La violencia contra las mujeres persiste

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Opinión
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Se trata de un mal deleznable, por decir lo menos. Y sigue ensañándose con las mujeres. No me cabe duda que hoy día hay avances históricos tanto en educación, en política y derechos fundamentales, pero la situación de profundas desigualdades económicas, estructurales, sigue marcando para mal, la vida de millones de mujeres en el mundo. Están registrados los índices de violencia de género a nivel internacional.

Las mujeres alcanzan o superan en muchos casos la mitad de las matrículas universitarias en muchos linderos de nuestro planeta y cada día ocupan más espacios de representación política y de alta dirección. Está más que claro que la capacidad es asunto de personas, en las que nada tiene que ver el género. Hoy día hay leyes de paridad, de protección contra la violencia. Pero... aquí viene el pero... Ganan en promedio menos que los varones por el mismo trabajo, al que se suma una desproporcionada carga de trabajo doméstico sin remuneración.

https://vanguardia.com.mx/opinion/manana-ya-esta-a-la-vuelta-AK22828822

Si a esto le agrega la violencia machista, el acoso, los feminicidios, pues no es como para cantar victoria. Asimismo, una gran parte de la población en situación de pobreza se asienta en las mujeres, limitando con esto su autonomía financiera y su acceso a créditos. Revisen, estimados lectores, los reportes globales actualizados en la plataforma de la ONU, no se trata de ningún invento, no es politiquería.

La violencia doméstica está alcanzando niveles estremecedores. Y esto es historia antigua. Guardo tres historias de amigas de mi madre que se las vieron negras. Una estaba casada con un pelado chaparrito, que no rompía un plato cuando andaba en sus tantos, pero se convertía en un energúmeno cuando le entraba a los alcoholes. Le pasaba a la pobre de Rosa el cuchillo por el cuello. “Te vas a morir” y se carcajeaba. ¿Cuándo se acabó eso? Cuando sus hijos adolescentes decidieron ponerle un hasta aquí, llamando a la policía. Siguió bebiendo pero ya no amenaza de muerte. Llegaba calladito a acostarse. La segunda es esta: cuando el marido se embriagaba llegaba a su casa, se sentaba y todos tenían que marchar alrededor de la mesa, el que se atreviera a desobedecerlo se las veía con los cintarazos. Igual, se acabó cuando los hijos crecieron. Y la tercera, al individuo borracho le daba por correr a su mujer y a sus hijos de la casa, sin importarle que fuera a medianoche, previas cachetadas, puñetazos y cintarazos. Cuando estaba sobrio, igual ninguneaba a la señora delante de sus hijos, porque él sí era profesionista y la señora solo había terminado la primaria. Tenían un hijo con retraso mental, con él se ensañaba más que con los otros dos. No lo bajaba de defecto, así le decía, y culpaba a la mamá de esa condición. Lo corrió de la casa. No supe si esto tuvo arreglo. La violencia se da en cualquier estrato socioeconómico. Y le fastidia la existencia a todo el que la padece.

Atrás de la violencia de género hay una cultura machista despreciable, caracterizada por celos absurdos, por posesión enfermiza sobre la mujer. La domina no solo físicamente, también mentalmente. Es su prisionera, el pánico se apodera de la mujer y no es fácil sustraerla de ese entorno al que se acostumbra, aunque le implique sufrimiento corporal e interior. Los hijos, si los hay, también se acostumbran a vivir en ese medio saturado de veneno, que tristemente lleva a alguno de ellos a repetir el patrón de conducta.

Los esfuerzos que hacen los gobiernos para prevenir y/o combatir semejante daño son encomiables, pero no bastan. Se necesita también que las víctimas sepan que su problema tiene solución y que quien maltrata no te ama. Cuando se ama no se lastima ni con el pétalo de una rosa. Que no se les cierre el mundo a las víctimas, hay alternativas de solución. A un buen número de mujeres se les cae la vida de solo pensar en abandonar al marido, por la manutención de los hijos y el propio. Y se aguantan calladas y sumisas, aterradas. Muchas hasta piensan que hay más peligro al separarse.

“Una separación –como bien dice una experta- puede doler muchísimo. Puede obligarnos a repartir una casa, cambiar nuestra situación económica, reorganizar la relación con nuestros hijos y despedirnos de un proyecto de vida que imaginábamos para siempre. Puede haber tristeza, rabia, frustración e incluso una profunda sensación de injusticia. Pero tenemos que aprender a separarnos sin destruirnos”. Aprendamos a amarnos a nosotras mismas, si esto no se procura estamos fritos.

Hay una violencia que se le denomina vicaria, es la más despreciable de todas. Tiene como objetivo dañar a la mujer a través de sus seres queridos, especialmente de sus hijas e hijos. Comete atrocidades, tan terribles, que pueden acabar con su vida. Así de infame es esta lacra. Y va viento en popa. No están solas. Si están viviendo una situación así, hay donde quejarse y ser atendidas: 8444344875. 075 y 911 para emergencias. En Coahuila hay más de 29 centros instalados en 29 municipios, 6 centros de justicia y empoderamiento y más de 600 puntos violeta.

Columna: Dómina. Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.

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