Nadie los estaba viendo

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Opinión
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El jueves 1 de octubre, poco antes de las nueve de la mañana, las niñas y los niños de la Secundaria 13 del ejido La Unión, en Torreón, arrastraron sillas y bancas contra las puertas de sus salones y se escondieron en una esquina. Afuera, dos exalumnos de 18 años, hermanos gemelos, recorrían la escuela encapuchados, con armas blancas y petardos. Mataron a la subdirectora, Nedi Edith Nevárez González, e hirieron a cuatro personas, entre ellas un alumno de 13 años.

La Fiscalía de Coahuila lo llamó un ataque aislado. Los números dicen otra cosa. Víctor Manuel Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, lleva la cuenta de los incidentes con armas de fuego en escuelas del país desde el año 2000 y la publicó en VANGUARDIA. Al 30 de septiembre, 2026 sumaba 31: más que en todo 2025, que ya era el peor año, y el triple que en 2019. De los 157 casos registrados en 26 años, uno de cada cinco ocurrió en estos nueve meses. Nuevo León encabeza la lista de este año. Y la cuenta ni siquiera incluye a Torreón, porque ahí no hubo balas. Coahuila tiene ya dos escuelas con una maestra asesinada en menos de siete años.

Después de cada tragedia buscamos un objeto al cual culpar. En 2020, tras el Colegio Cervantes, fueron las mochilas. Hoy son las pantallas: el gobierno federal anunció un decreto para obligar a las plataformas a retirar contenidos violentos. Tiene razón en parte. Pero revisar mochilas y pantallas es la mitad fácil del problema.

https://vanguardia.com.mx/opinion/casi-cero-destapa-pisa-rezago-cognitivo-en-mexico-EM23580242

La otra mitad no cabe en un decreto. Tiene que ver con algo que nadie nos enseña: saber qué sentimos y qué hacer con eso. Ponerle nombre al coraje, a la vergüenza, al rechazo, antes de que se conviertan en otra cosa. Aprender a vivir en sociedad no viene en ningún libro de texto. Se aprende en la mesa de la casa, en la cancha, en la banqueta, con adultos que tienen tiempo de mirar. Y tiempo es justo lo que falta. En el norte, muchas madres y padres salen de casa antes del amanecer y regresan de noche. Las familias no se desintegran solas: las desgastan jornadas que no dejan espacio para preguntar cómo estuvo el día. Pedirles además que vigilen cada pantalla, sin ofrecerles nada a cambio, es otra forma de dejarlas solas.

Ese aprendizaje se nos está escapando. Nunca habíamos estado tan conectados con el mundo de afuera ni tan desconectados de nuestra propia cuadra. Según la Fiscalía, los hermanos admiraban a autores de atentados en otros países. La víspera, una cuenta atribuida a uno de ellos anunció en TikTok lo que venía, y hubo desconocidos que lo aplaudieron. Encontraron en un foro la pertenencia que no encontraron en su comunidad. Un alumno contó que entraron gritando que iban por todas las mujeres. Ese odio no nació en La Laguna. Llegó por el celular y nadie estaba ahí para contradecirlo.

¿Quién debía estar? Según datos de la SEP, solo 1.4 por ciento de las primarias y secundarias públicas del país tiene un psicólogo. Y fuera de la escuela, casi nada. El programa nacional de prevención del delito recibió más de 10 mil millones de pesos en sus primeros cuatro años; en 2017 le asignaron cero y poco después desapareció del presupuesto. En 2021 se eliminó el subsidio federal que ayudaba a los municipios con su seguridad y que incluía prevención. En 2025 cerró la agencia de cooperación de Estados Unidos, que financiaba el trabajo de organizaciones locales con jóvenes en riesgo. Hoy no queda un solo fondo federal dedicado a la prevención social de la violencia.

Sé lo que se responde. Que aquellos programas se usaron como caja chica y nunca se evaluaron bien. Es cierto, y la solución era corregirlos, no enterrarlos. Que hoy las becas y los apoyos sociales son la prevención. Ayudan, pero una transferencia no le enseña a un muchacho de 15 años qué hacer con su enojo ni le pone enfrente a un adulto que lo conozca por su nombre.

La razón de fondo es más simple y más incómoda. La prevención no se ve bonita en la foto. Su resultado es algo que no pasó: el ataque que no ocurrió, el joven que no se perdió. Eso no se inaugura ni se corta con un listón. Y lo que no sale en la foto no sirve para la boleta electoral.

Por eso este es un llamado a quienes sí pueden cambiarlo. A los gobiernos, de los tres niveles: pongan dinero etiquetado, con metas y evaluación, en psicólogos escolares, en seguimiento a quien abandona la secundaria y en espacios donde los jóvenes convivan cara a cara. A las empresas: en el norte saben medir todo lo que les importa. Midan también esto. Los muchachos que hoy nadie ve son hijos de sus trabajadores y serán sus trabajadores o su problema. Invertir en las colonias donde vive su gente es cuidar el lugar donde operan.

https://vanguardia.com.mx/opinion/mexicanos-de-puente-JF23732847

Aquella mañana, quienes detuvieron a los agresores no fueron policías. Fueron los vecinos de La Unión, que oyeron los estallidos y corrieron a la escuela. La comunidad existe. Solo que la dejamos llegar al final, cuando ya no hay nada que prevenir.

No fue un hecho aislado. Fue el resultado de años sin política pública de prevención social de la violencia y de participación ciudadana. Formar ciudadanos empieza mucho antes de la credencial para votar: empieza cuando una niña o un niño aprende a decir lo que siente sin lastimar a nadie. Hay que empezar a tomárnoslo en serio, antes de que sea demasiado tarde. Más Ciudadanitos, por favor.

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