La trumpetización de Samuel

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Opinión
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Donald Trump convirtió la Casa Blanca en un club de amigos selectos, donde la impunidad se reparte como canapés en cóctel de gala. Samuel García, su discípulo tropical, el aprendiz norteño del populismo rubio, descubrió la misma fórmula al sur del Bravo

La distopía regiomontana. Tu recuerdo no se va, no se va, no se va. Las promesas de Samuel García tampoco se van. Se quedan flotando en el aire contaminado de Monterrey, suspendidas entre el PM2.5 y la demagogia. Fantasmas de una campaña electoral convertida en espejismo permanente.

En Washington con el pelo color mazorca y otro en Nuevo León con el copete de la ambición. Uno construye muros. El otro, líneas de metro fantasma. Uno promete hacer grande a su nación. El otro jura poner al estado al puro centavo. Los dos mienten con la misma cadencia, con idéntico descaro, esa sonrisa de vendedor de autos usados en domingo de tianguis. Jugando como si no pasara nada.

Donald Trump convirtió la Casa Blanca en un club de amigos selectos, donde la impunidad se reparte como canapés en cóctel de gala. Samuel García, su discípulo tropical, el aprendiz norteño del populismo rubio, descubrió la misma fórmula al sur del Bravo.

La canasta de compadres, el directorio VIP de la inmunidad fiscal. En Nuevo León, la corrupción no se disfraza de ideología, se viste de traje italiano y huele a colonia importada.

El menú del silencio.

La escena merece cinematografía de Scorsese con soundtrack de acordeón. Agosto de 2026. Samuel García, gobernador de Nuevo León, se planta frente a los empresarios de la capital industrial de México y les suelta, sin pudor alguno, la oferta del sexenio.

Aporten silenciosamente a las arcas del programa Ponte Nuevo y recibirán trato preferencial. Nada de auditorías. Nada de visitas sorpresa de Protección Civil, de inspectores de la Secretaría de Salud husmeando en las bodegas. Todo el aparato estatal mexicano, domesticado, mirando hacia otro lado. Quédate otra vez, quédate toda la noche, le canta el gobernador al dinero ajeno.

El periodismo lo documentó con precisión quirúrgica. La suspensión de inspecciones, auditorías y clausuras a cambio de gratificaciones extra, fuera de la ley, por debajo de la mesa, sin transparencia. Un delito flagrante disfrazado de política pública. Trump, desde Mar-a-Lago, habría aplaudido de pie. El alumno superó al maestro.

La genealogía del descaro.

Pero la trumpetización de Samuel no nació en agosto. Viene de lejos, como el viento del sureste arrastrando humo industrial desde las chimeneas con nombre y apellido. Del esquema de financiamiento ilícito a través de la madre y los hermanos. Viene de los despachos jurídicos familiares, Firma Jurídica y Fiscal Abogados, GMA Firma Jurídica Fiscal, on ingresos por mil 781 millones de pesos entre 2021 y 2024. Viene de los desvíos millonarios por 9 mil 762 millones de pesos detectados por la Auditoría Estatal. Viene de los 13 expedientes en el Congreso local por violar la ley. Porque el corazón de Nuevo León es frágil, por eso lo rompiste fácil.

Trump tiene a sus hijos vendiendo criptomonedas desde la Oficina Oval. Samuel tiene al despacho de su padre presuntamente lavando dinero por más de mil millones de pesos, según las investigaciones periodísticas. Uno opera desde Manhattan; el otro, desde San Pedro Garza García. Misma lógica. El poder como empresa familiar, el erario caja chica, el gobierno franquicia hereditaria.

La distopía del Cerro de la Silla.

En la república independiente de Nuevo León, esa nación imaginaria, Samuel García se cree virrey, gobernar es sinónimo de enriquecerse al amparo del poder. El estado operó 28 meses sin fiscal general. El presupuesto se aprobó a regañadientes, después de crisis constitucionales, berrinches legislativos y reconducción presupuestal. Las obras del Mundial devoraron más de ocho mil millones de pesos mientras los colectivos gritaban. Agua para las casas, no para el Mundial.

Esa metáfora perfecta de la sequía moral. García racionó el líquido en siete zonas, sembró nubes con yoduro de plata a un costo de 135 millones de pesos, 161 vuelos para provocar lluvias inexistentes y cuando las redes sociales lo criticaron, respondió con la elegancia de un Trump tropical.

El problema del agua no era responsabilidad suya. Ya no sé disimular, llamo y no te puedo hablar.

El espejo de dos naciones.

Trump miente sobre la economía. Samuel presume cifras de inversión extranjera como si fueran medallas olímpicas. 73 mil millones de dólares acumulados, dice. El 76 por ciento del nearshoring nacional, proclama. Viaja a Europa amarrando inversiones, se declara en modo party durante el Mundial, y mientras tanto, el municipio de Monterrey lo denuncia penalmente por retención de recursos. La Comisión Anticorrupción amaga con juicios políticos contra sus secretarios. El PAN y el PRI lo acusan de usar recursos públicos en el partido mundialista.

Pero Samuel sonríe. Siempre. Como Trump en sus mítines, el vendedor de ilusiones en la feria del engaño. Entreno a mi corazón roto, por si mañana te vuelva a encontrar. Solo hay un problema. Nuevo León ya no le cree. El corazón roto es el de cinco millones de ciudadanos mirando cómo se desgaja la mazorca del poder.

Las Islas Caimán del alma. En algún lugar, quizá en una cuenta discreta en las Islas Caimán, quizá en un paraíso fiscal con palmeras y contraseñas bancarias, descansa el verdadero legado de esta administración. No son las líneas del metro, los puentes internacionales. Los supuestos 4 mil camiones nuevos. La certeza amarga de un gobierno convertido en negocio privado, la impunidad se cotiza en dólares y el silencio empresarial se compra con la promesa de no ser molestado.

Trump lo hizo primero. Samuel lo perfeccionó con salsa Valentina y carne asada. Uno desde el país vecino. El otro, desde la tierra del cabrito y la ambición desmedida. Dos hombres, dos naciones, un mismo libreto.

Mentir con convicción, robar con elegancia, gobernar como si el pueblo fuera decoración de escenografía.

Amor así no se olvida y no se va, no se va, no se va.

La trumpetización de Samuel García tampoco se va. Se queda. Como mancha de grasa en camisa blanca, el smog sobre el Cerro de la Silla, la factura impagable de un sexenio donde el gobernador confundió el palacio de gobierno con la sucursal bancaria en el Caribe.

El escenario de la política se desgaja la mazorca, Samuel García sigue bailando. Con los ojos cerrados. los bolsillos abiertos, la sonrisa de quien sabe algo terrible. México, la memoria es corta, pero las cuentas offshore son eternas. El pueblo, como siempre, pagando la entrada al espectáculo de su propia ruina.

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Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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