La traición de Trump a Ucrania

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Opinión
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Desesperado por bajar los precios de la gasolina antes de las elecciones de mitad de mandato, ahora está ayudando a Putin a librar la guerra

Por El Comité Editorial, The New York Times.

Desde que el presidente Donald Trump regresó a la Casa Blanca el año pasado, ha oscilado entre apaciguar al presidente de Rusia, Vladimir Putin, y ayudar a regañadientes a Ucrania a defenderse de la invasión de Putin. En el transcurso de las últimas dos semanas, Trump ha dado un giro drástico hacia la conciliación. Desesperado por bajar los precios de la gasolina antes de las elecciones de mitad de mandato, ahora está ayudando a Putin a librar la guerra.

El 9 de octubre, Trump anunció que levantaría las sanciones a las exportaciones rusas de diésel a Estados Unidos, una medida que ayudará a la economía y a la producción bélica de Rusia. El viernes fue un paso más allá al firmar una orden ejecutiva que suspendió otras sanciones. También ha tomado medidas que no tienen una justificación económica clara y que, en cambio, parecen diseñadas simplemente para complacer a Putin. Entre ellas hay nuevas restricciones del servicio de Starshield, la red satelital dirigida por Elon Musk que las fuerzas ucranianas utilizan para defenderse de los ataques aéreos rusos. Aunque la Casa Blanca niega estar involucrada, Musk dijo que solo el ejército estadounidense, y en última instancia el presidente, podía ordenar las restricciones de servicio.

Seamos claros sobre el alcance del cinismo de Trump. Está ayudando a un líder autocrático y peligroso adversario de Estados Unidos que está librando una guerra brutal contra un vecino democrático. Trump lo está haciendo en parte con la leve esperanza de que los precios de la gasolina, que se han disparado debido a su imprudente guerra en Irán, caigan en las próximas dos semanas y ayuden a los republicanos a evitar grandes pérdidas en las elecciones de mitad de mandato. Está dañando el interés nacional de Estados Unidos, y probablemente sacrificando vidas ucranianas, por sus propios intereses políticos.

Lo que está en juego en Ucrania es mucho más grande que el destino de una nación. La guerra es una prueba de si la expansión autoritaria puede triunfar mediante la fuerza militar en el siglo XXI, o si Occidente puede unirse para proteger la democracia y las vidas inocentes.

Incluso algunos republicanos del Congreso están horrorizados. El senador Thom Tillis por Carolina del Norte dijo que la exención de las sanciones era “más que irresponsable” e “inadmisible”. El senador Ted Cruz por Texas dijo que fue un error. Otros dos republicanos, el senador Kevin Cramer por Dakota del Norte y el representante Mike Turner por Ohio, pidieron una investigación sobre las interrupciones de Starshield. El senador John Cornyn de Texas dijo: “Lindsey estaría consternado”, en referencia al difunto Lindsey Graham, un aliado de Trump que frecuentemente lo presionaba para ser más duro con Rusia y que a veces lo lograba. (Las sanciones que Trump detuvo la semana pasada se derivaron de una ley que firmó apenas el mes pasado y que lleva el nombre de Graham).

Lamentamos que la mayoría de los republicanos, incluidos los líderes del partido en la Cámara de Representantes y el Senado, no hayan mostrado una independencia y claridad moral similares. Un Congreso funcional aprobaría rápidamente leyes para limitar las acciones de Trump, tanto en lo referente a las sanciones contra Rusia como al acceso de Ucrania a los servicios satelitales.

Las políticas más recientes de Trump son particularmente decepcionantes porque Ucrania ha logrado avances este año. Sus fuerzas recuperaron alrededor de mil kilómetros cuadrados de territorio entre enero y mediados de octubre, y sus drones han causado daños en el interior de Rusia. Con la ayuda de Estados Unidos y Europa Occidental, Ucrania tiene la oportunidad de convertir la guerra de Putin en un estancamiento humillante o una derrota.

La actitud complaciente de Trump hacia Putin, en cambio, lo anima a volverse más agresivo, en Ucrania y más allá. Al ver a Occidente débil y dividido, Putin ha iniciado una campaña de ataques y provocaciones apenas disimulados contra otras partes de Europa. Drones, misiles y aviones de combate rusos han incursionado en el espacio aéreo de la OTAN, en Polonia, Rumanía y los países bálticos. La semana pasada, ataques sospechosos con drones en el mar Negro, justo en las afueras de las aguas territoriales de Bulgaria, dañaron un buque de carga comercial y hundieron otro. Este verano, Alemania dijo que había descubierto drones rusos armados alrededor de un aeropuerto cerca de Leipzig, aparentemente en espera de instrucciones remotas para atacar. “Ya estamos en conflicto con Rusia”, ha dicho el canciller de Alemania, Friedrich Merz.

Trump, por el contrario, ofreció esta evaluación poco sincera el lunes: “Francamente, Rusia se ha portado bien con respecto a Ucrania”. Ha presentado su política de conciliación favorable a Moscú como una estrategia para alcanzar la paz. El domingo escribió en redes sociales que había suspendido las sanciones porque no quería “hacer nada que aleje, tontamente, a Rusia de la mesa de negociaciones”. Si Trump de verdad cree esto, está interpretando mal a Putin, quien responde a las súplicas tímidas de paz intensificando la guerra.

Tanto el gobierno de Biden como los partidarios de Ucrania en el Congreso han trazado límites, con justa razón, al apoyo estadounidense a Ucrania. El país no es miembro de la OTAN y Estados Unidos no debería enviar tropas a luchar en esta guerra. Gran parte del apoyo financiero para Kiev debería provenir de Europa Occidental, que durante demasiado tiempo ha subcontratado la protección del continente a las fuerzas militares estadounidenses. No obstante, Washington puede y debe desempeñar un papel crucial en la defensa de la democracia ucraniana contra la agresión de Rusia.

De manera más urgente, la Casa Blanca debería revertir las restricciones de Starshield. Ucrania depende de la red satelital para defenderse de los ataques con misiles rusos. La ralentización “nos costará la vida a muchos de nosotros”, le dijo un oficial militar ucraniano a Politico. Estados Unidos y Europa también deberían trabajar juntos para ayudar a Ucrania a reponer sus existencias de interceptores de misiles y misiles de largo alcance. Y Washington debería seguir castigando a Putin, a los oligarcas que lo apoyan y a la economía de guerra de Rusia.

La manera de hacerlo es sencilla: hacer cumplir la ley que lleva el nombre de Graham. Esta iba dirigida a la energía de Rusia, que ayuda a financiar la guerra en Ucrania, con sanciones y otras medidas. Esos castigos debían entrar en vigor el domingo, hasta que Trump firmó la orden ejecutiva.

El pueblo de Ucrania ha mostrado una valentía inspiradora durante los últimos cuatro años y medio. Desafiaron las predicciones de los expertos y rechazaron la invasión de Rusia. Más de 125 mil han muerto, y otro medio millón ha resultado herido. Muchos viven todos los días con miedo, y se preparan para un invierno difícil. Están librando una batalla que beneficia a todo el mundo libre. Trump solo lucha por sí mismo.

El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción. c. 2026 The New York Times Company.

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El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

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