Libertad para la mujer

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Opinión
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No hay condiciones totales para que las mujeres que tienen hijos y trabajan puedan cumplir con ambos roles en nuestra sociedad

El incondicional cariño de la madre está siempre presente. Son sus afectuosas miradas desde el primer momento, y el descubrimiento de que, una vez que se convierten en mamás, lo serán para siempre, en todo momento.

Cubren con su voz, su alegría y su entusiasmo desde los primeros días. El orgullo ante los primeros pasos y el miedo en cuanto se oscurecen los días a causa de la primera gripa.

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Las manos que sostienen. La preocupación permanente de si el hijo estará bien. Son las madres el sostén de alma y espíritu. Sus anhelos se convierten en el reflejo de los primeros deseos de los niños.

La preocupación por el alimento, la del vestido y la educación. Son mamás de las décadas pasadas y las de la actualidad, madres modernas. Pero en ellas permanece el mismo sentimiento y el mismo cuidado.

La nueva época ha traído consigo también cambios en la manera de enfrentar la maternidad. Cambios que seguramente estarán presentes en la vida de los hijos para entender dinámicas donde la mujer se permita vivir sin dejar de amar a los hijos.

La incomprensión de sus muchos roles ha derivado en críticas donde las mujeres que trabajan han sido objeto de furibundos ataques. Hace unos días, con el tema del propuesto ajuste del calendario escolar, de inmediato saltaron las críticas a las mamás que externaron sus preocupaciones por el adelanto del cierre del ciclo. “¿Para qué tenían hijos?”, “¿Piensan que la escuela es una guardería?”, se argumentó a la ligera.

Hay una enorme labor detrás de los hijos en la escuela. Una fuerte carga de trabajo que las mamás enfrentan y lo hacen precisamente por haber deseado ser madres y porque serlo representa un esfuerzo y un sacrificio que sí están dispuestas a dar.

No hay condiciones totales para que las mujeres que tienen hijos y trabajan puedan cumplir con ambos roles en nuestra sociedad. Son mujeres valientes y con una necesidad que saben cumplir a cabalidad. Antes y después de su jornada laboral, y muchas veces dejando de lado el tiempo del trabajo mismo, cuidan de su familia; muchas además involucradas en actividades extraescolares.

La sociedad se ha transformado, pero el pensamiento de algunos retrógradas permanece en tiempos primitivos, capitalizando paradójicamente esta situación. Durante años se vieron beneficiados, pues hubo alguien en casa que participó en todas las actividades económicas para poder llevar el pan.

Es un momento crucial para asumir mayor respeto a la figura de la mujer en su integridad. Tiene que trabajar y ha de atender a sus hijos, lo cual hace con ternura, y además debe ser mujer.

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“La habitación propia”, de la que nos hablaba Virginia Woolf, mantiene su vigencia en este futuro que nos alcanzó. Dice mucho a las mujeres y también a los hombres que aún se niegan a reconocerla.

Hay, por otro lado, desgraciadamente, un sector de hombres y mujeres que no participa en la dinámica que se vive en la sociedad. Esperemos que esta parte, donde no es posible establecer un clima de libertad para ellas, se transforme y nos lleve a una exigencia mayor en términos de comprensión y reconocimiento.

Las mujeres somos parte de una sociedad que ha de respirar a pulmón abierto en una atmósfera de libertad.

María C. Recio es una de las voces más influyentes en la crónica contemporánea de Coahuila. Su trabajo se caracteriza por el rescate de la memoria colectiva, combinando la investigación histórica con la narrativa literaria. Se ha especializado en el género de la entrevista y la crónica urbana.

Periodista, escritora y cronista con más de 30 años de trayectoria.

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