilidades eminentemente civiles (¿todo bien en casa, mein Führer?).

La parte que sí cumplió, no obstante, fue la de no declararle la guerra al narco... Pero no declararle una sanguinaria guerra frontal tampoco significaba establecer una política de abrazos y darle al crimen manga ancha para operar a placer, mientras que desde la Mañanera se minimizaban los estragos de su actividad; se humanizaba a los narcocriminales o, de plano, se negaba la existencia de sus más redituables industrias: fentanilo, huachicol, extorsión y reclutamiento forzado.

¡Nada, nada!, decía el cabecita blanca: Todo eso es, como el beso en la boca: “cosa del pasado” o, para decirlo en sus propias palabras:

“El narco no gobierna territorios, yo no soy Felipe Calderón...” (mayo 2022). “Cárteles no controlan regiones de México... No hay lugar en el territorio nacional donde no haya presencia de la autoridad” (marzo 2023). “En México ya no hay narcoestado... ya no existe, porque no estamos nosotros asociados o involucrados con el narcotráfico, somos distintos, somos diferentes” (septiembre 2024). “El narco también es pueblo. Son seres humanos” (agosto 2019). “¡Ahí están sus masacres... jejeje!” (septiembre 2020).

Ya durante el Segundo Piso de la Cuatritransformación y en el innegable contexto de la presión de EU para tomarse en serio el combate a los cárteles, la seño Sheinbaum tuvo que desviarse de la política marcada por su patrón y antecesor para, en cambio, abrazar impúdicamente la estrategia calderonista de ir a patear el avispero y a ver qué chingados pasa:

“¡Que el Señor me los agarre a todos con sus sacramentos completos y todas sus vacunas en regla... Ya si el resto de los cárteles pone en jaque a la población por habernos atrevido a romper el pacto de abrazos e impunidad, yo desde mi Palacio virreinal saldré a decir en la Mañanera que todo está bajo control. Y tengan por seguro que si una población se ve particularmente afectada, les programaré una visita de Omar García Harfuch para que al menos se consuelen por vía retinal!”.

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Ayer un niño aprendió que la muerte de un sólo individuo delincuente puede paralizar a todo México, que el Estado no le ofrece garantías para asistir a clases y que todo ello es normal en un país que incluso –¡carajo!– se va a dar el lujo de celebrar un Mundial de futbol.

Y todo gracias a que la doctora Presidenta le dio la espalda a la política de los abrazos y decidió declararle al narco una nueva guerra sin cálculo ni estrategia previos, dándole (lo reconozca o no) la razón al insensato Calderón.

Columna: Nación Petatiux

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