Llegando tarde

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Opinión
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Todos los miércoles llevo a mi hijo a un club de robótica que fundaron y sostienen maestros universitarios de Piedras Negras. Ahí las niñas, los niños y las y los jóvenes arman robots con lo que se puede conseguir, aprenden a programar y se preparan para competir a nivel nacional. ¿Y cómo llegan a los nacionales? Con rifas. Así es, con rifas. Los profes saben, y saben mucho. Tienen una vocación que ya quisiera cualquier sistema educativo. Lo que no tienen es infraestructura. Talento hay, lo que no hay es con qué.

Hace unas semanas, el Gobierno de Coahuila anunció la llegada de una empresa de semiconductores a Arteaga, con una inversión de más de 2 mil millones de pesos. Es una buena noticia, no lo voy a negar. Pero hay que decirlo con todas sus letras: Coahuila va llegando tarde.

Nadie los estaba viendo

Primero, un poco de contexto. México cambió de motor exportador y casi nadie se dio cuenta. En el primer trimestre de este año, la industria electrónica superó a la automotriz como el mayor exportador manufacturero del país. ¿Qué está empujando ese crecimiento? Los servidores y centros de datos para la inteligencia artificial. Es decir, ya no son los autos, son los chips.

Llegamos tarde a la carrera. Hace un par de años, un mapa de la industria de semiconductores identificó doce estados mexicanos con actividad o condiciones para entrarle. Coahuila, la potencia automotriz del país, no estaba en la lista. La primera ingeniería en semiconductores del estado abrió en 2023 y tiene alrededor de 55 estudiantes. En otras palabras, otros estados llevan años formando ingenieras e ingenieros y nosotros apenas vamos en la primera generación.

Llegamos tarde al ciclo. Hoy se habla mucho de una burbuja de la inteligencia artificial, y no es para menos. Las grandes empresas tecnológicas invierten miles de millones en las compañías de IA, y esas mismas compañías les devuelven el dinero comprándoles nube y chips. Es el mismo dinero dando vueltas. El Banco de Inglaterra ya comparó las valuaciones actuales con las de la burbuja de las punto com, y el Fondo Monetario Internacional advirtió que el optimismo puede voltearse de un día para otro. Y cuando una burbuja se desinfla, ¿qué es lo primero que se recorta? No es el diseño en California. Es el ensamble y las pruebas en otro país.

Y llegamos sin técnicos propios. La estrategia del estado arranca con el empaque y la prueba de chips, el eslabón más sencillo de la cadena, y promete subir de nivel más adelante. ¿Y quién va a capacitar a la gente? Según lo anunciado, nuestros docentes tomarán cursos a distancia de universidades de Estados Unidos. Así es: entramos por la puerta de atrás y con el conocimiento prestado.

Aquí es donde quiero detenerme. Tan solo en Piedras Negras, casi 400 jóvenes estudian mecatrónica y robótica en instituciones públicas. Y hay maestros que, después de su jornada, siguen enseñando en clubes como el de mi hijo, sin apoyo y pagando los viajes con boletos de rifa. Eso no es falta de talento ni de ganas. Es falta de inversión. Cuando la vocación tiene que sostenerse sola, tarde o temprano se cansa.

Lo digo con respeto, porque conozco a muchas personas comprometidas que trabajan en nuestras universidades. El problema no son ellas. El problema es el lugar que la política local les ha dado. Durante demasiado tiempo, en Coahuila las universidades se han usado como premios de consolación: para acomodar lealtades y mantener equilibrios, no para competir ni para construir futuro. Las universidades deberían ser el ancla del desarrollo, no el premio de consolación.

Hay algo más que me preocupa. Estados Unidos no aceptó extender el T-MEC por dieciséis años, así que ahora vivimos en revisión permanente, año con año. Las nuevas reglas que se discuten para la electrónica van a exigir ingeniería, diseño y propiedad intelectual, no mano de obra barata. Una nave industrial se puede ir en unos meses; un equipo de ingenieros formados aquí, no.

Y para cerrar con broche de oro, una planta de chips necesita mucha agua y mucha energía, justo lo que más nos falta en el norte. Si vamos a pagar ese costo, que por lo menos se quede aquí el conocimiento y no solo el desgaste.

Por eso hago un llamado a todas las universidades y tecnológicos de Coahuila, públicos y privados, de Saltillo a Torreón, de Monclova a Piedras Negras: inviertan en serio en este tema. Abran especialidades en semiconductores y electrónica, equipen laboratorios y abran sus puertas a los clubes de robótica que ya existen. Muchos los sostienen sus propios maestros; lo mínimo es darles un espacio, equipo y respaldo para que no dependan de una rifa. Y exijan a las empresas que llegan transferencia de conocimiento, no solo vacantes.

Señor Gobernador, aún estamos a tiempo. Cada incentivo fiscal que se le ofrece a una empresa debería venir amarrado a metas claras de formación local. No basta con anunciar empleos; hay que formar a quienes los van a ocupar y, sobre todo, a quienes van a pensar lo que se produce.

Durante décadas, a México le ha tocado el mismo papel frente a Estados Unidos: el de la mano de obra. Los chips eran la oportunidad de cambiar de lugar en la fila. Todavía lo son. Coahuila ya va llegando tarde; lo que todavía puede decidir es si llega con ingenieros o solo con naves industriales. Ojalá el próximo viaje de ese club a un nacional no dependa de cuántos boletos alcanzamos a vender.

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