Ladran y muerden...
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Cualquier causa es proclive a caer en manos oportunistas. En mayor o menor grado, eso ocurrió con la causa del malogrado Rocky, que atrajo la presencia de Arturo Islas, Alexs Ventura y un tal ‘Ranita de Nogales’
En el capítulo anterior... ¡Digo! En la columna pasada:
Pudimos constatar que, en efecto, al grueso de la gente le indigna e incluso le lastima el maltrato animal, porque por fortuna hoy tenemos una mayor consideración hacia las otras criaturas con las que cohabitamos el planeta, pero particularmente hacia aquellas con las que compartimos nuestro hogar y nuestras vidas.
Y que no bastan nuestra indignación ni toda la lucha activa para detener el sufrimiento de otras especies... Ni bastarán jamás, acaso en algún utópico futuro, pero es que antes tendríamos que resolver el pequeño inconveniente de no autoaniquilarnos primero. Lo que no significa que no podamos involucrarnos desde hoy en la forma que cada uno lo decida, ya sea adoptando discretamente un animalito (a quienes compran y crían “razas” todavía les hace falta una rociada de coscorrones); o ya sea convirtiéndose en activistas y rescatistas... No hay esfuerzo chico ni tampoco lo suficientemente grande.
Comentábamos también que un reciente y muy lamentable caso de maltrato que terminó con la muerte de un perrito doméstico (Rocky) casi inició una revuelta en esta saraperópolis, lo que bien o mal apuntala la afirmación de que el tema nos resulta altamente sensible y nos vuelve impredeciblemente reactivos.
¿Nos defendemos mejor en nuestra modalidad de turba iracunda, antorcha en mano y trinches arriba? Sí... si al científico loco del pueblo le da por volver a hacer experimentos de reanimación y da vida a una criatura que luego ande por ahí asustando a nuestras doncellas.
Pero me temo que en la historia de las conquistas civiles, el peso de la manifestación es menor de lo que nos gusta pensar. Se trata en cambio de largas y burocráticas batallas legales, mucho menos románticas que la protesta callejera que, aunque nos aporta siempre una bonita imagen de la fuerza del movimiento y le da visibilidad, no es el movimiento en sí, sino sólo una de sus expresiones.
Sería como reducir la lucha feminista a las manifestaciones del 8M, cuando todos, todos, todas y todes sabemos que es algo mucho más amplio, profundo, estructural e histórico que la marcha morada, que es sólo una de las maneras en que se expresa el descontento y la preocupación, pero no constituye la lucha per se.
Entonces, la muchedumbre enardecida cumple una función, sí, aunque limitada. La indignación eventualmente tiene que pasar a una forma más madura de activismo, comprometida a darle una sostenida batalla a las instituciones y no sólo a gritar consignas por una tarde o dos.
No estoy menospreciando la manifestación presencial a puño alzado. Se supone que las protestas tras la muerte de Rocky impidieron que el lomi-cidio quedara impune. Puede ser... Sólo digo que el descontento es la fase embrionaria de la lucha social y que eventualmente debe moverse hacia una etapa más formal, más legal.
Pero mientras todo es indignación, rabia y ganas de ver pagar a los responsables de los males del mundo, cualquier causa es proclive a caer en manos oportunistas.
En mayor o menor grado, eso ocurrió con la causa del malogrado Rocky, que atrajo la presencia de Arturo Islas, Alexs Ventura y un tal “Ranita de Nogales”.
Si usted no sabe quiénes son, no se preocupe, que yo tampoco tenía la más remota idea. Se trata de tres influencers ciberactivistas, enfocados en el rescate de fauna silvestre y urbana.
Sus seguidores deben sumar millones, lo que sin duda ayuda a visibilizar (y a monetizar) los casos concretos a los que se abocan. Y eso... no podría ser malo para ninguna causa, ¿verdad?... ¿Verdad?
Pues no lo sé. Como ya comentamos hace un par de días, el maltrato animal es mucho más que un caso viralizado por un cruento video. Es una situación compleja, multifactorial y atávica que requiere lo mismo del compromiso de las autoridades y de una auténtica toma de conciencia social.
Pero estos individuos explotan casos de gran impacto, privilegiando siempre el espectáculo y el sensacionalismo, lo que les genera miles de vistas e interacciones.
En el caso de las especies silvestres y protegidas, se les acusa de falta de rigor técnico (por ejemplo, de haber liberado ejemplares en hábitats inadecuados, poniendo en riesgo a todo el ecosistema); y en los casos urbanos, pues tenemos mucho show para redes y poco impacto real, por no mencionar la poca transparencia con que manejan los recursos que obtienen de donativos y de monetizar los casos más dramáticos.
En un país en el que hasta a las madres buscadoras se les cuestiona sobre cómo financian sus traslados, cabe preguntarnos cómo hacen estos explotadores de la nota roja canina para estar siempre en la primera fila de cada manifestación proanimalista.
Desde luego, una vez en la capital coahuilense, los influencers convirtieron la protesta en manifestación política, exigiendo –con más tompiates que los propios locales– la presencia del alcalde y del gobernador. WTF! ¿¡Cómo por...!?
Ya dediqué todo el artículo anterior sólo a dejar en claro lo mucho que amo a los perritos y cuánto me mortifica el sufrimiento animal, pero ni por asomo creo que el titular del ejecutivo (estatal, ni siquiera municipal) tenga que salir a comparecer y a declarar por un caso específico de maltrato animal, si se supone que hay un montón de instancias intermedias y un marco legal vigente... A menos que... estos ciberanimalistas influencers vociferen consignas al mejor postor, lo cual me parece mucho más plausible.
Hoy en día los veo a cada rato en la publicidad de YouTube que paga la Secretaría de Gobierno del Estado de Nuevo León, al lado de su titular, un tal Miguel Ángel “Mike” Flores, quien indudablemente está construyendo su plataforma electoral desde su cargo actual. Y allí está, revolviendo datos pseudocientíficos con verdades a medias para hacer demagogia con el caso de Rocky, apoyado por estos tres influencers que, sabemos, no están allí gratuitamente.
¿Son peligrosos estos individuos? ¡Sin duda! A la larga perfeccionan la forma de capitalizar el descontento y la indignación ciudadana, como aglomerar las mejores intenciones y usarlas como combustible para sus intereses. Y claro que serían capaces de vender cualquier movimiento con tal de hacerse de más recursos, poder e influencia.
¿No me cree? ¿Se acuerda del caso Ayotzinapa? ¿Uno que involucraba vidas humanas e indignó a todo México? Pues hubo quien se lo apropió y lo agarró como bandera. Y también le exigía a Peña Nieto que diera la cara, que renunciara, que: “¡Fue el Estado!”.
Ese mismo individuo a la postre apuñaló a los padres de los normalistas e hizo todo lo posible (y hasta la fecha) por exonerar al Estado y al Ejército responsables del homicidio de los 43. Así que, por favor, nunca subestime a estos animales... Que éstos sí muerden.