Las antiguas fábricas saltillenses de hilados y tejidos (2)
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Originario de Irlanda, Hewetson le impuso el nombre de Hibernia, que literalmente quiere decir ‘tierra del invierno’ y que es el nombre latino con el cual se conoció a la isla de Irlanda en tiempos de los romanos
La semana pasada hablábamos de ese pedazo de Saltillo ubicado al nororiente, conocido como “las fábricas” por las tres industrias de hilados y tejidos que se establecieron en el lugar y que fueron la base de los tres poblados: La Aurora, La Libertad y La Hibernia.
Contiguo a La Aurora, siguiendo hacia el norte por la calle Francisco Arizpe y Ramos, se llega a La Libertad, hoy colonia de Saltillo, surgida de la antigua fábrica de hilados y tejidos fundada por Clemente Cabello en la misma época en que abrió La Aurora, años más, años menos. La fábrica se asentó a principios del siglo 20, pero, como casi todas las industrias del estado, fue cerrada poco después por la Revolución.
En 1932, dos inmigrantes catalanes, Carlos y Luis Ribé, reabrieron sus puertas para reiniciar la producción y no pasó mucho tiempo antes de que la traspasaran. La textil tuvo varios propietarios hasta que fue cerrada en 1957; problemas laborales y una tecnología obsoleta la habían vuelto inoperante. Su producción se sostuvo en gran parte a causa de otro conflicto armado, esta vez a nivel internacional: la Segunda Guerra Mundial, declarada en el frente asiático en 1937 y finalizada en 1945.
Paradójicamente, un conflicto armado nacional paralizó La Libertad alrededor de 20 años, mientras que una guerra mundial librada lejos del país hizo que su producción fuera costeable por la gran demanda de telas y la sostuvo durante 25 años más en una segunda etapa en la que se dieron varios cambios de dueño, hasta ser clausurada definitivamente por el último, Emilio J. Talamás. El hermoso edificio se convirtió entonces en casa hogar de niños por muchos años y en la actualidad es la sede del Seminario Propedéutico de la Diócesis de Saltillo.
Junto al edificio de la antigua fábrica se conserva el acueducto arcado que movía las turbinas de la fábrica de hilados y tejidos, y las antiguas casas de los trabajadores, que les fueron cedidas al cierre de la misma y con las que se formó el antiguo poblado o congregación de La Libertad, ahora considerada una colonia más de Saltillo.
Siguiendo hacia el norte, se llega a La Hibernia, la tercera fábrica de hilados y tejidos contemporánea de La Aurora y La Libertad, fundadas y establecidas en la misma zona, no necesariamente en ese orden cronológico. La Hibernia aprovechó también el acueducto –que aún subsiste– como fuerza motriz para su maquinaria, gracias a la concesión de “aguas navarreñas” lograda por Santiago Hewetson, quien la fundó en sociedad con Nicolás Pendergast.
Originario de Irlanda, Hewetson le impuso el nombre de Hibernia, que literalmente quiere decir “tierra del invierno” y que es el nombre latino con el cual se conoció a la isla de Irlanda en tiempos de los romanos. Se sabe que el levantamiento del edificio le fue encargado a Prince, otro inmigrante irlandés en la región, quien había construido años atrás la fábrica El Labrador, en el sur de Saltillo.
La Hibernia fue y sigue siendo un lugar privilegiado, muy arbolado y con acequias donde constantemente corría el agua cristalina que regaba huertas y sembradíos, finalmente convertidos en fraccionamientos residenciales de casas con grandes jardines, en reminiscencia, quizá, de las antiguas huertas que caracterizaron ese rincón de Saltillo. En esta comunidad, en tiempos de bonanza, se construyó una modesta pero bella iglesia, todavía en pie, con una curiosa torre de cinco lados hecha de piedra caliza de la región. El templo conserva un retablo barroco, pinturas de caballete y unas bancas que originalmente pertenecieron a la Capilla del Santo Cristo.
La industria textil, otrora pujante en Saltillo, declinó en el último cuarto del siglo 20. A principios de la década de 1930, la fábrica textil El Carmen –fundada en 1925 por don Emilio Arizpe Santos y quizás la que ha funcionado por más tiempo en Saltillo– ya había instalado en su edificio de la calle Emilio Carranza una moderna y eficiente maquinaria automática, que no requería de la fuerza hidráulica para manufacturar la mezclilla que la hizo famosa.
Lo mismo ocurrió con la Compañía Textil de Saltillo, especializada en tejidos de algodón, cuyo edificio al costado oriente del paso a desnivel en la calle Allende fue ocupado posteriormente por la Maderería Flores Luna.